Todo lo que usted lee, sobre música, es subjetivo

Algunas categorías de periodistas musicales con los que podrías atraparte leyendo reseñas de conciertos…

Judith Guzmán / Revista Erizo* / A los 4 Vientos

Los groupies

Existe una línea delgada entre ser groupie y fanático de una banda o músico. La diferencia, es que el groupie quiere una de dos con más fuerza (o las dos con uninamidad): cogerse al músico o ponerse una pedota con la banda. No estoy hablando del periodista que se toma una foto con alguno de los músicos y la sube a su Facebook o a su Twitter, para nada, eso está chido y chingón pues es una oportunidad de compartir ese fanatismo que se tiene por un músico, de gritarle al mundo “me la pelan yo además de venir a escribir del concierto me tomé una foto con Iggy Pop”, si se diera el caso.

El groopie va más allá del último riff que pueda dar el guitarrista para finalizar la presentación en vivo, el periodista groopie escribirá una nota escueta, sin trasfondo singular por la presentación, preferirá tener un acercamiento aún más intimo con la banda que preguntarle sus influencias, querrá forjarle un porro a Vicente Gayo, darse unos pases con Silverio o hasta unos piquetazos con alguna de las bandas foráneas. A este periodista le importa más el afterparty, el backstage, que en sí la música, el evento en vivo o la calidad del sonido en el lugar.

 

Los aviadores

En el concierto que ofreció Ringo Starr en el auditorio Telmex de la CDMX, hace un par de años, me tocó sentarme al lado de una escritora de El Informador. Para quienes no saben, cuando un periodista va a un concierto, evento o demás, en un lugar como el Auditorio Telmex, es casi seguro que se contará con un cuarto de prensa, donde a los encargados de ser los ojos, la voz y los oídos del evento podrán abastecerse con bebida, wi-fii y por supuesto en este caso: el setlist. Además de que se cuenta con asientos de alta calidad.

Regresando al concierto de Ringo Starr, claramente me tocó ver cómo la pseudo periodista tomaba dos que tres fotos, las twitteaba, se levantaba de su asiento para la segunda canción del ex beatle y salía por la puerta.

Me llamó la atención justo por lo siguiente: cuando leí su reseña en el periódico del que ella venía, me di cuenta de una reseña inexistente, con puntualidades en el inicio y un arco sin sentido en el cuerpo de la nota, me dio mucho coraje. El periodista es el vocero de aquellos que no pudieron estar en el concierto, es los ojos y los oídos de sus lectores que con gusto aceptan lo que él dice sin refutar y ciegamente creyendo que aquellas letras son merecedoras de una experiencia de la cuál ellos sólo podrán ser capaces de vivir a través de las letras (o las imágenes) del periódico, la revista o el blog que estén leyendo.

Un amigo ya me había advertido esto, pero no le creí y me aseguró: “Nombre, si hasta le piden el teléfono a algún guardia para que cuando se acabe el concierto les “cuente” lo que pasó y así ellos puedan escribir su reseña”.

 

Los empíricos

Cuando sentí los miados calientes en la espalda, después de que gritaron “’ay valagua” me sentí terriblemente desdicahda, estúpida y fuera de lugar. Hay algunos periodistas que les gusta meterse a los madrazos en los conciertos, que disfrutan de la energía del público sumada al poder de la interpretación de los músicos en vivo. Son aquellos que sudan la playera, que llegan con moretones a casa y aún así se sientan a redactar la experiencia recién vivida.

 

Fantasy writers

En una ocasión, una de las revistas para la cuál colaboré por más de un año en eventos musicales en vivo, me pidió que hiciera una reseña sobre un concierto, eso no suena raro, eso me lo piden revistas sin mayor esfuerzo. Para ese festival del Indio Emergente que sucedió en noviembre del 2012, el último día tocó la hermosa Feist, pero lamentablemente no tuve la oportunidad de presenciar su acto en vivo, aunque curiosamente, la revista para la que cubría ese evento me llamó y aún así me dijo: ¿Podrías escribir la reseña del concierto?

La nota se publicó, como un reto a mis dedos acepté, pero fue un acto tan basúrico como carente de ética y profesionalismo, en primera por parte de la revista y evidentemente por parte mía en aceptarlo.

 

Los decepcionados

Que feo se siente leer una reseña de un concierto, al que no pudiste ir y que el periodista encargado de escribir la nota se muestre odioso y nefasto por lo que acaba de escuchar. Estos son los lobos devoradores, nunca les gusta por completo todo lo que van a ver, ya han escuchado y visto tanto que ya no hay algo nuevo que los pueda sorprender.

***

Así que una vez que hayan leído estás categorías que sugiero a los distintos tipos de periodistas musicales, con los que me he topado o con los que seguramente ustedes han llegado a caer en las garras de sus escritos, les recomiendo que encuentren a su escritor de confianza, a su periodista predilecto o que simplemente se queden como al inicio: creyendo sin dudar nada de lo que se ha leído.

*Trabajo publicado con la autorización de Erizo