LOS PERROS GUARDIANES: La sonrisa de Cioran

La sonrisa de E. M. Cioran aparece entre líneas, de oreja a oreja, de la misma forma que en el cielo nocturno Alicia observa la sonrisa “Cheshire” en la disolvente cara del gato.

Rael Salvador* / A los 4 vientos

Ensenada, B.C.

Como comenta la afortunada editora de Tusquets, Beatriz de Moura: “Cioran describía el ser humano en su límite más absurdo”, que bien podría ser, al azar, una frase campanazo que ofrece resonancia y consonancia a toda la obra del autor rumano.

Acusado de un pesimismo célebre, Cioran se carcajea en la noche de la decadencia humana, sobre todo porque ha pasado a tinta la oscuridad del hombre y develado su socarrona e íntima intensión de ser un dios pordiosero. No ahorra crueldad, no desperdicia lucidez, toma al demonio por la piocha metafísica y le planta un beso literario.

Cioran ríe, sonríe y hay testimonio de ello; goza de ternura, disfruta de la sopa y resplandece, como un grillo verde, en la tersura de la amante. ¿Por qué no habría de ser así? ¿Cómo no podría un ser humano, por cuestiones filosóficas, olvidarse de los panaceas que brinda la vida?

Si algo gira alrededor de la experiencia de respirar, es el dolor y el absurdo de saber que tenemos la batalla perdida; que, hágase lo debido o lo indebido, la lepra de la existencia terminara por construir un dorado y palpitante castillo de gusanos.

Cuando Cioran arremete contra la esperanza y sus múltiples auxiliares de engaño –cifrados en religiones, ideología u otras taras encarnadas en el espíritu–, traza el arco eléctrico de una epilepsia cosmológica, alegando noblemente que “todos los animales, como las plantas son tristes”, y lo son porque no han descubierto en la tristeza una vía al conocimiento.

La tristeza nos saca una sonrisa como si nos extirpara una espina. Y si no hemos descubierto esta gracia, aún pernoctamos en el andén de la brutalidad esperando el vagón de la ignorancia o de la ignominia. Cioran se luce esgrimiendo la paradoja como un motivo musical (Mozart y su coro de ángeles son admitidos) y sentencia: “Generalmente las mujeres se me agarran del brazo y me dicen que leyéndome han estado a punto de suicidarse”, y si esto no cabe en una película de los Hermanos Marx, el mundo es una auténtica estafa.

Beatriz de Moura en la presentación del libro

Pero antes hay que seguir al pie de la letra la recomendación de Moura, quien lo tiene posesionado en su catálogo, rindiendo frutos demonológicos, a la vez que económicos: “Cuando tengas poco tiempo y ganas de abstraerte del barullo diario, coge uno sus libros, algo breve. Cala hondo y bien. Más tarde vuelves sobre tu lectura y te va muy bien a lo largo de la vida, no hace falta absorberlo todo de golpe”.

Un editor siempre conoce purezas y demonios. En el caso preciso del autor del “Inconveniente de haber nacido” y “Desgarradura”, Beatriz de Moura departe su acercamiento con uno de los más originales escritores que ha brindado el siglo XX, en un breve y sustancioso intercambio de sonrisas y palabras con el periodista Juan Cruz Ruiz, diálogo atesorado en el libro “El gusto de leer. Beatriz de Moura, editora por vocación” (Tusquets Editores, 2014).

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com