VANGUARDIA: necesario crear espacios culturales en zonas vulnerables de la ciudad

Hace una semana inauguramos este espacio de reflexión con un recorrido por la proliferación de eventos e iniciativas culturales en Ensenada, un ejercicio que implicó realizar un extenso nombramiento de las diferentes propuestas del puerto. Tras aquella entrega, quedó evidenciada la “erupción cultural ensenadense” que estamos atravesando como ciudad.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

En esta ocasión, expondré algunas observaciones al respecto de este movimiento cultural, con el objetivo de comenzar a comprender sus virtudes, sus avances, al igual que sus defectos y posibles desviaciones o retrocesos, de manera que podamos comenzar a dilucidar el (o los) camino (s) que podría tomar esta vibración de conciencias.

Al desenrollar las múltiples iniciativas emergentes del puerto en la entrega pasada, afirmamos que detrás de este incendio colectivo de voluntades participativas yacen los deseos de expresar, gritar, compartir, conocer, crear, difundir y sobre todo, cambiar nuestras formas de ser y hacer como sociedad.

No es coincidencia que esta vibración ciudadana se dé en estos momentos, sino que obedece, entre otros factores, a la coyuntura sociopolítica que estamos viviendo como país, al movimiento de conciencias que se disparó en la región con las protestas de principio de año, al crecimiento urbano de Ensenada y a una maduración generacional que antecede a una renovación de quienes dirigen la ciudad.

Es claro, pues, que quienes son parte de este movimiento han tomado conciencia de su capacidad de intervenir en la sociedad para generar cambios, dejando atrás el pensamiento de que las cosas son como son y así serán para siempre: la vida, el destino, el mundo se puede moldear a voluntad, sobre todo cuando varias mentes se avocan a ello. También estos actores cargan consigo el reconocimiento de su propio saber: algo tengo que puedo compartir para hacer crecer al otro. Y claro, la aceptación de la propia ignorancia: no conozco lo que él sí, por lo que un espacio donde puedan converger los saberes es ideal para el crecimiento de ambos.

Así pues, vemos que uno de los aspectos de este movimiento apunta a un voluntario intercambio de maneras de pensar, razonar y percibir el mundo, así como una disposición para actuar para cambiarlo. Ahora bien, ¿cómo sacar máximo provecho de esta explosión? Aquí me atrevo a hacer una propuesta: entre más mentes conscientes, más rápido avanzamos.

Sumar a la mayor cantidad de voluntades en la aventura de repensar el entorno (y a nosotros mismos) enriquece el diálogo y nos permite analizar el estado en que se encuentra la conciencia colectiva del barrio, de la colonia y de la ciudad. Con este diagnóstico podemos identificar qué áreas son las que se deben atender y cambiar, qué prejuicios hay que romper, qué dogmas hay que cuestionar, que ideologías deben dejarse atrás: cómo y dónde hace falta intervenir.

Es decir, necesitamos ser capaces de extender la proliferación cultural a todas partes, un proceso que implica enfrentarnos a diferentes problemas sistémicos que si no lo imposibilitan, vaya que lo complican. Para la tarea de análisis que nos incumbe esta semana, desarrollaremos el aspecto espacial de la ubicación de las propuestas culturales.

Ubicar en el espacio las iniciativas nos permitirá observar una primera falla de inclusión en el movimiento que se gesta en la ciudad. Si bien en el recuento de la semana pasada hubo algunos eventos y propuestas desarrolladas en los alrededores de la ciudad (el Festival Juá, por ejemplo), la realidad es que la gran mayoría de las actividades siguen aglutinándose en el centro de Ensenada, siendo ofertas culturales inaccesibles para el grueso de la población; pésima planeación urbana de por medio.

Claro, también está el hecho de que su servidor seguramente ignora la existencia de propuestas en varias áreas de la ciudad, lo que nos lleva al asunto de la visibilidad y a la necesidad de que no sólo proliferen las iniciativas culturales, sino también los medios independientes que difundan lo que ocurre allí donde los reporteros luego no podemos acudir.

Pero bueno, continuemos con el asunto del espacio. Cualquiera que habite alguna colonia de la periferia o alguna zona marginada sabrá de primera mano la urgencia de crear espacios formativos y culturales en estos barrios.

Crear estas condiciones y extender los efectos de concientización del movimiento cultural permitirá que las oportunidades de futuro de los jóvenes que ahí habitan no se reduzcan al vandalismo, la drogadicción y en el peor de los casos al narcotráfico: herencias de la descomposición social estructural en México.

Es decir, el acceso a la diversidad cultural crea la posibilidad de oponerse a un destino criminal impuesto por el contexto precario que hoy asola a millones de mexicanos, abriendo una vía alternativa a través del deporte, la ciencia, el arte, la filosofía.

Aquí asoma un concepto necesario para la transformación que pudiera representar la erupción cultural ensenadense: el compromiso social. Extender el movimiento implica la realización de un millón de micro-esfuerzos individuales con quienes han tenido menos oportunidades, cuya suma da la totalidad del cambio. Implica también asumir la responsabilidad de devolverle a la sociedad un poco de todo lo que nos ha proporcionado, acercarse a la comunidad para compartir y aprender en el proceso.

La descomposición social que padecemos en la actualidad es de enormes proporciones, y sólo con una participación del mismo tamaño podremos revertir esa larga lista de cicatrices que cargamos como fardo mexicano. Toda gran hazaña empieza con un gesto mínimo: regalar un libro, un pincel o un balón a quien no lo ha podido tener puede desencadenar una dimensión diferente para todos nosotros. Puede, a la larga, ser la diferencia entre la creación y la destrucción.

Finalizo la columna de esta semana con la intención de continuar la próxima entrega tocando la cuestión de la accesibilidad de las propuestas culturales a partir de la variable de la disposición de tiempo, tema que nos abrirá la puerta para un punto muy importante: las oportunidades y los roles de los actores sociales.