¡Que se vayan todos, empezando con usted, señor presidente! (+ Video)

Cómo verbalizar el hecho de que en México la tragedia humana se expresa no sólo en guerras y catástrofes naturales, sino también en corruptelas que superan a la imaginación más avezada.

Alfredo García Galindo* /A los 4 Vientos

Quedamos sin voz frente a la audacia de estos políticos que son, por mucho, los peores habitantes de este país como nos deja ver el reportaje de Animal Político “La Estafa Maestra”. Ellos seguirán apostando a la desmemoria; al hecho trágico de que el resto de los ciudadanos seguiremos nuestras vidas cuando escampe la tormenta de las redes sociales.

Es la marca en nuestra historia reciente. La de ceder por omisión ante lo más innombrable del ejercicio del poder. Un rasgo que favorece el pragmatismo más villano en el desempeño de la administración pública, o sea –y en el mejor de los casos–, entregar a empresas de amigos contratos millonarios para de este modo cerrar el círculo del ganar-ganar-perder: gana el político, gana el amigo, pierde el país. Y digo “en el mejor de los casos” porque la otra opción supone un perverso homicidio social: crear empresas fantasma para que la ganancia sea completa.

Esa es hoy la infamia de la que hemos tenido noticia (aunque ya había sospechas) siendo los signatarios de semejante traición al país, personajes como Rosario Robles, Gerardo Ruiz Esparza, Emilio Lozoya, Ildefonso Guajardo y Alfredo del Mazo. Cabezas de una hidra de corrupción a la que también dan cuerpo muchos funcionarios, incluyendo los directivos de distintas universidades públicas.

Podemos asumir que los poderosos secretarios de Peña Nieto estaban al menos enterados porque un desfalco de estas proporciones no podía pasar desapercibido para ellos como titulares de sus dependencias, claro, a menos de que fueran increíblemente ineptos. ¿O es que acaso lo que se los permite es que el único limitado de luces es el presidente, tanto que no tiene idea de lo que hacen sus propios subordinados?

Fraude por un monto mayor de los 7 mil 760 millones de pesos, de los cuales 3 mil 400 fueron desviados a través de «empresas fantasmas» y triangulado la entrega del dinero con universidades públicas y privadas. Las dependencias involucradas son: Sedesol, durante la gestión de Rosario Robles Berlanga; Banobras, que tenía a Alfredo del Mazo Maza (4) -gobernador elector del Estado de México; la SEP en la época de Emilio Chuayffet; FOVISSSTE, con José Reyes Baeza Terrazas. También la Secretaría de Agricultura, cuyo titular era Enrique Martínez y Martínez; Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, con Alfredo Llorente Martínez; Registro Agrario Nacional, con Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez; Secretaría de Comunicaciones y Transportes con Gerardo Ruiz Esparza como secretario, y la Secretaría de Economía, con Ildefonso Guajardo). En Pemex los convenios empezaron a firmarse desde 2011 y continuaron en la gestión de Emilio Lozoya. Información y fotografía: Animal Político.

El caso es que un desfalco semejante agota las palabras que puedan describir el absurdo en que la política mexicana se ha convertido. La forma brutal en que nos confirman que son un verdadero cártel se reitera con el hecho de que los más de siete mil millones defraudados es sólo lo que hasta el momento ha sido rastreado por los reporteros. O sea, vaya manera más atroz de darle armas a López Obrador para confirmar que son la mafia del poder.

Justo es suponerlo: se trata de la generación política más podrida de la historia nacional pero ello justamente porque en buena medida nosotros se los hemos permitido a fuerza de conformarnos ante su vileza. Y ahí seguirán ellos; durmiendo el sueño de los impunes mientras nosotros como ciudadanía no hagamos algo más que cerrar los ojos ante nuestra desventura.

Es por ello que justo desde el fondo de esta sinrazón nacional la dignidad humana nos exige –si es que el orgullo patrio ya es un mero chistorete o una entelequia– gritar contra lo inadmisible. Ya ni siquiera como mexicanos necesariamente, sino como seres humanos que tuvieron la desgracia de nacer bajo el poder de estos tiranos y como personas que tienen derecho a una vida sin pobreza, sin violencia, sin desempleo, sin impunidad, sin corrupción.

 

Es entonces un imperativo ético involucrarnos en la movilización civil para exigirles que se vayan.

Que se vayan todos (como reclamaron los argentinos a sus políticos en 2001), comenzando por ese administrador de componendas que tenemos como presidente. Pero claro, no para que su hipotética partida la tratemos como un terremoto del cual no existen responsables, sino para exigir la vuelta de lo robado, el castigo a los culpables, la formación de las instituciones necesarias para que este holocausto político no vuelva a ocurrir, comenzando por una fiscalía anticorrupción que no sea encabezada por uno de los incondicionales de la pillería, como ese funcionario que hoy el PRI pretende imponer para garantizar su impunidad.

 

Imagen de portada:  Enrique Peña Nieto como presidente electo ofrece puestos a ciudadanos para su equipo de gobierno. Foto: Prensa EPN.

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 *Alfredo García Galindoes economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.