8 Consejos de Ramón y Cajal para los jóvenes investigadores

Hablar de Santiago Ramón y Cajal es hablar de varios hombres. Es hablar del joven que a los 21 años se enlistó como voluntario médico en Cuba (entonces provincia española). De quien se doctoró a los 25 y estuvo a punto de morir de tuberculosis un año más tarde. Es, sin duda, hablar del padre de la neurociencia moderna.

Ricardo Lindquist / Buhario / A los 4 Vientos

Es hablar también del Premio Nobel. Del líder simbólico de la generación española de los sabios. Sin embargo, y esto se sabe poco, es también hablar de un científico raro. Un científico que, habiendo conseguido toda clase de reconocimientos y cátedras, rehuyó a las camarillas del ego y dedicó su tiempo libre a escribir para los jóvenes.

Así, en Reglas y consejos sobre investigación científica (publicada en 1897 y conocida también como Los tónicos de la voluntad) el sabio español dedica un apartado específico para aconsejar, quizá a manera de testamento prematuro, a sus sucesores. De ello han pasado ya 120 años. Sin embargo, la voz del Premio Nobel es más fresca que nunca.

CONSEJOS

1.No idolatres a científicos o autores.

La devoción al genio de otros, basada en la modestia y la justicia según Cajal, puede cohibir la originalidad de la investigación. Antes de pensar en los magnos descubrimientos científicos como un suceso cuasi divino, es relevante enfocarse en el esfuerzo humano. En las horas de sueño que el científico ha sacrificado, en las gotas de sudor que ha vertido, en las lágrimas que ha llorado. Pensar pues, que el éxito es la última etapa de un conjunto de fracasos.

2. Sé valiente: refuta.

De acuerdo con el Premio Nobel, la vida de los sabios se divide en dos fases: la creadora, destinada a desmentir todos los errores del pasado y la razonadora, en donde se defienden las hipótesis planteadas durante la juventud. Así, no hay mejor camino inaugural que el de la refutación, por más que ésta duela. Poco importan las protestas, las críticas o el silencio, advierte Cajal: la razón contagia a los jóvenes y termina por convencer a los viejos. Pero no se trata de demoler, sino de construir. La crítica científica —continúa el autor— solo se justifica dando, a cambio de un error, una verdad.

3. No menosprecies ni minimices tus aportaciones

No hay cuestiones pequeñas, las que lo parecen son cuestiones grandes no comprendidas. No hay menudencias indignas de ser analizadas, sino hombres cuya estrechez intelectual no logra penetrar el profundo sentido de lo menudo. La naturaleza y la sociedad son sistemas en donde todas las piezas, incluso aquellas que parecen diminutas y accesorias, abonan al conjunto funcional.

4. No menosprecies nunca la teoría

Huye de los falsos conflictos entre la ciencia básica y la ciencia aplicada. Todo lo visible, lo que representa el progreso industrial y tecnológico; todos aquellos avances que las naciones exigen (sin invertir a cambio) de los científicos, se producen gracias a los hilos de la teoría. Cultiva la ciencia, sin presionarte por sus aplicaciones. Éstas llegarán siempre, tal vez para tus hijos, tal vez para tus nietos.

5. Practica la incubación mental

Conviértete en un sonámbulo. Obsesiónate. Escucha solo la voz de tu objeto de estudio. En la calle, en los parques, en el cine, en los cafés, en los restaurantes: piensa, hipotetiza. No hay reflexiones inútiles. Los errores se convertirán en caminos, de la misma forma en que los bocetos dan paso al lienzo. Pero tampoco te estanques en el pensamiento. Piensa actuando.

6. Aprovecha tu tiempo

No descanses sin haber dedicado por lo menos dos o tres horas a tu proyecto. Evita el trato social que no construya: el chisme académico, la cháchara política, las tertulias etílicas. Elude todo aquello que reste fuerzas nerviosas y te desvíen, con preocupaciones inútiles o ajenas, de tu problema principal. Procura que tus distracciones se concentren en la naturaleza o en el arte. Camina, corre, pon algo de música o mira una buena película, pero después vuelve a trabajar.

7. Busca el aplauso

El afán del aplauso busca a todos los hombres, no hay en ello nada reprobable. Pero cada cual busca la gloria por distinto camino: unos a través de la belleza, otros de la mentira y, los menos, mediante la razón. Esta meta, la de dedicar la vida a la comprensión del hombre y su contexto, es una de las más loables. Si has de trabajar por el aplauso, procura que sea el de tu propia conciencia.

8. Lucha por tu país

Trabaja para elevar el prestigio de tu tierra, pero no intentes con ello denigrar el de otras. La ciencia no tiene patria, es cierto, pero los hombres sí que la tienen. Perteneces a la Humanidad, tus triunfos son sus triunfos. En tus manos está el conocimiento que llenará después los platos, que sanará las heridas. Recuerda siempre que la ciencia que no se ve no existe.

Trabajo publicado con la autorización del autor

Fuente: https://buhario.wordpress.com/2017/11/07/8-consejos-de-ramon-y-cajal-para-los-jovenes-investigadores/