A DOS DE TRES CAÍDAS: La luna roja de octubre

No escribo sobre hechos propios de la nota roja, lo que sucede es que, en mi país, estado y municipio, la nota roja es ahora tema de ocho columnas y de editoriales con connotaciones e implicaciones políticas, económicas y por ende sociales.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico* /A los 4 Vientos

El día diecinueve de octubre del año 2017, quedará grabado en la memoria de muchos ensenadenses; ese día el puerto de Ensenada se encontró con la noticia de que arrojaron en distintas partes de la ciudad ocho cuerpos de personas torturadas y asesinadas.

, ocho PERSONAS, no ocho occisos. Ocho seres humanos asesinados, que en vida tuvieron nombre y familias. No, no son “ocho occisos” son los cuerpos de seis hombres y dos mujeres que fueron arrojados desnudos, como parte de algún mensaje criminal, contrario a los cadáveres encobijados, a los cuerpos de muertos embolsados o “enteipados”.

Lo más terrible es que estas apariciones ya no indignan a LA MAYORÍA DE LA POBLACIÓN, son tan comunes estas notas, que ya casi se acostumbran a escucharlas o leerlas como noticias del diario acontecer.

Terrible y patética situación. Porque eso implica, por una parte, que un sector de la sociedad ya no respeta el valor de la vida humana. Ya no se conmueve ante la muerte de otros y lo peor, no exige a sus autoridades que esta situación se frene.

En otros países por situaciones menos graves que lo que está pasando en México, se convierten en actos que llevan a la renuncia no solo de los mandos policiales o de investigación, sino que llegan hasta los jefes de los poderes ejecutivos.

¿Y en México y en Baja California por que no sucede esto? Pues porque la sociedad no actúa, no exige, la gente se queda callada.

Solo algunos cuantos se atreven a alzar la voz, para exigir que se combata la inseguridad y que se ponga un alto a la delincuencia común y al crimen organizado.

En primer plano, de derecha a izquierda el gobernador Francisco Vega y el alcalde de Ensenada, Marco Antonio Novelo. Foto: internet

Y la clase política solo atisba a hacer pronunciamientos tibios y coyunturales, cuando deberían actuar con fuerza y determinación para que, desde las esferas de los poderes legislativos, se enjuicie y sancione a los funcionarios incompetente, y para que se demanden estrategias que den resultados en esta materia.

Pero, eso no sucede aquí… Aquí solo se comenta la nota, se lamentan algunos y otros callan por temor.

Temor, sí, un temor que lo siente desde el más simple ciudadano, hasta los encargados de las policías preventivas y procuradoras de justicia.

Un temor que hace que se les doblen las piernas a los titulares de los ayuntamientos y del gobierno estatal mismo.

El discurso vano de que estos asesinatos son a consecuencia de luchas entre distintos carteles del crimen organizado, no alivian en nada la situación.

Por el contrario, estas declaraciones frívolas de que esas personas muertas, en vida no eran mansos corderitos, no es más que la insana justificación de autoridades mediocres y negligentes.

Para mí, esos homicidios son parte de una estrategia de terror, no únicamente entre carteles adversarios; esos hechos implican una estrategia de someter y generar temor entre la gente, pero particularmente entre los funcionarios, agentes y mandos policiacos.

No es un acto de terrorismo, pero al igual que los terroristas, los criminales en México pretenden usar el temor, para doblegar y para intimidar a las autoridades, para que los dejen actuar en lo que ellos denominan sus plazas, plazas que no son otra cosa más que las calles y zonas habitacionales de nuestras ciudades.

La Doctora Tania Gabriela Rodríguez Morales, en su trabajo El terrorismo y nuevas formas de terrorismo, cita a Jean-Marie Balencie quien define al terrorismo como “Una secuencia de actos de violencia, debidamente planificada y altamente mediatizada, que toma deliberadamente como blanco a objetivos no militares a fin de crear un clima de miedo e inseguridad, impresionar a la población e influir en los políticos con la intención de modificar los procesos de decisión (ceder, negociar, pagar, reprimir) y satisfacer unos objetivos (políticos, económicos o criminales) previamente definidos”

Por su parte, los investigadores mexicanos José Carlos Vázquez Parra y Juan Alberto Amézquita Zamora señalan que: El terror, el pánico o el miedo extremo, paralizan a aquel que lo sufre, incluso lo hacen dudar sobre sus posibilidades de enfrentar estas emociones tan intensas. El miedo vulnera al individuo desde lo más profundo de su ser, generando serios cuestionamientos de su actuar y su sentir (Galimberti 2002).

En la actualidad, el miedo se ha convertido en un sentimiento que casi se alberga desde el nacimiento, pues se vive en un mundo sumido en la incertidumbre y no existe mayor temor que pueda tener el ser humano que a aquello que le resulta incierto y desconocido (Vázquez 2013).

Por consiguiente, el arma del terror puede configurarse como un elemento que en este milenio toma un nuevo significado, en el que perder la sensación de seguridad, de certeza o protección de parte del Estado puede generar un claro malestar social entre la población.

Y coincido con ellos, estamos ante una estrategia criminal que pretende imponer su control en base al temor, al miedo… y en esto las autoridades deben actuar de forma eficaz, dando resultados para impedir esta estrategia y que la sociedad pueda sacudirse la apatía y el miedo para exigir resultados

Porque estamos en riesgo de llegar a extremos de violencia en donde a la desaparición de personas, el hallazgo de fosas clandestinas, el robo y el secuestro, se conviertan en una normalidad aterradora. Y eso no nos conviene a nadie.

Hoy la luna de octubre esta roja, roja de sangre y roja como luz de alerta para todos… ¿O no?

PD:  Yo también tengo miedo… ¡pero me lo aguanto!

* Jorge Arturo Ruiz Contreras. Biólogo. Ex subprocurador de Derechos Humanos y Protección Ciudadana en Ensenada. Asesor político de grupos parlamentarios en el Poder Legislativo de Baja California