«En México la muerte es moneda de cambio»: sociólogo; necrocultura, narcopolítica e impunidad, potenciadores de la violencia

México enfrenta una crisis de violencia sin precedentes, que siembra muertos por todo el territorio nacional. Tan sólo este fin de semana sobresalieron 54 víctimas en los estados de Veracruz, Sinaloa, Nayarit, Zacatecas, Guanajuato, Oaxaca, Guerrero, Estado de México y Baja California Sur.

Iván Gutiérrez

En Zacatecas fueron encontrados 14 muertos dentro de una fosa clandestina, en Nayarit 7  y en Sinaloa otros 5 cuerpos; en plena vacacional, un grupo de sicarios ejecutó a 3 personas y dejó heridas a otras 2 en Playa Palmilla, de San José del Cabo, Baja California Sur.

Un cuerpo embolsado fue hallado en la colonia Prensa Nacional, municipio de Tlalnepantla, Estado de México. Una doctora fue encontrada asesinada con violencia y decapitada en la misma entidad. Otra mujer, madre de tres hijos y viuda de un policía municipal, fue asesinada en la búsqueda de justicia para su esposo. 

En junio el país vivió el mes más violento en los últimos 20 años, con 2 mil 234 homicidios dolosos. Y la muerte sólo asciende. Ante el escenario de un país incendiado con sangre es urgente preguntarnos cuál es el origen de tanta violencia y muerte a nuestro alrededor. Para ello, 4vientos se dio a la tarea de entrevistar al joven sociólogo Ricardo Betancourt, tesista de la Universidad Autónoma de México (UNAM) en la Ciudad de México. A continuación una transcripción de su análisis. 

“El aumento de la violencia que estamos viviendo en todo el país no se debe a una ‘ruptura de pactos’ entre narcotraficantes, sino a un fenómeno complejo que surge a partir del descabezamiento de los grandes líderes”, expuso el sociólogo.  

“Cuando viene la Iniciativa Mérida con Felipe Calderón (que es cuando inicia la guerra contra el narcotráfico), la estrategia es descabezar a los cárteles de la droga, bajo la lógica de que es más fácil acabar con el problema si se combate a grupos pequeños y desorganizados.

“Sin embargo, esta estrategia lo que logró es justamente eso: fragmentar al narco en pequeñas células menos organizadas, pero más violentas. El diagnóstico de que sería más fácil acabar con el narco fragmentado fue erróneo. El narco no se ha debilitado porque todo el tiempo se está nutriendo de nuevas personas, todo el tiempo están alimentando sus filas gracias a las malas condiciones en las que vive la población: se alimenta de la pobreza, del hambre.

“En ese sentido, la lectura oficial con la que arrancó la Iniciativa Mérida fue totalmente reduccionista y errónea, y ahora estemos pagando los costos de tanta violencia fragmentada. La violencia no se le puede atribuir sólo a los grandes cárteles, sino a los pequeños grupos que se han desprendido de este descabezamiento.

El sociólogo expuso que un punto clave del problema ha sido que todos los grupos criminales tienen acuerdos con actores políticos desde hace años, lo que ha promovido un clima de total impunidad en el país. Así mismo, mencionó que “la otra lectura errónea es pensar que los cárteles de la droga sólo se dedican al narcotráfico, cuando en realidad hay que entenderlo como crimen organizado, que se dedica a más de 20 delitos: trata de blancas, venta de órganos, venta de armas, extorsiones, secuestros, robo de combustible y un largo, largo etcétera.

“Y no sólo eso, el crimen organizado también se ha valido de la legalidad, por ejemplo, creando empresas fantasmas para poder lavar el dinero: la economía legal se nutre de la entrada de dinero ilegal. Por ejemplo, se comprobó que HSBC le lava dinero al Cartel de Sinaloa, algo que replican muchos bancos con otros grupos criminales, y esta semana vimos el caso de Rafael Márquez y Julión Álvarez, también acusados de lavar dinero para el narcotráfico.

“En los Panama Papers se demostró que un montón del dinero que pasa a los paraísos fiscales —donde nadie tiene control de cuánto dinero tiene alguien ni de las cantidades de dinero que se manejan, donde no hay ninguna fiscalización— viene del crimen organizado. Un montón de ese dinero se va al capital financiero, se bursatiliza a través de crear empresas fantasmas y así se fiscaliza. Para eso hay muchísimas empresas fantasmas, cientos de miles.

“En términos generales podemos mencionar que la violencia está a la alza por las siguientes razones: la fallida estrategia del gobierno para combatir al crimen organizado (Iniciativa Mérida), las condiciones sociales de pobreza y marginación que facilitan el reclutamiento de nuevos criminales, el colapso del sistema de impartición de justicia, la integración de la economía ilegal con la legal, y los grupos de políticos-empresarios que trabajan de la mano con el crimen organizado, en lo que llamamos “narcopolítica”.

 

 

México muerto: la necrocultura como norma

En términos de la cultura, la nuestra se ha vuelto una “necrocultura”, expuso Ricardo Betancourt, al referirse a una cultura donde el acto de asesinar a alguien, “el acto de matar se normalizó. Esta cultura de la indiferencia ante la muerte y la vida tiene sus raíces en el mestizaje y las culturas prehispánicas, pero las condiciones actuales de violencia, impunidad y miseria la han profundizado”.

Recuerdo un ejemplo de hace unos años, en que una doctora del IMSS fue secuestrada, torturada y envenenada por una familia como venganza por un supuesto parto mal atendido. Entonces vemos este fenómeno normalizado: cada persona, cada grupo de gente se siente con la libertad de poder “levantar” a alguien; en Culiacán, Tamaulipas, Estado de México así sucede, los criminales ven a un rival en la calle y dicen “hijo de su puta madre, vamos a levantarlo”, esa es la solución, lo levantamos y lo matamos, y si es mujer la violamos primero.

“Sería más fácil pensar que hay un solo gran grupo organizado que ejerce la violencia contra el pueblo, pero no, vemos que es el pueblo atacando al pueblo, en lo que se volvió una ´necrocultura´, donde la muerte es moneda de cambio.

Por ejemplo, tú eres la doctora del IMSS, te sale mal un parto y esa familia te levanta y muy probablemente te mata; no son un grupo del crimen organizado, pero se sienten con la libertad de poder hacer eso. El problema también es que hay tanta impunidad que saben que este tipo de actos no van a ser castigados. Nos estamos acercando a la anarquía total, que en varias entidades del país ya lleva tiempo instalada”.