SALTO CUÁNTICO: Los monstruos sí existen

Y no están en el closet, están en las calles y en las altas esferas de gobierno.

“Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo,

termina por hundirse en el abismo.”

Sófocles.

José Luis Flores Treviño / A los 4 Vientos

No, no son casos aislados señor gobernador, no es cuestión de percepción señor presidente, tampoco es bullying a los cuerpos policiacos. Las mujeres, nuestras compatriotas, nuestras niñas están siendo masacradas porque las autoridades fueron rebasadas por la delincuencia, porque desde hace mucho tiempo los funcionarios de las diferentes esferas de gobierno están enfocados en sus privilegios y canonjías.

Cada violación y asesinato no son otra cosa más que el reflejo de la completa descomposición social promovida y permitida por la obtusa, insensible y nada empática postura de quiénes ostentan los cargos de la seguridad ciudadana.

Podemos entender que tengan miedo porque el crimen organizado tiene más poder de fuego y de penetración en los mandos de primer nivel. Pero no obstante, es precisamente esa dinámica la que permite que los crímenes del fuero común se disparen en aberrantes conductas, causando el máximo daño en contra de los más desprotegidos, dado que hombres embrutecidos por las drogas, sin trabajo, sin educación, sin acceso a una vida digna, piensen también que tomar mujeres y niñas les es permitido para satisfacer necesidades primitivas observando únicamente ‘objetos’ de descarga física y emocional, sin percibir que son seres que sienten, piensan y que pertenecen a una familia.

No hay ninguna diferencia entre el delincuente común con éste perfil y los funcionarios que actúan exactamente igual, al ignorar y desatender los llamados de auxilio constantes y cotidianos que terminan en tragedias como la que en días pasados, en ciudad Juárez, cobró la vida de una niña de doce años y la vejación y violación de dos de sus hermanas a cargo no de un delincuente que sólo es el perpetrador, el que se siente con permiso de agredir a sabiendas de que si la impunidad no alcanza a nadie, ‘tampoco a él, sino de toda la maquinaria de poder institucional que no atiende que no corrige, que no vislumbra que cada ataque, violación y asesinato va dirigido y alcanza -tarde o temprano- a las personas que conforman las instituciones mismas.

Hay mucha diferencia entre éstos hechos y la lucha contra el crimen organizado, aunque ambos son producto de la impunidad y corrupción.

Cuando cada hombre o mujer sin escrúpulos piensa que puede hacer lo que sus instintos más retorcidos le determinan, sin freno y sin ápice de moral, estamos en un estado de emergencia y descomposición que no va a solucionarse con una simple atención psicológica a las víctimas. Los placebos institucionales nada más aumentan los ánimos de los monstruos sociales que se saben intocables porque no existe una labor de inteligencia y trabajo forense de alto nivel para ubicarlos, perseguirlos y detenerlos.

Cada ciudadano sabe que las llamadas al 911 no serán atendidas; a menos que exista ya uno o más cuerpos masacrados. La labor de prevención del crimen se ha convertido en etiquetar y poner niveles de atención según lo determine la muy particular percepción de las autoridades que observan cada llamada de emergencia como una “molestia ciudadana sin sustento” alguno, una «falsa alarma», una «broma».

Sin importar quien llame o como lo haga, la petición se debe atender con un real aparato de investigación que permita diferenciar y filtrar no por ‘corazonada’ o por la ‘percepción extrasensorial’ de cada mando policiaco, sino por medio de una organización afinada y certera al servicio de la ciudadanía que permita proteger, servir y procurar justicia sin represión y sin buscar chivos expiatorios para justificar su incompetencia.

Las fuerzas de seguridad deben estar conformadas por hombres y mujeres de probada preparación física, moral y psicológica, que no dudamos que los haya, pero al igual que los ciudadanos, los policías están secuestrados por directivos corruptos y temerosos que se deben a intereses contraídos en oscuros acuerdos con delincuentes de muy alto perfil.

Mientras tanto, como dijo una señora entrevistada por los medios: Ya ni en nuestras casas estamos seguros”, que fue ahí precisamente donde las niñas fueron violentadas debido también a que los padres y hermanos mayores deben trabajar jornadas extenuantes para llevar el sustento que apenas alcanza para sobrevivir.

Toda ésta amalgama de elementos sociales, culturales y de políticas públicas permitieron ésta tragedia y todas las demás registradas por las autoridades como estadísticas frías, carentes del factor humano.

Reiteramos: no es crítica con tinte sarcástico señor gobernador Javier Corral, no es bullying insensible a las instituciones señor presidente Enrique Peña Nieto, Es el más profundo y sentido reclamo ante el abandono en el que nos tienen sumidos a quienes juramentaron representar desde la Constitución a cambio de que la sociedad se los reclame si es que fallan en ese propósito.

Por eso, deben irse para dejar el cargo a quienes sí puedan ostentarlo.

“No hay nada tan peligroso como la impunidad, amigo mío; es entonces cuando la gente enloquece y se cometen las peores bestialidades. No importa el color de la piel, todos son iguales.”

Isabel Allende.

* José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de Secundarias de la ciudad de Juárez, Chihuahua.