Eclipse solar en Caracol: Un evento con energía cegadora

Nuestros antepasados les temían, viendo en ellos un augurio de tragedia, guerras y devastadoras pestes, mas en estos tiempos modernos las arcaicas creencias se olvidan para abrir paso a un espectáculo que si bien no presagia devastación, resulta un momento místico: un eclipse solar.

Ana Paula Cortés* / A los 4 vientos

“Si estuvieran alineados perfectamente los dos planos de traslación, tanto el de la tierra sobre el sol, como el de la luna sobre la tierra, tendrías eclipses cada 15 días, uno de sol y uno de luna”, dijo el doctor en astrofísica disfrutando de su profesión como un ensenadense de los tacos de pescado. “Pero como no es así, sino que están ligeramente desalineados los dos planos, solo ocurren alrededor de cuatro eclipses al año”, concluyó Roberto Vázquez, investigador del Instituto de astronomía de la UNAM.

El doctor Vázquez junto con la sociedad de astrónomos de Ensenada fue uno de los muchos prestadores de servicio y dadores de conocimiento que hicieron a la fiesta mañanera del eclipse solar un evento digno de repetirse.

Museo Caracol abrió sus puertas desde temprano no solo para vender lentes protectores; sino que ofreció clases de pilates, yoga y meditación, actividad que si bien no son propias de las ciencias exactas, ayudó a los presentes a despejar el mal humor del lunes y así disfrutar de la tertulia espacial.

 

 

 

Durante el evento no hubo excusa para no poder ver el eclipse. Desde telescopios tanto de la sociedad astronómica como de la UNAM estuvieron colocados con expertos en el tema, hasta la transmisión en vivo de NASA con sus cámaras apuntadas en Salem, Oregón donde el eclipse se vivó en un 100%.

“El eclipse es total en algunas regiones de Estados Unidos pero aquí en Ensenada lo estamos viendo parcial, se va a cubrir un 55% o sea a las 10:24 am va a ser el máximo y luego va a proceder a salirse”, explicó Roberto Vázquez, un esclarecimiento que quizá llegó demasiado tarde para aquellos ensenadenses que se quedaron en sus casas a salvo esperando la sombra de la luna.

El eclipse solar no solo fue un evento digno de contemplarse con la protección adecuada; más allá de su naturaleza, fue una ventana para que los seres humanos comunes y corrientes que se dedican a ser policías, secretarios, estudiantes y doctores por mencionar algunos, tuvieran la oportunidad de conocer por medio de expertos y aficionados con preparación de sobra, las realidades del universo que nos rodea.

Algunas historias mundanas que se desmintieron son que no solo durante los eclipses se debe de evitar ver al sol directamente; sino que es una instrucción diaria. Los animales y mascotas no corren peligro porque su curiosidad por los fenómenos astronómicos es nulo, no voltean al sol por instinto; y, rompiendo un mito que aun así continuará pasándose de generación en generación: las embarazadas no se ven afectadas por el eclipse gracias a su pequeña masa a la cual la luna no tiene alcancé.

Más de 200 personas asistieron a Museo Caracol el 21 de agosto, teniendo una dedicación apasionada a la difusión de la ciencia que les hizo abrir sus puertas incluso en día de descanso.

Instituciones como UNAM, Caracol y la Sociedad Astronómica, con sus respectivas figuras y protagonistas son la clave para la propagación de la ciencia; es hora de romper la barrera que hay entre científicos y sociedad, y desmentir la anticuada creencia de que no cualquiera puede entender lo que sucede en la naturaleza. Un eclipse solar que iluminó en Ensenada más que un paisaje.

 

* Ana Paula Cortés Ruiz es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California, actual practicante en 4vientos. Ganó tercer lugar en el concurso anual “El joven y el mar” en el 2010 y aspira a ser una escritor publicada. Ha colaborado en medios periodísticos como La Gaceta UABC y  escrito para Caracol: museo de ciencias y acuario cuentos inspirados tanto en la fauna y flora de la Baja California, como en la cultura y costumbres de la península.