El recuento de los daños

“Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores.” 

Francesco Petrarca

No se puede medir el nivel de humanidad demostrada por los jóvenes y su respuesta ante la fatalidad. Principalmente ellos fueron ejemplo cívico, piadoso, solidario y de sacrificio. Debemos ser muy cuidadosos antes de emitir argumentos definitivos del secuestro cibernético del cual pensábamos, era inminente y tenía control y poder sobre las voluntades de la generación millenian y más jóvenes aún.

José Luis Treviño Flores* /A los 4 Vientos

Ellos, los jóvenes de hoy, eran señalados como egoístas, individualistas y víctimas del neoliberalismo, atrapados en la vorágine de las redes sociales, apáticos, insensibles, insalvables ya de un asomo humanista. 

¡Cuán equivocados estábamos!

La tecnología no ha superado aún a nuestra humanidad, ellos la convirtieron en servil vehículo de soluciones y comunicación efectiva y activa para llegar a tiempo y en gran número a salvar vidas a rescatar la dignidad de los cuerpos atrapados entre los escombros.

No permitamos que el heroísmo quedé tan solo en satisfacción altruista inherente, en la capacidad de dar sin esperar recompensa alguna.

Empoderemos la viabilidad de la autonomía organizativa y hagamos consciente que los ríos de hombres y mujeres que salieron a tomar el control relegando la incapacidad institucional, sepultando con los escombros mismos y con sus manos a un sistema obsoleto, tardío e incapaz. No salieron solo a preservar vidas, salieron a arrebatar al gobierno el último intento de convertir en telenovela la angustia de todo un pueblo. No, no deberá haber marcha atrás, no se permitirá que vuelvan a hacer lo de hace 32 años, habrán de responder por el crimen de permitir el enriquecimiento a costa de construcciones que fueron trampas mortales ante el embate de la naturaleza. Ningún alegato conciliador los salvará de su inminente salida del poder público y los empresarios voraces que en contubernio ayudaron edificar estructuras baratas a precios exorbitantes sin importarles las vidas de nadie, tendrán que pagar caro el homicidio.

Ya no podrán argumentar que los recursos públicos son insuficientes. Sabemos de los miles de millones de pesos que han sustraído y desviado y sabemos también que hay mucho más, que deberá usarse en la reconstrucción.

El pueblo, y en su mayoría los jóvenes, hombres y mujeres, rebasaron una vez más al gobierno y sus instituciones en tareas de rescate de víctimas del terromoto y apoyo a damnificados. Foto: Proceso

Ya no se puede ocultar el robo desmedido y obsceno. Se acabó la catarsis colectiva, ya no mendigaremos lo que nos pertenece; ya no podrán revendernos las migajas.

Ya no pueden ocultarse en la madriguera de su manada de hienas insaciables a reír a costa de la miseria generada. Ya nos dimos cuenta de que no controlan nada, sólo se ocultan tras un vidrio ahumado endeble fácil de romper. Una vez más quedaron evidenciados, en ridículo global. El mundo sabe la clase de sanguijuelas que son, así que cualquier iniciativa ciudadana y popular que se tome para eliminarlos del escenario político y social, será justificado, porque nos han matado, exterminado, con tal de salvaguardar su propia ambición.

El daño fue mucho, demasiado. Y los muertos antes y después del sismo son incontables a lo largo y ancho del territorio. Y no se compara, porque pese a la fuerza de la naturaleza las personas no murieron por su causa, sino por la incapacidad del Estado para prever y salvaguardar la integridad del -ya no- su pueblo, porque no nos merece.

El sismo pasó y las réplicas se agotan, pero el gobierno de Peña Nieto sigue asesinando y traicionando lo más sagrado que poseemos: nuestra patria y a nuestros compatriotas.

“La traición supone una cobardía y una depravación detestable.”

Barón de Holbach

* José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias.