El «Rayo de Ensenada» y su nuevo récord: Esfuerzo increíble, satisfacción de por vida

Luego de una extenuante y peligrosa caminata y escalada por una de las rutas más agrestes del norte de Baja California (El Cañón del Diablo – Campo Noche – ascenso y descenso Picacho del Diablo, la cumbre más alta de la península de Baja California con 3,096 metros de altura sobre el nivel del mar – Campo Noche – ascenso a La Botella Azul – paraje Padre Kino), el senderista y montañista Víctor Manuel López Meza, de 36 años y nativo de la ciudad de Ensenada, logró imponer el récord de ser la primera persona en lograr en solitario ese objetivo en un tiempo de 19 horas con 15 minutos. Esto el sábado 25 de noviembre. Colaborador frecuente de A los 4 Vientos, Víctor López, mejor conocido como “El Rayo de Ensenada”*, hizo una emotiva y reveladora crónica de su hazaña, documento que hoy compartimos con los cibernautas de nuestro medio.

El «Rayo», en un ascenso previo al Picacho del Diablo (Cortesía)

El récord consistiría en cruzar el «Cañón del Diablo», iniciando el recorrido por el desierto del valle de Mexicali, hasta el área de Padre Kino en la cima del área del Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, reto que nunca antes se había realizado en nuestro estado.

Se trata de una de las rutas más peligrosas y hermosas de nuestro estado, aunado a que es donde se encuentra la cima más alta de nuestra entidad (el Picacho del Diablo) y de la Península de Baja California.

Todo inició el sábado 25 de noviembre del 2017 a las 1 de la madrugada. Tomé la salida para internarme rápidamente en un área de cactus, matorrales, arena y piedras. Estaba solamente acompañado de mis pertenencias básicas de sobrevivencia, así como un báculo de madera que nos identifica desde ya hace años. Con ese trozo de madera nos apoyamos e impulsamos para una mayor coordinación dentro del área mencionada.

Adentro de la “mochila de ataque”, como le llaman muchos -o Camel Back-, llevaba alimento como polen, amaranto, miel, saladitos y chocolate, así como un botiquín básico de primeros auxilios y spot. Afuera de la bolsa anexé dos bastones de apoyo para usarlos en un momento que considerara adecuado. Además, una chamarra rompe vientos.

Minutos después inició lo que sería en realidad el verdadero camino: piedras de arroyo y rocas gigantescas, lo cual harían del evento un verdadero reto. Más adelante, donde ya inicia el gran Cañón del Diablo, nos topamos con una pequeña poza que la única manera de cruzarla es sostenerte en una cuerda que hay en el área y desplazarte casi corriendo entre una piedra lisa y la cuerda por una distancia aproximada de 8 metros, con la posibilidad latente de resbalar y caer al agua.

Paisaje del Cañón del Diablo. El arroyo y las pozas de agua crecen considerablemente al comenzar el invierno bajacaliforniano (Foto: Panoramio.com)-

Logramos pasar ese primer obstáculo exitosamente. Recordemos que todo lo mencionado era transitado en la madrugada con el único apoyo de una pequeña lámpara que me auxiliaba eficazmente.

Antes del amanecer, mientras buscaba y sorteaba el camino más viable para poder seguir avanzando en el trayecto trazado, había resbalado entre 4 o 5 ocasiones sin consecuencias que lamentar, a no ser que raspones en el cuerpo y rostro.

Las horas pasaban y el cansancio minuto a minuto se hacía presente. Ya en el alba se sintió un gran frio dentro de la zona por donde transitaba lo cual afecto un poco el desempeño, pero no impediría el objetivo trazado.

Empezar el record durante la madrugada era otro reto ya que no podría avanzar de una manera rápida o tan eficaz a como estoy entrenado. Consciente de ello, la decisión fue incrementar la velocidad  de la zancada en cuanto amaneciera pero sin llegar en ningún momento a correr, cosa que por otro lado es imposible en esa parte del recorrido. Siempre antepuse mi integridad.

Antes de llegar a la zona conocida como “Campo Noche” y emprender el ascenso al Picacho del Diablo, tome un descanso de 5 minutos para tratar de reponer energía comiendo un poco del alimento que llevaba. Y es que además del peligro que lleva esta ruta se suma el desgaste físico porque en todo momento vas subiendo durante el recorrido.

Campo Noche, zona de acampar al pie del Picacho del Diablo (Foto: Portal Montañismo y Exploración).

Ya en “Campo Noche” (7 horas después de la salida) me preparé mentalmente al desgaste devastador que me llevaría en el ascenso; y así fue, ya que en diferentes etapas del ascenso llegue a descansar 4 minutos y caminar apenas 2.  Ya sentía el cansancio en mis piernas y brazos; fue en esos momentos cuando la fuerza mental y la capacidad de analizar las cosas se convierten en tus grandes aliados. Si te concentras en esos dos aspectos fundamentales, retomas los principios del senderismo que son las técnicas básicas para caminar. En ese inter me fortalecí y retomé un paso constante y sin parar continuamente.

Debo decir que fue también en ese momento que mi mente divagaba y me concentré en retomar el objetivo del por qué me encontraba ahí. También reflexioné en todos los entrenamientos, las lesiones que he tenido, en todas las personas que han influido en mí, y lo que hemos pasado para tener esta maravillosa oportunidad de vida de intentar ser el primer ser Humano que logra este reto.

Fue entonces que llegué a un punto conocido como “El Colibrí” con un tiempo de 9 horas de recorrido, Continúe la escalada con más fuerza mental que física, pero con un paso constante lo que me permitía avanzar y aprovechar mi estatura y zancada. Hubo áreas donde tenía que caminar en 4 puntos (pies y brazos) por la gran inclinación que existe durante la ruta, aunado el cansancio que ya tenía acumulado en mi cuerpo,.

Los últimos 40 minutos los pasé en la zona con más inclinación para llegar a la parte más alta del Picacho del Diablo. ¡Fue devastador! Pareciera que la cumbre se va alejando. Finalmente, con un tiempo de 10:25 horas llegué a la cima del pico (3,096 metros de altura sobre el nivel del mar).

Posteriormente traté de tomar un pequeño descanso en la cumbre y me quedé dormido. Cuando desperté habían transcurrido 10 minutos. No lo pensé mucho y  tomé el camino de descenso rumbo a “Campo Noche”. Bajar ya era incomodo puesto que el flexionar rodillas y muslos es desgastante y maratónico. ¡La bajada simplemente no se acababa! Así pues, transcurrieron un par de horas tratando de recuperar fuerza porque me enfrentaría a otra montaña que casi mide lo mismo: la “Botella Azul”, que está a 2,880 metros sobre el nivel del mar.

Al llegar nuevamente a “Campo Noche” sentía una gran pesadez en las piernas. Nació la incertidumbre de si podría terminar el recorrido en el tiempo previsto. Analice un plan que creía viable para continuar exitosamente el camino de ascenso por la montaña hacia la meta. Se trataba de comer tranquilamente y perder  entre 15 y 20 minutos, meterme a bañar en una poza de agua que se encuentra en ese lugar para así provocar que mis músculos se contrajeran y recuperar un mejor paso y obtener resistencia; de no ser así, considere que podría perder una hora o más.

El agua esta tan helada que muchas personas no se atreven a meterse, pero el truco efectivamente funcionó y me recupere de una forma extraordinaria. Es aquí donde corroboro esta frase: “LA MONTAÑA TE EXIGE FÍSICAMENTE AL LÍMITE, PERO ÉSTA MISMA TE OFRECE UN PUNTO DE RECUPERACIÓN PARA QUE CONTINÚES DISFRUTANDO DE ELLA Y DEL RESTO DE LA NATURALEZA.”

El Picacho del Diablo visto desde la cima de Botella Azul; en medio de los colosos, el Cañón del Diablo

Emprendí el ascenso hacia “Botella Azul” con gran entusiasmo e ilusión, Retomé un paso constante, pero sobre todo no me sentía mermado físicamente motivo por el cual lograba desplazarme paso a paso con una constancia que parecería que apenas principiaba el reto. Me sentí bendecido por PACHAMAMA. Pero  para que esto se logre tienes que respetar siempre y en todo momento tú entorno.

El báculo que llevaba estaba cumpliendo el objetivo de fortalecer mi paso. Llegué a un punto que se conoce como “Piedra Bola”. Sabía que estaba llegando a su fin el uso de mi báculo y que alcanzaba la oportunidad de usar los bastones que estuve cargando en la mochila desde el inicio del recorrido. La estrategia funcionó de la manera deseada ya que esa última mitad de la montaña es la más pesada.

Para ese momento ya podía esbozar una pequeña sonrisa y comencé a tener una alegría total porque el esfuerzo que estaba realizando para cumplir con el objetivo trazado, me aseguraba que una vez más cumpliría con la palabra empeñada.

Muchas personas esperaban conocer el resultado de este RÉCORD. Muchas otras, nuestros seres queridos, vivieron con la incertidumbre y la mortificación de saber cómo estaba, si me encontraba bien, si no había sufrido un altercado. Doy las gracias “al de arriba”, como mencioné líneas arriba, solo tuve pequeñas caídas sin mayores consecuencias, solo raspones, y así fue hasta que llegué al punto donde principia el descenso a la meta.

Para esto ya era otra vez de noche, así que tendría que caminar con el auxilio de mi lámpara. En ese punto me encontré con unos senderistas acampando. Me dio mucho gusto encontrar entre ellos a varios conocidos que me lanzaron palabras de aliento.

Comencé entonces el descenso hacia “Padre Kino” con gran satisfacción y alegría. Además, con el paso más veloz que a esa altura y en esas circunstancia pude dar. Mayúscula era la emoción en cada punto de referencia que reconocía: era un aliciente y motivación para alcanzar la meta trazada. Así se fue dando el último tramo de la ruta que hasta ese momento ningún otro humano había realizado.

Parte de la ruta de ascenso y descenso al Picacho del Diablo. Cada vez más senderistas lo visitan (Facebook).

Recordé un poco la historia del trayecto y esto lo usé como automotivación. También recordaba que hace 10 o 15 años era una montaña y una ruta casi inaccesible para los bajacalifornianos porque casi nadie la conocía. Así que, pensé, tengo la dicha y la oportunidad de ser el primero en hacerla en el menor tiempo posible, cosa que estaba a unos minutos de alcanzar.

Sentía los músculos atrofiados por el gran esfuerzo al que había expuesto mi cuerpo, pero surgió la frase que siempre me acompaña desde hace 15 años: “EL ESFUERZO ES INCREÍBLE, PERO LA SATISFACCIÓN ES DE POR VIDA”.

Así fue como terminó esta gran osadía. La culminé en un tiempo de 19:15 horas.

Fue un momento de gran satisfacción y llanto, llanto de felicidad y orgullo como ensenadense. No tuvo que venir nadie de fuera para demostrar que se puede llevar a cabo este reto.

*El Rayo de Ensenada tiene como antecedente un recorrido en bicicleta de 11 mil 700 kilómetros a lo largo del país. También logró en 2013 el récord de ascenso al Picacho del Diablo en un tiempo de 15:25 horas. Esto por la ruta que inicia en “Botella Azul” -parte alta de la Sierra San Pedro Mártir-. Y en 2016 obtuvo la marca de ascenso a cinco montañas de Baja California en un día. Además, ha realizado cumbre 28 veces en el Picacho y ha colaborado de manera exitosa en múltiples operativos de búsqueda y rescate de personas extraviadas en el medio agreste del estado. Actualmente dirige su empresa de senderismo y exploración: BC Xploring.