Estamos acostumbrados a aprovechar el dolor para construir el sufrimiento: Julia Färber Data

 

Parece una mujer escuálida. Parece una mujer en calma. Parece una mujer silenciosa. Julia Färber Data es todo eso que parece, pero también es mucho más. Es una mujer escuálida —alta y delgada—, pero es capaz de echarse al hombro un cuerpo de más de 70 kilos, caminar con él por el escenario y depositarlo con delicadeza sobre la tierra. Es una mujer en calma —apacible—, pero necesita y abraza la velocidad, la intensidad, el movimiento: vive con ellos. Es una mujer silenciosa —meditabunda—, pero no puede acallar las innumerables inquietudes que le aletean por todo el cuerpo y que la obligan a desplazarse.

Juan José Flores Nava* / A los 4 Vientos

A diez años de haberse ido, Julia Färber Data vuelve a Ensenada como bailarina. Pero pudo habervuelto como antropóloga, como deportista, como actriz de teatro, como turista, como hija de familia. Todo eso es. Todo eso ha sido. Pudo haber vuelto, incluso, por la pura nostalgia del exilio autoimpuesto. Sin embargo, Julia sabe que sólo en la danza encuentra la posibilidad de reunir lo que ella es, lo que ella ha sido; Julia sabe que la danza es el río, la ruta, la grieta, la cicatriz que debe seguir mientras avanza, sigilosa, detrás del porvenir. Y hoy comparte esta certeza.

A las 20:00 horas de este jueves 26 de octubre, en el Foro Experimental del Centro Estatal de las Artes de Ensenada, Julia Färber Data presenta Errante, un diálogo de piano, viola y tres cuerpos que ofrece acompañada de sus amigos los músicos David Martínez y Katia Rudametkin.

—Este diálogo con música y cuerpos —dice Julia— intenta reconstruir el recorrido de una vida, con sus alegrías y sus momentos de euforia, con sus dificultades, sus heridas y sus grietas.

La pieza retoma la idea del kintsugi, la ancestral técnica japonesa para reparar cerámica rota con barniz de resina mezclado con polvo de metales preciosos (oro, plata o platino). El kintsugi no sólo hace evidentes las fracturas, sino que, al mostrar las minuciosas cicatrices, aumenta el valor del objeto reparado. En Errante, Julia propone una metáfora entre las grietas de esta cerámica reconstruida y las cicatrices físicas y emocionales de la existencia.

—Es curioso —dice Julia mientras sonríe—: luego de haber estudiado antropología, resulta que encuentro en la danza una manera mucho más concreta de llegar a ese tipo de conocimientos que tocaba con la antropología. Yo creo que es así porque para mí, como para muchos bailarines, la danza es un lenguaje en sí mismo. No es que sea lo que las palabras no pueden decir. La danza es lo que es. Es un lenguaje, es una manera de hablar que tiene que ver con la conciencia del cuerpo. Todos tenemos un cuerpo. Así que todos podríamos usar nuestro cuerpo para expresarnos.

«La danza es un lenguaje en sí mismo»: Julia Färber Data. Foto: David Hornback.

Las experiencias y las palabras de Julia recuerdan también los trazos que va dejando en un tazón de té un maestro del kintsugi: son como esos afluentes que parecen surgir por azar y se van incorporando a un cauce mayor. Porque mientras jugaba básquetbol, Julia practicaba danza folclórica y se apasionaba en la escuela por la geografía, la literatura y el periodismo. Luego estuvo muchos años en ballet y en teatro.

Fue activista contracultural y militante punki. Hasta que un día se dio cuenta que necesitaba más espacio y a los 17 años emprendió un exilio voluntario de Ensenada y se marchó a la Ciudad de México a estudiar antropología. Estando allá, formó un grupo de teatro y se unió a una compañía de danza. Aprendió capoeria. Se entrenó con diversos coreógrafos. Al poco rato la gran ciudad también le resultó pequeña y viajó, en otro autoexilio, a España, de donde dio el salto a Bélgica.

Ahora está de vuelta, por unos meses, en Ensenada. Y al ofrecer su danza, con Errante, Julia Färber Data nos da también el pretexto para reconfigurar y hacer visibles algunos de los afluentes y los ríos (de las cicatrices y las grietas) que la conforman. Las palabras que siguen, enunciadas por ella misma, son fragmentos de este puzzle llamado Julia Färber Data.

  • La improvisación en danza es como un juego de ajedrez con reloj: debes tener todas las herramientas posibles para hacer tu juego y hay que tomar decisiones inmediatas con un objetivo. Lo que siempre hay que tener es claridad. Si no tienes claridad, no sirve. Yo encuentro esa claridad en el ritmo. Y el ritmo no está necesariamente en la música. Cuando encuentro el ritmo, tengo claridad en lo que estoy haciendo. Algo que me han dicho muchos maestros es “stick to the clarity”. O sea, quédate con la claridad, no con la confusión. Si está la confusión, regresa a la claridad.
La improvisación en danza es como un juego de ajedrez con reloj: debes tener todas las herramientas posibles para hacer tu juego y hay que tomar decisiones inmediatas con un objetivo. Foto: Emmanuel Adamez
  • Sí, la claridad está en el ritmo, pero también en saber lo que quieres decir. El recorrido es muy importante: saber a dónde quieres ir y saber llegar a ese lugar; pero, igual, saber regresar. Esto no significa que la intuición no esté presente. La intuición es esa confianza en uno mismo que debemos recuperar.

    Foto: Johan Legraie
  • En mis talleres de danza me gusta mucho jugar con la intensidad: creamos, sin cambiar de lugar, un patrón de movimiento que aprendemos muy lento, luego lo aprendemos un poco más rápido; enseguida lo aprendemos despacio moviendo los pies y cada vez lo vamos aprendiendo más rápido sin dejar de mover los pies; el mismo patrón, lo aprendemos entonces moviendo los pies y desplazándonos a través del espacio… y así podemos ir variando. Si en determinado momento no dominamos alguno, regresamos al más simple, pasito a pasito. Jugamos con ello. Y cada uno hace, en esta dinámica, lo que quiere. Porque estamos aquí para divertirnos, para jugar. Esta es mi forma de ver la vida: un juego que nos permite disfrutar todo y al que hay que darle mucha seriedad. Porque no hay niño que no juegue en serio. Al mundo le hace falta aprender de nuevo lo que desaprendimos: a jugar.

  • Como bailarina, lo que propongo, y lo que a mí me gusta (pues uno termina haciendo siempre lo que le gusta), es entrenarme llegando a mis límites y, en eso, pasar mis límites, retarme. Puede haber dolor, pero no sufrimiento. Es una tontería, pero, a propósito de esto, hace poco recordaba un par de frases de la película Fight Club [El club de la pelea]. La primera frase dice: “¿Cómo puedes conocerte a ti mismo si nunca has estado en una pelea?”. Y la otra dice más o menos así: “Esa herida que tienes en la boca podría curarse muy fácil si tan sólo dejaras de lamértela”. Pero los humanos estamos acostumbrados a aprovechar el dolor para construir el sufrimiento, cuando el sufrimiento es evitable. El dolor puede existir, pero el sufrimiento no. Y la danza es esa forma de entrenar físicamente el cuerpo y la mente para ser fuertes, pero también para ser flexibles.
Foto: David Fflores Rubio

 

*Como escritor, es periodista y aficionado a la psicología social;es forofo del Atlas y practicante (siempre que se puede) del dolce far niente. No es especialista en nada. Correo electrónico: juanjose.floresnava@gmail.com