Los desafíos del parto natural en el documental “Mujeres de Manos Cálidas”

En un extremo, la avasallante velocidad de la urbanidad moderna, que coloca a la productividad y el dinamismo incesante como absoluto de vida, dejando poco espacio para traer con calma un hijo al mundo; en el otro polo, una práctica ancestral de apoyo a quienes traen vida nueva cayendo en el olvido y la desestimación de las instituciones. En el centro: la relación entre las mujeres y su experiencia con el parto.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

El día de mañana un documental que ha generado mucha expectativa en quienes le hemos seguido la pista por fin se estrenará en la ciudad de Ensenada. “Mujeres de Manos Cálidas”, largometraje que retoma el parto y la relación entre mujeres que se puede tejer a través de esta experiencia, es una obra que explora y visibiliza las dificultas de la mujer urbana para conseguir un parto natural, mientras que a la par en los sectores rurales se desvanece y desestima una práctica ancestral para tener este tipo de partos.

El director de esta obra cinematográfica, Adrián Macías —comunicólogo, documentalista y fotógrafo egresado de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) —, compartió con 4vientos una entrevista donde nos platica más acerca de este documental presentado en el Festival MIC-Género, en el Museo de Memoria y Tolerancia (Ciudad de México), parte de la Selección Oficial de Festival Internacional de Cine Etnológico de Belgrado (Serbia) y ganadora de un Cabrito de Plata en el Festival Internacional de Cine de Monterrey bajo la categoría de Mejor Largometraje de Nuevo León.

 

Cuéntanos a grandes rasgos de qué habla este trabajo que has llamado “Mujeres de manos cálidas”

Mujeres de manos cálidas es un largometraje documental de 73 minutos, que cuenta dos historias paralelas. La primera tiene que ver con una mujer embarazada de nombre Susana, quien vive en Monterrey y busca dar a luz de forma natural, pero se encuentra con un contexto donde es muy complicado parir de esta forma, porque Monterrey tiene un alto índice de práctica de cesáreas.

En la búsqueda del parto que desea, Susana encuentra a una doula, de nombre Eli, que es un personaje que ayuda a las mujeres de la ciudad a que tengan confianza en sí mismas para poder dar a luz de forma natural, a través de un entrenamiento psicoprofilácticos, que es prepararse para dar a luz físicamente, psicológicamente y emocionalmente.

A partir de esto hacemos un recorrido por varias regiones del país, conociendo parteras tradicionales en Chiapas, el sur de Nuevo León y San Quintín, donde las parteras nos narran cómo han ejercicio por muchos años esta labor, pero por cuestiones problemáticas con el sector salud su oficio está desapareciendo, entonces es la lucha de estas mujeres por preservar su práctica, y en ese transcurso nos compartan la relación que crean con las mujeres que acuden a ellas. Así que un punto central del documental, que cruza ambas historias, es la relación entre mujeres que buscan mejorar la experiencia del parto.

 

¿De dónde salió la inquietud por realizar este documental?

Hay dos partes. Por un lado, la investigación de maestría de una colega, Maribel Campos, quien trabajó el tema de las parteras en San Quintín. Cuando ella me contó sobre su trabajo de intervención en esta comunidad me llamó mucho la atención el hecho de que hubiera parteras en Baja California. A partir de ahí la curiosidad me llevó a querer ver y entender esta práctica, sobre todo porque en estos tiempos asumimos que ese tipo de oficio es parte del pasado pero no, ahí están, existen.

Por otro lado, el productor Alberto Marcos, de la productora Eskua, tuvo a sus dos hijos por medio de una doula, que es la misma que documentamos durante el proyecto. Lo que a ellos les pasó fue lo mismo, querían tener un parto de ciertas características y hay una serie de trabas que no se los permiten hasta que encuentran con Eli (la doula) la posibilidad de hacerlo.

Al platicar sobre las parteras y escuchar su experiencia con las doulas, llegamos a la conclusión de que podíamos hacer algo interesante al hablar sobre la relación entre mujeres en diferentes contextos, y también a partir de señalar este tipo de contrastes exhibir ciertas contradicciones de la modernidad, que tienen que ver con el respeto a la vida, con el detenerse a pensar sobre los procesos del cuerpo.
 

 

¿Cuál fue el mayor reto al momento de realizar el largometraje?

Es muy complicado enfocarte día a día a realizar este tipo de proyectos porque no es un negocio, entonces tienes que convencer a muchas personas para que apoyen sin un fin lucrativo. Al final sí hubo mucha gente que nos apoyó. Pero lo complicado fue seguir una agenda, un cronograma que estaba planteado sin que fuera mermado por el trabajo del día a día, el que te da dinero.

Por otro lado todo lo que implica cualquier trabajo de este tipo: contactar a las personas, hacer la planeación de los viajes, cotizar traslados baratos. El problema muchas veces fue tener el dinero, tener la disponibilidad de tiempo para moverte.

La posproducción fue complicada porque no había un equipo de trabajo como tal, éramos dos personas encargadas, Metzín López, básicamente ella me ayudó como coeditora a despejar el panorama y poner en papel algunos conceptos.

Algo curioso fue que teníamos un corte donde yo llevaba trabajando un mes y medio, de repente voy al Festival de Cine de Guadalajara con un proyecto que se llama “Doculab”, donde veo cómo hacen un tipo de disecciones de documentales muy interesantes y con eso entendí la forma en que tenía que editar el trabajo, cómo tenía que hacer un montaje basado en un discurso de tres actos, que tenía que desarrollar los personajes, mostrar el conflicto, crear una narrativa más allegada a la ficción.  

Así fue como tuve que retomar el trabajo, transcribir todas las entrevistas, eran muchas horas de material, esto lo cuento como si fuera un problema pero es parte del proceso. Fue replantear el proyecto.

Luego estuvo la parte de la distribución: terminamos el documental y bueno, ahora qué sigue. Ocupas dinero para mandarla festivales, para hacerlo en formato cine, luego surge la campaña y plan de distribución.

 

¿Qué opinas de la escena cinematográfica en México?

Me parece que la escena está centralizada, de cierta forma hay más acceso a las becas que se otorgan si estás más cerca de la Ciudad de México. Ello obedece a una lógica, ahí están las escuelas de cine, las productoras más poderosas, el capital y la experiencia para realizar proyectos cinematográficos. Además muchos de los talentos que no son de la Ciudad de México se van para allá para seguir desarrollando su vocación.

Sin embargo yo creo que hay lugares emergentes, y también hay esfuerzos solitarios o de grupos que buscan hacer cine pese a esas circunstancias por ejemplo en Tijuana o en Monterrey. A esto súmalo los recortes presupuestales del gobierno federal, con esto de la Secretaría de Cultura, los desfalcos millonarios. Si el cine también está dependiendo del Estado pues está muy complicado.

Y súmale también que hay monopolio en la distribución, en lo que se exhibe en las salas de cine, el único camino que yo veo para que se exhiba este documental es a través de festivales, porque no tenemos una distribuidora, no tenemos el capital económico para pagarla, para hacer una producción de DCP (Digital Cinema Package). Entonces se trata mucho de buscar las formas de que sí se pueda.

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Mujeres de Manos Cálidas se estará presentando en diferentes espacios durante el mes de noviembre. A continuación las sedes y fechas de su exhibición:

Martes 14 de noviembre, CEARTE Ensenada, 19:00 horas

Jueves 23 de noviembre, Facultad de Ciencias Humanas (UABC), Mexicali

Miércoles 29 de noviembre, Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales (UABC), Ensenada