MUSA VERDE: Retos de la ecología y la política

En esta carrera loca cada vez con menor sentido y sin meta clara que es el vivir y cada vez más sobrevivir en el siglo XXI, nos encontramos ante retos aún más insuperables que el calentamiento global, la desertificación, la distribución inequitativa de alimento, tierras, agua y otros bienes y servicios, y la irrupción de nuevas enfermedades para plantas, animales y humanos.

Horacio de la Cueva* / A los 4 Vientos

Las corporaciones, notables por su respeto nulo al ambiente, superan en capital y capacidad a muchos países sin desarrollo industrial. Ejemplos sobran: El escándalo de Volkswagen y sus motores diesel que mentían cuando eran probados. El monopolio de Monsanto en la agricultura. La industria de muchas compañías farmacéuticas por patentar sólo los productos de la selección natural que pueden ser redituables, ya sea por ser remedios a enfermedades comunes con un mercado mundial o por ser tratamientos para enfermedades raras que sólo la medicina privada del primer mundo puede vender.

Nos enfrentamos a retos que ya creíamos superados; los derechos humanos y de la naturaleza que parecían ya consagrados en constituciones y tratados internacionales, desaparecen de la noche a la mañana en pos del capital. Nos amenazan con la Ley General de Biodiversidad, estatuto favorable al capital.

Tenemos la información y el conocimiento para conocer el estado de nuestros ecosistemas, cómo mantenerlos y restaurarlos. Sabemos cuánto nos costaría mantener el status quo del planeta o la igualdad de oportunidades y el bienestar para todos.

Sabemos dónde está la fragilidad, hasta donde llega la resiliencia y hasta dónde puede llegar la adaptabilidad de una especie, un paisaje o un ecosistema. Sabemos cuántas especies y cuantas hectáreas de bosques y selvas perdemos todos los días.

Deforestación (Foto: Ecología Verde).

Negamos la evidencia de lo que sucede y suponemos ingenuamente que vivimos en un planeta infinito creado sólo para satisfacer nuestros caprichos. Lo único sagrado que queda en el planeta es el capital y su multiplicación ininterrumpida.

Si hay problema hay solución. Suena sencillo pero no lo es, aunque tampoco es imposible.

Hay que cambiar. No hay que cambiar al mundo, hay que cambiar cómo entendemos e interactuamos con el mundo. Hay que admitir que el mundo es finito. Hay que lograr una distribución más equitativa de bienes y recursos. Hay que castigar a los culpables de la contaminación; la rapiña ambiental no puede seguir.

Debemos hacer que la industria cambie la forma de uso de recursos y producción. La coerción no sólo debe ser legislativa y financiera.

El desarrollo sustentable es posible. Los consumidores tenemos la última palabra en la forma de producción; debemos consumir lo realmente sustentable.

Imagen: Internet

Hablamos de una tarea más -pública e importante- para el año electorero. Tal vez poco popular por incómoda, pero necesaria para vivir sustentablemente en el siglo XXI. Una tarea que haga que nuestros representantes, por los que votaremos, vivan más cerca de la realidad y más alejados del presupuesto. Debemos preguntar a todos los candidatos, de partido o independientes, qué harán por lograr un mundo más sustentable. Que harán para mitigar y adaptarnos al cambio climático. Que harán para mejorar el transporte colectivo y el uso de bicicletas y castigar el uso de automóviles. Que harán para promover la educación que enfatice el conocimiento local, sin ignorar al mundo.

No queremos leyes bellas poco realistas e incumplibles e incontables. No queremos que las aprueben alzando la mano sin saber de qué se trata. Cómo establecerán alianzas con otros niveles de gobierno, los ciudadanos y la industria privada para llevar a cabo acciones que nos lleven a la sustentabilidad.

La tarea no acaba con las elecciones. Nuestros representantes se nos deben; los elegimos y pagamos sus salarios. Su jefe no es el jefe de bancada, el gobernador o el presidente. Han olvidado su responsabilidad, servir a quienes los eligieron y a la naturaleza de la que dependemos.

Habremos de preguntarles regularmente qué han hecho, cómo lo han hecho y cómo apoyan y promueven la biodiversidad y el desarrollo sustentable. Habremos de exigirles que ejecuten todos los pasos necesarios para convertir nuestra política y nuestra economía en movimientos que respeten la biodiversidad y las culturas que nos han enseñado a usar nuestros recursos.

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatos de Miroslava Breach y Javier Valdéz, y del secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

* Investigador titular del Departamento de Biología de la Conservación de la División de Biología Experimental y Aplicada del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE). Directivo del grupo civil ambientalista Terra Peninsular, de Baja California. Correo electrónico: cohevolution@gmail.com cuevas@cicese.mx