Ética y periodismo digital*

Cuando asesinan a una persona y lo vemos por cualquier medio no sólo se suma un número a la alarmante cifra de inseguridad que padecemos hoy, sino que se trunca una vida, un sueño, una oportunidad; se deja a una familia destrozada y a unos amigos lastimados… Pero cuando un ocioso en busca de likes lo sube a internet, esto es poca cosa y no le importa echarle más chile piquín a la herida.

Néstor Cruz Tijerina **

Gracias a las redes sociales y a la proliferación de sitios web de dudosa procedencia, muchos hoy se creen periodistas. Olvidan que existe una técnica, una metodología de la investigación y ciertos principios éticos que rigen el periodismo. Al menos el bueno, el que no supone, el que no se basa en chismes, el que sustenta, el que no atenta contra la vida privada, el que no exagera para vender; el preciso, el que desnuda la realidad, el que invita a la reflexión, el que cambia realmente el mundo para bien: El que muchos elegimos como profesión en una época en que, para acceder a los medios de comunicación se necesitaba, al menos, ciertos estudios básicos.

Con esto no quiero decir que antes todo era bueno. Los periodistas chayoteros siempre han existido y hoy en día, con la tecnología creciendo, también han evolucionado. Hoy ya no piden dinero para escribir bonito de un político en una columna impresa. Hoy venden ´tweets´, ´posts´ de Facebook, comentarios ´trolls´ en todas las redes sociales habidas y por haber. Siempre arrastrados, siempre hambrientos de dinero, porque si algo no ha cambiado ayer y hoy son los malos salarios en los medios de comunicación “tradicionales”, y la falta de escrúpulos, claro.

Pero también están los buenos. Los comprometidos con la información objetiva desde su portal, hasta su transmisión en vivo. Los que llegaron a esta bella profesión con el afán de aportar algo bueno a su comunidad.

“La información es poder”- ¿Lo han escuchado? “El Cuarto Poder”, así era llamado el periodismo antes, no sé si aún. Ahora el primer poder, el que nos rige, quizá antes que el Ejecutivo, Legislativo y el Judicial, es el “qué dirán” en Instagram, en Tinder… Quizá exagero, pero sólo hay que ver cuánto tiempo le dedicamos a examinar Facebook en nuestro teléfono, y compararlo con el tiempo que dedicamos a enterarnos de las nuevas leyes en el Periódico Oficial del estado o la federación, por ejemplo.

No estoy diciendo que las redes están mal. Los políticos se han encargado de que sea más interesante un meme para una generación, que una Sesión de Cabildo, donde se pacta, por decir, otro aumento al transporte público. O un endeudamiento millonario que pagaremos todos en 20 años.

Imagen: New York Times

Nadie tiene la culpa, es lo que me gusta pensar. Los periodistas comprometidos socialmente casi siempre hemos vivido en la marginación porque no le queremos entrar al chayote, o porque nos parece muy baladí hablar de modas y eventos fancys, que son los que dejan dinero a un sector de los comunicadores. Nadie tiene la culpa de querer progresar en lo material, tampoco, insisto.

Pero si los comunicadores queremos triunfar en este oficio debemos entrarle a la inmediatez y al dominio de todas las herramientas. Cámaras GoPro, drones, celulares con resolución 4k que transmitan en alta definición. Todo se puede adquirir en línea. Lo que no se compra con los últimos 4 dígitos de la tarjeta, es lo que mencioné arriba: Ética, escrúpulos, buena redacción, empatía con los ciudadanos para informar sin herir en lo profundo, en lo humano.

El otro día un colega reportero transmitió en vivo la detención de un sujeto presuntamente drogado. Sí, se escucha payaso decir “presuntamente”, pero es correcto, aún en esta época del juzgado de las redes sociales, donde todos opinan y califican y descalifican. Bueno, el tema es que el presunto responsable (otro término técnico correcto) se subió al techo de una casa. Los típicos policías gorditos, después de batallar un poco por obvias razones, le dieron alcance y, para someterlo, en el forcejeo, le bajaron los pantalones… y los calzones, dejando a la vista de nosotros, los espectadores, un diminuto pene que quedó, para terminar de hacer chistosa la escena, a la altura de la boca de un agente del orden, el cual seguramente no la pasó nada bien; sin embargo, así es la naturaleza de su trabajo y quizá, en su experiencia, haya vivido cosas peores.

Esta anécdota cómica, que seguramente le ganó la carrilla del día o la semana al señor policía, en realidad es inofensiva. No tanto si las burlas llevan al suicidio del gendarme, por supuesto; sin embargo me pone a pensar en muchas otras cosas que podrían, incluso, llevar al análisis jurídico:

Si un reportero (en el mejor de los casos, porque hoy cualquier hijo de vecino transmite en vivo) comparte en sus redes, por ejemplo, una situación de rehenes, donde alguien muere violentamente al final, ¿dónde queda el derecho a la dignidad de la víctima y sus familiares? Qué tal si la occiso es mi hija, o tu papá, o la abuelita de todos. ¿Hasta dónde un periodista o un ciudadano con smartphone debe detenerse y dejar que las cosas pasen sin tener de testigo a todo el mundo? ¿Todo se vale y tiene que ser retratado?

Imagen: Facebook

Ése es el principal dilema ético y moral que me planteo con las nuevas tecnologías. Fuera de eso, no importa si es con GoPro o con cámara de 5 megapixeles; no importa si eres licenciado o con secundaria trunca: La práctica, la preparación constante, la curiosidad despierta, el talento natural o desarrollado, la sensibilidad social, siempre serán los ingredientes de una buena comunicación. En papelito de las cavernas o en Google Pixel 2. Cosas que no caducan, sólo se actualizan, eso sí, como sistema operativo.

Esto me motiva a proponerles un sistema operativo de vida: Leer un buen libro, acudir a tutoriales en Youtube, mantener siempre las orejas bien abiertas y el ego bien moderado para poder aprender de todo, del bolero (que bolea zapatos), del activista, del político corrupto… Sí, también hay que aprenderles, para prevenir cuando te están mintiendo a la cara y tú eres un comunicador que, quizá, transmitirá mentiras.

No es poca cosa comunicar, aunque hoy sea ´easy´ a través de aparatos ´smart´. Cierto es que no podemos pedir excelencia al frívolo, al acomplejado, al vanidoso, al cacha likes promedio de Facebook. Pero sí nos la debemos exigir nosotros, los que pretendemos o ya ejercemos la comunicación profesional. Más rápido no debe significar superficial. Mensaje corto no debe ser sinónimo de chisme sin fuentes.

Adaptación, evolución, deben de ser las palabras constantes en las clases de periodismo moderno. No olvidar lo viejito que aún funciona como la ética y la filosofía constructiva, la técnica. Y aplicarlo ahora en pantallitas y tecladitos. Que al picar ´send´ el mensaje siempre reúna, aunque sea poquito, una parte de todo lo que merece tu público. De todo lo que se espera de cualquier profesional en cualquier oficio.

Nunca hay que olvidarlo.

* Conferencia impartida a los alumnos de la carrera de Comunicación de la UABC-Ensenada.

 

** Néstor Cruz Tijerina es técnico en Periodismo, ex colaborador del Noticiario Síntesis TV en Ensenada, del Semanario Zeta de Tijuana, y de A los 4 Vientos. Fue director de la revista Reportaje. Entre 2011 y 2013 fungió como auxiliar en la Dirección de Comunicación Social del Congreso del Estado, comisionado a la diputada -en ese periodo- Claudia Agatón. Fue asesor en la campaña del candidato independiente a Munícipe por Ensenada Omar García Arámbula, y actualmente es asesor del regidor independiente Cristian Vázquez.