Peña Nieto y Julión. Retratos de una desventura: la nuestra

Las fotos de Julión Álvarez con el presidente Enrique Peña Nieto muestran a un hombre agradecido con la vida. Es la mueca alegre de quien se siente seguro y sin nada que temer. La de esa tranquilidad no necesariamente anclada en una conciencia limpia, sino que es la de quien duerme con la confianza de ser un bienquerido del poder.

Alfredo García Galindo* / A los 4 Vientos

Así era hasta que vino el Departamento del Tesoro de Estados Unidos a señalar la posible complicidad del cantante y del futbolista Rafael Márquez con el crimen organizado. De ahí la premura del presidente y de todas las figuras públicas por borrar de sus espacios las fotos que los vincularan con los indiciados, como si esa misma prisa no hiciera que dichas imágenes quedaran aún más en la memoria de quienes las habíamos visto.

Es en ese contexto que podemos suponer (con una imaginación que ni siquiera tiene que ser muy suspicaz), que si las acusaciones se corroboran como ciertas, se reivindicará el hecho de que la crisis de las instituciones está en el plano de una inoperancia no sólo de funcionamiento sino también de autoridad moral.

La simple idea de que un presunto delincuente pueda formar parte del círculo de amigos de nuestro más alto funcionario nos sugiere que en el árbol del poder sólo pueden trepar los más desprovistos de integridad y decencia, o que –como puede sugerir el que alguna instancia del gobierno ya tenía registros de los nombres señalados- la ineptitud institucional es de tal grado que ni siquiera la reputación del presidente se encuentra a salvo de los errores de comunicación de sus propios subordinados.

Así es. Las imágenes del presidente con Julión son tan elocuentes como diagnóstico de nuestro presente que todas las excusas que en adelante pudiera esgrimir no harían más que atizar la grita y el chacoteo frente a este disparate cotidiano en que se ha convertido la política nacional.

Vaya que ya nos había regalado Peña Nieto la surreal anécdota de afirmar al cantante como ejemplo a seguir por la juventud mexicana, para lo cual no obstaba que las interpretaciones que impulsaron inicialmente la fama del chiapaneco se centraban en la violencia, las drogas, las armas y la vida de los narcotraficantes.

Fama que, por cierto, Televisa se encargó de promover al hacer de Julión Álvarez un personaje central entre las luminarias de la música que suele impulsar y Manuel Velasco de proyectar al presentarlo también como su amigo y como hijo pródigo del estado que él malgobierna. De hecho, nos quedó claro que esa amistad de ambos políticos con el cantante (o su relación mediática, si sólo era eso) no se movió un ápice pese al escándalo que Julión provocó al señalar que una mujer no sirve si no sabe trapear.

En este tenor, semejante atentado del presidente a la prudencia puede expresarse en forma de preguntas. ¿Cómo caminar en un terreno tan minado por la sinrazón política que representa un presidente que se toma fotos con un personaje de tal polémica? ¿Cómo no creer que vivimos en un Estado casi fallido cuando los grandes pecados de los amigos de nuestros políticos se desnudan en países extranjeros?    

Estas preguntas no surgen necesariamente por el asunto ventilado en estos días sino por la colección de relaciones vergonzantes que el presidente se ha encargado de hacer muy larga y cuyos testimonios están a la orden de cualquier búsqueda en internet. Hasta pareciera que Peña Nieto no termina de experimentar en la cabeza (no ajena) de su propio pasado, porque habrá que decir que al final del día, si Álvarez en realidad es una víctima extremadamente ingenua, las imágenes de Peña Nieto abrazando a exgobernadores hoy perseguidos por la ley, se han quedado como tesoros del absurdo que en pocos lustros destellarán con fuerza en los libros de nuestra historia.

“Un hombre de convicciones, de lealtad para la gente a quien hoy le está pidiendo su confianza… Representa a las nuevas generaciones”, fueron las palabras de Enrique Peña Nieto para elogiar al entonces candidato priista a gobernador de Veracruz. Asistieron con invitados de honor al cierre de campaña de Duarte, el entonces gobernador del Estado de México y Angélica Rivera quien era en ese tiempo su prometida.aún era su prometida.

En fin que esta es nuestra cruda realidad. Una desventura colectiva que deseáramos fuese sólo una alucinación. Una descomposición institucional contemporánea que únicamente puede tratarse de tú a tú con la crisis social que la acompaña. Y ahí están algunos de los que encarnan esa dupla: Un presidente que hasta hace unos días presumía su compadrazgo con un cantante de narcocorridos y ese mismo cantante que ante las acusaciones en su contra afirma que está siendo víctima de envidias.

Imagen de portada: El presidente Enrique Peña Nieto, en su visita a Chiapas en marzo 25 de 2015 reconoció a Julión Álvarez como “figura ejemplar para los jóvenes”. Dijo EPN en ese acto realizado en el Polyforum Mesoamericano en Tuxtla Gutiérrez: “A Julión Álvarez, muchas gracias. Un joven talento de Chiapas. Un joven que ha destacado, que ha representado a su tierra, y me da mucho gusto que sea un gran ejemplo para la juventud mexicana”: Foto: Internet/ Proceso.

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 *Alfredo García Galindoes economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.