Betly: Una ópera hecha con amor

Llegar temprano al teatro resulta un análisis de audiencia fascinante. Ahí frente ti están las personas con las que compartirás emociones, lágrimas, risas, y sorpresas. Extraños que por una hora y media se les pondrá la piel de gallina al mismo tiempo que tú, y con los cuales saliendo de la función compartirás el amor por una producción increíble y orgullosamente Baja Californiana.

Ana Paula Cortés*/ A los 4 vientos

El 24 de agosto de 1836 en el teatro Nuovo de Napoles se estrenó Betly, una ópera compuesta por Gaetano Donizetti que cuenta la historia de un sargento suizo que, velando por la felicidad de su hermana, compone una carta de amor para que ésta se case con un hombre de buen corazón y que se desvivía por ella.

A 181 años de su primer estreno en Italia, la Facultad de Artes de la UABC decidió que era el momento de lanzar su propia producción; inyectándole a la historia el toque mexicano que da a los relatos  extranjeros un toque picante, causante de carcajadas y ovaciones.

Con la Orquesta de Estudios Musicales (OCEM) a cargo del maestro Luis Salazar, el Coro de Centros de Estudios y el taller de ópera de la UABC con el liderazgo de Juan Carlos Villanueva, esta versión de Betly resultó un deleite para los amantes del arte, sin importar que todas las canciones fueran incomprensibles por su interpretación italiana.

La OCEM

El hermano de Betly, el Sargento Max Starner fue llevado a la vida por el barítono Kenneth Llanas Camacho que no solo interpretó las canciones con una vitalidad increíble, sino que su actuación fue simpática y gallarda, haciendo a todos los presentes disfrutar de su papel.

Por el otro lado, Daniel Birnman y Bettly, interpretados por el tenor David Gardea y la soprano Bertha Michelle Moreno Gutiérrez, no hicieron más que darle a la obra toneladas de talento, calidad y actuaciones que tenían al público anonadado.

Decir que la interpretación de Bertha Moreno fue buena queda cortó. No solo dio a los presentes una muestra del potencial de su voz, sino que yendo más allá ofreció una versión encantadora de Betly, quien entre canciones que dejarían a cualquier mortal rogando por aire y un caballito de tequila, mostró una actuación maravillosa de la joven que se enamoró a pesar de toda negativa.

Las voces y actuaciones fueron solo parte del universo merecedor de premio. La orquesta fue increíble, compuesta por músicos jóvenes y todavía estudiando quienes bajo el mando del maestro Salazar se merecen solo aplausos y gritos de celebración; la escenografía fue algo que no se había visto en mucho tiempo en Ensenada, construcciones que desde la entrada a la sala te dejaba con los ojos como platos.

Podía seguir con los halagos: el vestuario, los arreglos musicales, los diálogos graciosos y coloquiales pero por arriba de todo eso y como motor está el amor con el que toda la producción trabajó en esta obra.

A pesar de que este día es nacionalmente conocido como familiar y de holgazanería, el elenco ensayaba todos los domingos y dos de sus actores, entre ellos el maravilloso tenor David Gardea, viajaban desde Tijuana para estar en los ensayos. Sobra decir que todos los esfuerzos rindieron frutos porque la dedicación era palpable y no hubo error que impidiera al público salir enamorado de esta versión mexicana de la obra. 

Betly es una evidencia más de que si uno se lo propone, aunque sea una producción local por las cuales a veces no se da ni un peso, si hay amor, dedicación y sobre todo pasión, un proyecto puede llegar a ganarse el corazón del espectador más quisquilloso.

 

* Ana Paula Cortés Ruiz es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California, actual practicante en 4vientos. Ganó tercer lugar en el concurso anual “El joven y el mar” en el 2010 y aspira a ser una escritor publicada. Ha colaborado en medios periodísticos como La Gaceta UABC y  escrito para Caracol: museo de ciencias y acuario cuentos inspirados tanto en la fauna y flora de la Baja California, como en la cultura y costumbres de la península.