¿Underground, contracultura o tribus urbanas?

El presente texto fue leído en el simposio “Contracultura y Arte Urbano: Manifestaciones Culturales Contemporáneas” en la ciudad de Moroleón, Guanajuato (14 de abril de 2014), y de acuerdo con el enfoque del mismo, solamente se pretende exponer una contextualización de los temas, así como enfocar las disimilitudes y el posible futuro de cada uno de ellos.

Manuel Ayala* / Revista Erizo** / A los 4 Vientos

I

“Un hermoso día, en el cenit de su conquista del Mediterráneo, Alejandro Magno recorría la campiña que rodea Atenas –que acababa de rendirse a sus tropas- observando el paisaje ondulado y soleado que envolvía la ciudad que para él constituía la joya más brillante de los vastos dominios que controlaba ya.

Mientras disfrutaba de aquel placer, se encontró con un hombre que estaba descansando junto a un arroyo. Tomaba el sol brillante de la tarde y estaba tan absorto en una especie de trance bucólico que tanto la presencia del conquistador como del tumulto en que se había sumido hacía poco la ciudad próxima le eran claramente indiferentes. Alejandro reconoció al hombre de inmediato y se acercó a él diciendo:

-Yo soy Alejandro. ¿Hay algo que puedo yo hacer por ti?

El hombre abrió perezosamente los ojos, levantó la mirada y replicó:

-Sí. Apártate de la luz.

¿Quién era aquel hombre, por quien el reciente dominador del mundo conocido interrumpía su hora de gloria para ofrecerle humildemente sus servicios y recibir solamente aquella respuesta tan indiferente y desdeñosa?

El hombre que estaba junto al arroyo era Diógenes, un dramaturgo ateniense muy renombrado pero también un revoltoso, pobre de solemnidad y excéntrico sin residencia fija. Diógenes vivía al aire libre, frecuentaba las calles y zonas públicas de Atenas y solía inquietar a sus conciudadanos con su humor iconoclasta y sus bromas impías, a veces rudas pero siempre brillantes. Famoso en todo el mundo griego por su sabiduría aforística y sus logros dramáticos, también era una de las principales lumbreras del movimiento socrático, una contracultura griega destinada  a cambiar para siempre el rostro del mundo occidental.

La respuesta de Diógenes a Alejandro –“apártate de la luz”- tipifica la actitud de las contraculturas a lo largo del tiempo ante la autoridad impuesta: les tapa la luz.”

Inicio este texto con esta historia que Dan Joy comparte en el libro La contracultura a través de los tiempos, porque, como lo menciona el mismo autor, ejemplifica el hecho de que la contracultura es tan vieja como la propia cultura, y porque me parece una excelente metáfora sobre lo que, precisamente, a través de los tiempos ha sucedido entre la autoridad y las prácticas contraculturales. Es ahí, en ese hecho de que la autoridad les tapa la luz, en el que surge la contracultura, la alternativa, la otra opción, lo diferente, lo creativo y el arte.

Pero ¿Qué es la contracultura? ¿Cómo se define? ¿Qué aspectos le corresponden y qué elementos le conforman? ¿De qué manera podemos entenderla o criticarla? ¿Cómo es que se manifiesta en sí? ¿Cómo es que deja de ser algo interesante y productivo para convertirse en algo simple y ramplón? ¿Por qué existe y se manifiesta? ¿En realidad nos interesa o debería interesarnos?

La contracultura se contextualiza y se catapulta a partir de los años 60’s con todo esto del movimiento hippie y el famosísimo lema de “amor y paz”. El estudioso del tema, Theodore Roszak, fue quien acuñó, en 1969, el término counterculture (en inglés) en su libro El nacimiento de una contracultura.

Pero como lo plantean otros autores, entre ellos Dan Joy y Ken Goffman, ambos autores del libro La contracultura a través de los tiempos, la contracultura es igual de vieja que la propia cultura y para ello ejemplifican esta teoría con personajes e historias como la de Diógenes (que ya se mencionó); de Sócrates, el filósofo irreverente por antonomasia; de Abraham, el primer autoexiliado de la historia; y con el mito de Prometeo, quien fuera el primero en desobedecer y burlar a la autoridad robando el fuego al dios Zeus para entregarlo a la humanidad. De ahí que, complementando, el escritor y filósofo Alan Watts, considerado como portavoz de la contracultura y el padre espiritual de los hippies, señalara en su libro La cultura de la contracultura que en los ritos chamánicos encontró una próspera contracultura por su visión disociada de la corriente principal de pensamiento en el mundo.

Para Timothy Leary, escritor, psicólogo y entusiasta de la investigación y uso de drogas psicodélicas, “la contracultura es la cresta en movimiento de una ola, una zona de incertidumbre donde la cultura se hace cuántica”. Esto quiere decir, en sentido figurado, que la contracultura, al ser la cresta de una ola es lo que alcanza, lo que redime, lo que rompe, lo que genera, y que al momento de regresar al mar, esa cresta de la ola no es más que simple mar, es decir, la contracultura por sus distintas variantes ha sido el resquicio donde se han llevado a cabo manifestaciones alternas que en su evolución terminan siendo parte de la propia cultura.

Como lo expresa de mejor manera Mark Watts, en la introducción del libro La cultura de la contracultura: “Lo que una vez fueran conceptos radicales pueden llegar a formar parte de nuestra vida diaria”, y para claros ejemplos ahí están todas las filosofías y prácticas orientales como el yoga, reiki, taichí, feng shui y demás. Prácticas que en su tiempo fueron totalmente desdeñadas por la sociedad y la convención, pero que gracias a los atrevidos contraculturales ahora son parte de nuestra cultura. En este entendido, Dan Joy señala que por ende, “la contracultura es la punta de lanza vanguardista; pero es también una forma de tradición, la tradición de romper con la tradición, de cargar contra las convenciones del presente para abrir una ventana a la dimensión más profunda de las posibilidades humanas”.

En otros casos más cercanos a nuestros contextos, el escritor mexicano José Agustín fue también, y lo sigue siendo, un entusiasta “promotor” de la contracultura. Él fue uno de los primeros en estas tierras en escribir sobre el tema, y en su libro La contracultura en México, destaca que “la contracultura abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional (…) la dominante, dirigida, heredada y con cambios para que nada cambie, muchas veces irracional (…) que consolida el status quo y obstruye”. Pero aclara, la contracultura no manifiesta ese rechazo a la cultura institucional a través de la militancia política ni doctrinaria, si no que a veces se da más de manera inconsciente o a través de una profunda insatisfacción. Por ello, continúa, “la contracultura genera sus propios medios y se convierte en un cuerpo de ideas y señas de identidad que contiene actitudes, conductas, lenguajes propios, modos de ser y de vestir”.

Ante todo este panorama, el propio Dan Joy plantea tres líneas distintas de conexión que se presentan a través del tiempo entre las propias contraculturas. La primera línea es mediante el contacto directo; es decir, los practicantes de una contracultura interactúan directamente con quienes participan en otra, y así abren caminos de comunicación que favorecen la individualidad y aumentan el impulso contracultural. La segunda línea es mediante el contacto indirecto o mediatizado; este se refiere a cuando una contracultura insemina o influencia a otra pasando por encima del tiempo a través de obras de arte, documentos, leyendas y demás. La tercera línea es a través de la resonancia, un poco más compleja, que refiere a cuando en dos distintos lados, muy alejados cultural y socialmente entre sí, presentan rasgos o prácticas contraculturales muy similares, en este sentido tiene mucho que ver, por ejemplo, el hecho de que en ambas partes los complejos sociales se manifiesten de la misma manera y por ende surjan manifestaciones contraculturales muy emparentadas, aunque no haya un vínculo directo entre sí.

Por todo ello, ante las circunstancias y con un mundo cada vez proclive al caos y al despilfarro, como dice Timothy Leary:

“La contracultura florece donde quiera y cuando quiera que unos cuantos miembros de una sociedad eligen estilos de vida, expresiones artísticas y modos de pensar y ser que abrazan con entusiasmo el antiguo axioma de que la única constante verdadera es el cambio en sí mismo”.

Timothy Leary, escritor, psicólogo y entusiasta de la investigación y uso de drogas psicodélicas

De ahí que las mal llamadas Tribus Urbanas hagan su aparición en los recónditos de cada una de las ciudades y pueblos del mundo. Y digo mal llamadas, porque, como lo menciona el escritor y filósofo mexicano, Carlos Camaleón, en su libro ¿No somos tribus urbanas? “El concepto de tribu contempla dos factores básicos: la etnia y el lazo sanguíneo, cosa que entre los grupos contraculturales no existe como tal, además de que eso de Tribus Urbanas, término que popularizó el escritor Michel Maffesoli en su libro El tiempo de las tribus, no es un fenómeno exclusivamente urbano, que se refiere a las grandes ciudades, puesto que también es muy fuerte en provincia y en comunidades rurales”. En ese entendido, plantea el mismo Camaleón, lo más viable es que se contextualicen como Identidades Culturales Contemporáneas.

Cholos, punks, darks, rastas, góticos, skinheads, moods, bikers, yuppies, chacales, rockeros, hiphoperos, skate’s, grafiteros, chúntaros, hippies, reggaetoneros, hipsters, metaleros, hardcoreros, ravers, son ejemplos de Identidades Culturales Contemporáneas que decidieron por voluntad propia, por identidad, por aceptación, por comunión, por rechazo a la cultura dominante y/o por todo lo que ya se mencionó antes, formar su propio estilo de vida, que en la mayoría de los casos adquiere rasgos disímiles entre sí y entre la sociedad convencional, misma que en muchas ocasiones opta por señalar ante la falta de normalidad tanto en sus actos como en su forma de vestir.

Sobre todo este embrollo, el mismo Carlos Camaleón señala que una cultura dominante es aquella que parece dictar lo que es y no es normal, cosa que se convierte en imposición política que permite un estatus falaz de normalidad sobre todo hablando de atuendo (esto me lleva a pensar en el caso tan sonado sobre el hecho de que el presidente norcoreano pretendía que todos los hombres en su país se cortaran el pelo como él, un absurdo total).

Vivimos en un sistema social y político no por elección, sino por nacimiento, y en esa peculiaridad del sistema de normalidad es que a pesar de que quien usa su atuendo diferente al de su realidad de consenso, es juzgado por su diferencia, este sistema en decadencia pugna por un cambio. Escuchar al otro en vez de juzgarlo, podría ser nuestro método de proceder cultural”, puntualiza el propio autor.

Cada una de estas subculturas o Identidades Culturales Contemporáneas presenta rasgos propios que se fueron moldeando a partir de las tres líneas de conexión que ya comentaba antes, en las que intervinieron principalmente elementos como la música, la pintura, las artes escénicas, el arte en general, aunado a que muchos de estos grupos consolidaron sus lazos de unión en otras aras como el barrio, la expresión política y social, entre otras cosas. Pero, como siempre hay un pero en todo, algunas de estas subculturas no gozan plenamente de identidad propia a estas alturas de la vida, o no representan tampoco una contraposición al sistema, puesto que algunas de ellas, incluso desde su aparición, se alienaron o de plano el sistema, el maimstream, las absorbió y las hizo parte ya de una cultura oficial que no representa más que una mera estética de consumo, como ha sucedido por ejemplo con gran parte del punk, el dark, el hiphop y hasta el mismo rock, el cual ha perdido esa fuerza contestataria que en algún momento le caracterizó, de los cuales podemos ver incluso casos muy graciosos en la televisión.

II

La otra cara de la moneda, con lo que continuamente se ha confundido a la contracultura, es el territorio del underground, un panorama muy distinto donde se suelen manifestar tanto las Identidades Culturales Contemporáneas, las subculturas y la misma contracultura. Aunque parezca un hecho contradictorio, no lo es, puesto que estamos hablando del underground como un espacio-forma de hacer las cosas, de generar arte y cultura.

En el underground convergen plenamente aquellas consignas como el “hazlo tú mismo”, “ráscate con tus propias uñas”, la “estética de la antiestética”, la independencia total, la libertad de elección, producción y creación, el ser autodidacta, el activismo político, y un sinfín de actitudes y elementos que hacen del underground un submundillo totalmente ajeno a las prácticas sociales, políticas, económicas, estructurales, educativas y culturales. Si hablamos entonces de que la contracultura es el sobrepeso de la cultura, el underground definitivamente es el subsuelo de la cultura, así, sin más.

De acuerdo con el escritor y experto en el tema, Luis Racionero, “si de algún modo pudiera caracterizarse el multiforme espectro de filosofías que inspiran el underground, su concepto unificador sería el de filosofías irracionales (…) subjetivas u objetivas (…) ya que ninguna acepta los métodos de conocimiento ni axiomas del pensamiento racional. Todas estas filosofías irracionales se parecen en una cosa: no buscan la verdad, sino una experiencia psicológica; no pretenden concatenar argumentos para deducir otros argumentos, sino que buscan un estado de ánimo, una fusión del concepto mental con el estado físico del cuerpo que lleve a un estado psicosomático nuevo (…) el objetivo de estas filosofías es algo que no se demuestra por argumentaciones, sino que se evidencia por experiencias”. Pura praxis, o como dirían los mismos entes del underground: la pura acción.

El escritor mexicano Guillermo Fadanelli es un fiel reflejo del underground en México, puesto que se trata de un autor que emergió desde el underground con su “literatura basura” al mundillo literario sin insertarse aún en el canon de la literatura en este país, más allá de que a la fecha participe en distintos coloquios, ferias de libros o cuente con varios libros publicados, entre ellos Elogio de la vagancia, en el que pone en práctica sus conocimientos filosóficos de acuerdo a estrategias del underground, es decir que desde la visión de aprendizaje enraizada en el underground lanza distintas visiones sobre la literatura y la cultura en general. Prácticamente menciona que el conocimiento pleno deviene de la vagancia, pero no de esa vagancia del andar distante, sino de aquella vagancia en la que el protagonista al recorrer las calles del conocimiento observa, dilucida, confronta y adquiere, como se hace frecuentemente dentro del underground. Fadanelli lo refuerza así:

“El vagar no es solo un caminar superficial o un husmear sin comprometerse, sino un aproximarse a la muerte inventando un rodeo para volver al comienzo (…) los vagos andan por las faldas sin animarse a buscar la cumbre de la montaña; en todo caso la contemplan en lontananza como parte de un lenguaje que se habita también con la mirada”.

III

¿Qué futuro les espera a cada una de estas áreas? Para la contracultura el futuro es incierto, por aquello de que se renueva constantemente y no hace ajustes o planeaciones previas en sus acciones. Para las Identidades Culturales Contemporáneas el futuro se plantea más simple, si no se rescatan elementos primordiales en cada una de estas el sistema las terminará absorbiendo tajantemente (como ya está sucediendo casi en su totalidad) y las hará parte del muestrario de cosas raras que fueron sucediendo a través del tiempo. Y para el underground su futuro pinta mejor, en la actualidad gozan de un campo totalmente fértil del que uno tras otros van surgiendo proyectos e ideas frescas y productivas que coadyuvan a la mejora artística-creativa. El underground es otro mundo y ahí se goza aún en total plenitud.

*Soy periodista de a pie por vocación y una especie de escritor trasnochado. Amante de la música, la cerveza, las fiestas, los libros, los viajes, la aventura y la vagancia. Me gusta escribir historias porque también me fascina escucharlas. En Twitter me encuentran como @ManuelNoctis

 

**Trabajo publicado con la autorización de Revista Erizo