A DOS DE TRES CAÍDAS: Cuando los muertos gritan

Arturo Ruiz*, El Súper Cívico / A los 4 Vientos / Foto Principal: La Vanguardia.

¡QUÉ PENA!

¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, la mismas ventas
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida tuviera
–esta vida nuestra–
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
y los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!

¡Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

León Felipe, Poeta Español (1884-1968)

 

Gritan los muertos su asombro, no, no todos los muertos solo aquellos sorprendidos por su absurda muerte. Gritan los muertos su sorpresa, gritan aterrados porque no entienden el por qué han muerto.

Duelen los muertos de España, de Francia, de Rusia, de Siria, de Afganistán y de tantos otros sitios… los hombres y los nombres cambian, incluso los de las naciones, pero no los muertos… esos siguen siendo humanos que mueren en manos de otros humanos. ¿Humanos? Sí, humanos sin humanismo, esos que justifican sus asesinatos con códigos y reglas de guerra, quienes justifican sus ataquen en aras del interés patrio, de ideales políticos.

Vaya, ¡matan hasta en nombre de dios! De los dioses de cada uno de los combatientes.

Los muertos de la guerra y de ataques de odio, mueren en tiempos aciagos, en donde sombríos fundamentalistas de estados teocráticos que hacen de la religión su ley, y de humanos que se inmolan en nombre de su dios para matar a otras personas.

Niño muerto en la crisis siria (Foto. HispanTV).

Mueren por órdenes de jefes de estado que defienden intereses económicos supranacionales, mientras enarbolan discursos democráticos y de derechos humanos, para matar personas y derrocar gobiernos y así poder usurpar sus tierras y sus recursos.

Otros matan en nombre de supuestas supremacías raciales… y los muertos gritan su asombro, su dolor. Gritan ya muertos. y sus gritos son silenciosos para llegar hasta los sordos oídos de sus asesinos y a las conciencias de los vivos que aún no entienden… que ninguna muerte se justifica, ni en nombre de la patria, ni de la raza ni aun en nombre de dios.

Y en Baja California y México, también duelen los muertos, los desparecidos también muertos, que gritan en fosas clandestinas.

Esos muertos también gritan y claman justicia, aunque sean muertos impíos.

Cinco jóvenes ejecutados sobre la carretera federal Chilpancingo-Iguala. Foto: José I. Hernández / Cuartoscuro.com.

En México sangra la tierra no solo por los muertos enterrados clandestinamente, que gritan sin ser oídos para ser encontrados por los suyos. Nuestra tierra sangra también por los muertos que mueren por abandono, por falta de atención y por desnutrición…

Gritan los muertos su asombro, su terror y pidiendo justicia. Y tu… ¿los escuchas?

Pero en fin mientras creamos que esos muertos no son nuestros, seguiremos sordos, ciegos y mudos…¿O no?

* Jorge Arturo Ruiz Contreras. Biólogo. Ex subprocurador de Derechos Humanos y Protección Ciudadana en Ensenada. Asesor político de grupos parlamentarios en el Poder Legislativo de Baja California