El rescate de un valle agrícola en Baja California

Más de 10 años de investigaciones, inversiones públicas y privadas y una intensa participación social, fueron los factores necesarios para concretar el envío de aguas residuales tratadas a la zona agrícola del valle de Maneadero, ubicado al sur del municipio de Ensenada, Baja California.

Karla Navarro / CONACYT / Foto principal: Valle de Maneadero

En apenas dos años, decenas de hectáreas pasaron de un suelo agrietado por la escasez de agua a coloridas zonas de cultivo que actualmente reciben agua de la planta de tratamiento El Naranjo, mismo que contiene nutrientes que llevan a las parcelas mayores beneficios que el agua de los pozos, lo que ya fue comprobado con estudios realizados por el Instituto de Investigaciones Oceanológicas (IIO) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Ejidatarios, investigadores y autoridades gubernamentales están optimistas respecto a los resultados que ha dado el proyecto piloto que inició en junio de 2014 con 120 hectáreas de riego y que se ha convertido en la reactivación de zonas de cultivo, cuyos pozos han sido afectados por la intrusión salina; para el año 2016 se proyectó un incremento a 500 hectáreas de riego.

Leopoldo Mendoza Espinosa, coordinador del cuerpo académico de Agua y Ambiente del IIO, relata que desde hace más de 15 años iniciaron los estudios que comprobaron que el agua residual que recibía la planta tratadora El Naranjo salía con la calidad necesaria para ser reutilizada, motivo por el que el IIO comenzó a promover su uso como una alternativa a la problemática de la escasez de agua que enfrenta el municipio de Ensenada.

Fue hasta el 2014 —cuando la falta del vital líquido se agudizó— que el tema se volvió recurrente en la opinión pública y los investigadores del IIO evaluaron la conveniencia de distintas alternativas propuestas para mitigar la escasez.

Por más de 15 años el trabajo del IIO ha sido la generación de información útil para las instancias administradoras del agua, pero también ha buscado ser un enlace entre todos los involucrados en el tema del reúso del agua para lograr concretar el proyecto en cada una de sus etapas.

“Yo creo que es posible hacer las cosas de manera responsable, no tomar decisiones muy apresuradas sino basándonos realmente en información y esa ha sido la función que hemos tenido como grupo y como universidad”, opina el investigador.

Campo de flores bajo riego con aguas negras tratadas (Foto. CONACYT).

Monitoreo del agua y el suelo

De acuerdo con el gobierno del estado de Baja California, la obra para enviar el agua de la planta de tratamiento El Naranjo a Maneadero tuvo una inversión de 71 millones de pesos.

Para ello, fue necesaria la instalación de un emisor de 30 pulgadas que traslada el agua en un tramo de 14 kilómetros, así como la rehabilitación de filtros para tratamiento terciario en la planta, equipamiento emisor y la adquisición e instalación de tubería para la derivación.

Como una primera etapa, el agua fue utilizada para el riego de aproximadamente 120 hectáreas de tierras en las que se cultivan plantas de ornato para exportación y forraje para alimentar el ganado de la localidad.

La instalación ha funcionado de manera permanente desde 2014 y el agua continúa siendo monitoreada por el IIO, además de que se están realizando estudios por el cuerpo académico de Agua y Ambiente, del cual forma parte el investigador Walter Daesslé Heuser, pionero en el estudio científico del agua subterránea en Ensenada, y de los procesos hidrológicos asociados a la cuenca baja del Río Colorado.

En entrevista, Walter Daesslé comentó que, por solicitud de la Secretaría de Fomento Agropecuario (Sefoa), recientemente realizaron el proyecto “Evaluación del efecto del riego agrícola con agua residual tratada en la calidad del suelo agrícola y agua subterránea de Maneadero, Baja California”.

“El suelo no lo habíamos estudiado nunca, el agua sí, pero se midieron nuevos parámetros, por ejemplo coliformes, como indicadores de influencia de aguas con heces fecales; se midió también demanda bioquímica de oxígeno, algunos parámetros que no se habían estudiado antes en agua subterránea y que se relacionan mucho con el agua residual tratada”, explica el investigador, premio al mérito académico en ciencias naturales y exactas por la UABC.

Como parte de los estudios del suelo, encontraron que hubo un aumento en la concentración de carbono, materia orgánica y nitrógeno, lo que consideran beneficioso, ya que con ello se disminuye la utilización de fertilizantes.

Como resultado del estudio, han constatado que hasta el momento no existe un motivo para dejar de reutilizar el agua para riego e infiltración, siempre y cuando se conozcan las reacciones que se obtengan a mediano y largo plazo.

Represo receptor de las aguas residuales en Maneadero (Archivo).

La participación pública

El agua y el suelo no es lo único que ha sido estudiado por el cuerpo académico de Agua y Ambiente tras el envío de agua residual tratada al valle de Maneadero, ya que la participación social fue un factor determinante para concretar el proyecto.

Mariana Villada Canela, investigadora del IIO y también integrante del citado cuerpo académico, recuerda que a principios de 2014, representantes del Ejido Nacionalista Rodolfo Sánchez Taboada comienzan a impulsar sus ideas y de forma pública realizan gestiones ante el gobierno estatal hasta lograr que el sector académico junto con el gubernamental se sumen a su proyecto.

“Siempre fueron facilitadores de los espacios, buscaron a la gente, a los diputados que pudieran apoyar esta preocupación que ellos tenían y que de alguna manera son los afectados directos”, opina.

Desde su perspectiva, esta participación por parte de los ejidatarios fue decisiva para concretar el envío de aguas tratadas a la zona agrícola de Maneadero, ya que desde hacía más de una década se contaba con la información científica necesaria para respaldar el proyecto.

“Tuvo que ocurrir esta interfaz ciencia-política efectiva para que se empezaran a tomar acuerdos, pero aun así nos falta un poco más de experiencia sobre cómo llevar mejor los acuerdos, son decisiones más políticas que técnicas, a pesar de que están impulsadas en cierta forma por la información científica”, afirmó.