José Luis Cuevas: La polémica del arte mexicano

«El artista crea sus propios mitos, y el más importante de éstos es el mito de sí mismo» – José Luis Cuevas

Ana Paula Cortés*/A los 4 vientos

La galería 184, a esquina de segunda y blancarte, es uno de esos espacios que trasmiten espontaneidad. Un espacio creado por el placer de mostrar el arte en sus formas más innovadoras y transmitir la cultura.

Es en estos espacios pequeños y simétricos donde resulta inevitable que la concurrencia comparta diálogo: reencuentros ruidosos después de años de no verse, nuevos proyectos en la maleta, trabajos actuales que mantienen a uno feliz.

Conocidos o extraños, todos estamos a la espera de lo mismo: conocer un poco más (o por primera vez) la peculiar vida de José Luis Cuevas, un hombre que brilló por su obra y particular vanidad, yéndose de este mundo como la vivió: con polémica.

A cargo de la plática estuvo Armando Franco, un artista plástico nacido en la Ciudad de México que ha consolidado su carrera en este municipio con hambre de arte, que vestido con una saco y pantalón de mezclilla a lo moderno nos guió por la vida y obra del pintor.

Suerte tuvo el maestro Franco de ver con sus propios ojos y conocer a Cuevas en Tijuana, al cual describió como un hombre “con una personalidad muy fuerte, agresivo que manejaba al público de una manera muy espectacular”.  Haciendo notar a cada paso esa emoción que solo un verdadero fan trasmite al hablar de una de sus inspiraciones.

El todólogo del arte, siendo escultor, pintor, grabador, dibujante e incluso escritor nació en el callejón del Triunfo en la Ciudad de México, una zona digna de una novela negra donde vivió su infancia rodeado de lo que más adelante serían la inspiración para sus obras: prostitución, enfermedades, adivinas, curanderas, miseria y cadáveres.

El arte estaba de su lado, o por lo menos en su sangre por parte de su madre -amante de la música y la pintura- , y teniendo papel y lápiz de sobra -gracias a que su abuelo era dueño de una fábrica con productos de estos materiales- fue un artista autodidacta que creció para derrocar a la pintura muralista que antes de él estaba en auge.

Su talento lo llevo a ganar innumerables premios como el primer lugar Internacional de Dibujo en el bienal de Sao Paulo en 1959, el premio nacional de Bellas Artes por el gobierno de México en 1981, y la Orden de Caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa en 1991; sin embargo, como atestiguó Franco, Cuevas era un mexicano típico, en constante contacto con su lado salvaje, de mente caliente y siempre listo para la batalla ya fuera verbal o física.

La plática sobre este personaje que trasmite sentimientos encontrados finalizó con un video del mismísimo José Luis hablando sobre la muerte -tema que siempre le obsesionó- proyección que asombró a los presentes por exhibir a una persona atractiva, con voz ronca, palabras firmes e incluso poéticas como si declamara al hablar, acompañada de una mirada de fuego y unos labios en perenne sonrisa socarrona.

José Luis Cuevas es de esos personajes que ya son parte del legado de un país como el nuestro, que jamás se terminará de entender. Quizá el ser incomprendido viene junto con el paquete del talento, solo que él decidió agregarle salsa a sus tacos para ser recordado no solo como un as del arte plástica; sino como un hombre digno de recordarse por generaciones.

 

* Ana Paula Cortés Ruiz es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California, actual practicante en 4vientos. Ganó tercer lugar en el concurso anual “El joven y el mar” en el 2010 y aspira a ser una escritor publicada. Ha colaborado en medios periodísticos como La Gaceta UABC y  escrito para Caracol: museo de ciencias y acuario cuentos inspirados tanto en la fauna y flora de la Baja California, como en la cultura y costumbres de la península.