Pendejismo Crónico: una reflexión sobre la estupidez desde la psicología y la costumbre popular (parte 2 de 3)

“En 1995 McArthur Wheeler entró en dos bancos de Pittsburgh y los robó a plena luz del día, sin ningún intento visible de disfraz. Fue arrestado esa noche, menos de una hora después de que videocintas de él tomadas de las cámaras de seguridad fueran transmitidas en las noticias de las 11. Cuando la policía le enseñó las cintas de vigilancia, el Señor Wheeler las miró incrédulo. “Pero si yo llevaba el jugo”, masculló. Aparentemente, el señor Wheeler estaba bajo la impresión de que frotarse la cara con jugo de limón le hacía invisible hacia las cámaras de seguridad” (Fuocco, 1996, como se citó en Kruger & Dunning, 1999)[1].

Luis Cuauhtémoc Treviño / A los 4 Vientos

Quizás el ilustre Señor Wheeler pensó que como el limón sirve para hacer la tinta invisible, entonces, tal vez, también podría haberlo hecho invisible a él durante las grabaciones. Por supuesto que no era ningún idiota, así que, con espíritu científico, decidió ejecutar un pequeño experimento sobre su hipótesis para comprobar si estaba o no en lo correcto. Esto lo señala Errol Morris en su artículo para el New York Times[2].

Dice Morris que el Señor Wheeler procedió a tomarse fotografías él mismo con su cámara Polaroid tras haberse untado la cara con el jugo de limón, y que la fotografía resultante parecía comprobar su hipótesis. Por supuesto, el sargento Long propone tres simples alternativas: “a) la película estaba mal, b) Wheeler no ajustó correctamente la cámara o c) Wheeler apuntó la cámara lejos de su cara en el momento crítico en el que tomó la fotografía”. Por supuesto que debió haber sido alguna de esas; quiero decir: ¿quién sería tan pendejo como para siquiera pensar en semejante posibilidad?

No obstante, todo esto parecía ser tan sencillamente irreal para Michael Fuoco (el autor del artículo original donde se mostraba la noticia)[3], que decidió seguir indagando al respecto.

El hombre sin rostro (Foto: Internet)

Y así fue (como lo presenta Errol Morris) que en un artículo que continuaba la noticia, Fuoco nos cuenta cómo charló con diversos agentes de la policía de Pittsburg que estuvieron involucrados en el arresto de Wheeler. Fue el comandante Ronald Freeman quien le aseguró a Fuoco lo de los experimentos con la Polaroid, y el sargento Wally Long dio algunos detalles extras — “Aunque Wheeler reportó que el jugo de limón estaba quemándole la cara y los ojos, y que estaba teniendo problemas (para ver) y que tuvo que entrecerrar los ojos, él había probado la teoría, y parecía funcionar”.

       Por increíble que parezca, esta noticia es un hecho documentado, y sucedió en realidad. Fue este acontecimiento el que inspiró a David Dunning para reclutar a su estudiante, ya graduado para entonces, Justin Kruger para realizar un estudio bajo el yugo de la universidad de Cornell, el cual fue publicado en 1999 en la revista Personalidad y psicología social, bajo el nombre “Inhabilitado y sin saberlo: Cómo la dificultad para reconocer la incompetencia de uno mismo conduce hacia infladas autoevaluaciones» (Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments). Un estudio que se haría bastante famoso en el mundo de la psicología, con los resultados de su investigación pasando a ser conocidos simplemente como “el efecto Dunning-Kruger”.

Para la realización del estudio, Dunning y Kruger realizaron las siguientes predicciones:

  • Predicción 1. Los individuos incompetentes, comparados con sus más competentes compañeros, dramáticamente sobreestimarán su habilidad y desempeño en relación con el criterio objetivo.
  • Predicción 2. Los individuos incompetentes sufrirán de deficientes habilidades metacognitivas, en tanto que serán menos capaces que sus más competentes compañeros para reconocer la competencia cuando la vean – séase la suya o la de alguien más-.
  • Predicción 3. Los individuos incompetentes serán menos capaces que sus más competentes compañeros para obtener una percepción interior (insight)[4] sobre su verdadero nivel de desempeño por medio de la comparación social de información. En particular, por su dificultad de reconocer la competencia en otros, los individuos incompetentes serán incapaces de usar la información acerca de las decisiones y el desempeño de otros para formarse más adecuadas impresiones de su propia habilidad.
  • Predicción 4. Los incompetentes pueden ganar una percepción interior acerca de sus defectos, pero esto se da (paradójicamente) haciéndolos más competentes, proveyéndolos así de las habilidades metacognitivas necesarias para ser capaces de darse cuenta de que se han desarrollado pobremente.

Para esto se les pidió a los individuos autoevaluarse, indicándoles que proporcionaran su desempeño percibido en las pruebas y su habilidad general (conforme lo que estuviera evaluándose), y después se comparó con su puntaje obtenido en la prueba. Esto sirvió para darse una idea de cómo se consideraban los sujetos a sí mismos conforme a los demás en su habilidad general y después en su desempeño.

El estudió abarcó al sentido del humor, al razonamiento lógico, a la gramática y a la competencia como medio para la calibración; es decir, que la capacitación del incapaz le hace capaz para reconocer que es incapaz. Además, se evaluó el efecto de las habilidades metacognitivas en la inflación de las autoevaluaciones por parte de los incompetentes.

Obra artística de El Greco (imagen tomada de internet)

En resumen, se encontró que entre más incompetente en el área se era, más se tendía a sobreestimar la habilidad general que se tiene sobre la materia y sobre el desempeño que se hace de la misma. Los menos graciosos se consideraban más graciosos cuando en realidad se encontraban muy por debajo de la media, así lo mismo con los que menos eficientes eran en cuanto al razonamiento lógico y la gramática. Dejo aquí las gráficas del estudio original para quien sea un entendido en la estadística, y para esto se aclara que está el estudio medido en percentiles y cuartiles. Aunque, en realidad, la diferencia es tan abismalmente obvia que puede notarse a simple vista, las implicaciones estadísticas las entenderán quienes les entiendan.

 

Sentido del humor

Razonamiento lógico

Gramática

 

Aquí no estoy para discutir cómo solucionaron Dunning y Kruger el problema estadístico del efecto de regresión, ni tampoco para reportar la significancia de los resultados ni qué tanta fue. He de recordar que éste no es un ensayo académico en norma (aunque sí en su esencia, ya que creo que, quien sea, como productor de conocimiento, siempre debe utilizar sus referencias, para que, por si se equivoca, que le refuten, no vaya uno a estar diciendo una sarta de pendejadas sin darse cuenta), ya que nunca falta el sabelotodo que siempre va de lugar en lugar corrigiendo las opiniones y las tesis de todo el mundo. Para ellos es que las pongo, y para los curiosos.

Regresando con el estudio, en él se plantea pues que las habilidades que son necesarias para reconocer un fallo o pobre desempeño en cualquier índole, son en primer lugar las habilidades que se necesitan para poder realizarlo de manera correcta en primer lugar; es decir, uno no podrá reconocer una decisión estúpida porque las habilidades necesarias para tomar una decisión correcta todavía no se han adquirido.

Imagen de Internet

Ahora bien, también se aclara que no en todos los campos se considerará un individuo superior a la media, existen límites. Probablemente cualquiera admitirá que no sabe de física nuclear ni de química en farmacobiología. De hecho, para que alguien se sobreestime debe tener, aunque sea (según el estudio), cierto grado de conocimiento sobre el tema, o cierto tipo de introducción en éste para que llegue alguien a considerarse como ultracapaz. No importa si ese nivel de acercamiento es tan mínimo. De nuevo, como lo dice Morris: “Sí, somos estúpidos, pero no así de estúpidos”[5].

       Hablan entonces Dunning y Kruger de una paradoja en el sentido de que “la manera de hacer que los individuos incompetentes puedan darse cuenta de su propia incompetencia es haciéndolos competentes”. Bueno, adquirir competencia no significa necesariamente convertirse en un experto para entender que no se tiene la habilidad suficiente como para realizar algo, sino que hay que tener el conocimiento suficiente para reconocer que no se tiene el conocimiento suficiente. Sin embargo, hace falta conocer bien ese algo para saber cuándo, cómo, dónde y por qué nos hemos equivocado. En otras palabras: hay que tener un poquito de humildad.

       Por ejemplo, hace mucho tiempo compuse este “poema”, al cual intitulé como El fin de la nobleza:

Oh, ¿cuándo se han terminado los palpitares en los corazones de los hombres?, ¿dónde han terminado los susurros de anhelo que antaño calentaban los aires del invierno?, ¿por qué ha de terminar de consumirse esta mecha que alumbraba el sendero del prójimo para el prójimo? Se acaba allá donde la hermandad de los hombres termina de fingir su existencia, allá donde ningún grito es escuchado por los otros, aunque todos se miren los labios. ¡¡¡Retumban en los recovecos de los placeres culposos de la evasión las pequeñas muecas en las comisuras de la indiferencia!!!

       He de saber lo suficiente como para entender que la obra no es tanto un poema tradicional, tal vez sea una prosa. He de saber que no he cumplido las reglas que sé que existen pero que ignoro cuáles son. En otras palabras, soy lo suficientemente capaz como para saber que la producción no es perfecta en ningún sentido, y que me he equivocado al realizarla, y sin embargo no logro reconocer dónde, cuándo, cómo ni por qué lo he hecho. Ya que, a pesar de que he leído varios poemas con anterioridad, no he estudiado poesía.  

Imagen de Internet

Sin embargo, conozco muchas personas que claman ser buenos escribiendo, pero que resultan demasiado cacofónicos en sus ensayos, proveyendo argumentos débiles, y que aun cuando se les muestra dónde está el error, no comprenden el porqué y de todas formas continúan pensando que es el profesor quien está en su contra. O personas que creen poder construir una novela después de haber leído las fofas novelas populares para adolescentes (aunque hay sus excepciones dentro del grupo).

Para esto, Dunning y Kruger hacen la siguiente pregunta: “¿Entonces por qué no han aprendido?” ¿Por qué no han aprendido si la vida es tan larga? ¿Qué acaso no han tenido ya que haber entendido su falta de capacidad durante su desempeño en la vida? ¿No habrán tenido que ver por sí mismos las deficiencias en sus estrategias? ¿Por qué no pueden siquiera darse cuenta? Bueno, para esto proponen que en realidad se recibe muy poca realimentación negativa acerca de las habilidades y capacidades en la vida cotidiana. Además, “incluso los niños son familiares con la noción «si no tienes nada bueno que decir, entonces no digas nada». De igual forma, algunas situaciones impiden al sujeto recibir información autocorrectiva del subóptimo desempeño de sus acciones y decisiones. Por último, lo que considero más importante:

“Incluso si las personas reciben realimentación negativa, necesitan llegar a un adecuado entendimiento sobre por qué la falla ha ocurrido. El problema con la falla es que está sujeta hacia más ambigüedad atributiva que al éxito. Para que el éxito ocurra muchas cosas deben resultar bien: la persona debe ser habilidosa, realizar esfuerzo, y tal vez ser un poco suertuda. Para que el fracaso ocurra, la ausencia de cualquiera de estos componentes es suficiente. Debido a esto, incluso si la gente recibe realimentación que indica una falta de habilidad, podrían atribuirlo a otro factor” (Kruger & Dunning, 1999).

En general, desde hace unos párrafos, me he dedicado a construir la respuesta sobre por qué es que los pendejos creen no serlo, y en general, por qué no dejan de serlo.

En psicología también existe algo llamado teorías implícitas (que estaré llamando como TI), las cuales son también conocidas como teorías ingenuas o “de sentido común”. Esto hace referencia al hecho de que no son teorías científicas. Pero, en sí, las teorías implícitas son definidas de la siguiente manera:

“Un conjunto de creencias que un individuo posee respecto a cómo son las personas, la naturaleza humana y/o los grupos sociales. Estos conocimientos se organizan de modo más o menos coherente y establecen relaciones entre los diferentes aspectos de la realidad” (Estrada et al., 2007)[6].

Inostrosa y Qiujada las describen de esta forma[7]:

“Las teorías implícitas son conexiones entre unidades de información aprendidas implícitamente por asociación y a partir de experiencias en grupos sociales reducidos, con el fin de inferir sobre sucesos y planificar el comportamiento. Es muy difícil que cambien…” (Inostrosa & Quijada, 2001).

Estrada y su equipo proponen los siguientes tipos de teorías implícitas:

  • Sobre la personalidad
  • Sobre la naturaleza humana y
  • Sobre la naturaleza de los grupos sociales

Pronto pasaré a explicar por qué se relaciona esto a la pendejez. En las TI sobre la personalidad son mediante las cuales se hacen inferencias sobre la persona a partir de lo que de ella se conoce; es decir, la idea o concepto global que nos formamos de una persona. “La existencia de TIP parece responder a nuestra necesidad de ‘conocer’, ‘controlar’ y ‘predecir’ el comportamiento de quienes se encuentran en nuestro ambiente social” (Estrada et al., 2007).

El lobo con piel de oveja (internet/ madrimasd.org)

Las TI sobre la naturaleza humana son las ideas generales sobre el humano en sí, y aquí se engloban todas las teorías sobre la bondad y maldad de la humanidad, su maleabilidad, su forma de ser, etc. De igual forma se incluye al locus de control; es decir, la forma en que percibimos que nuestro comportamiento es resultado, ya sea de factores internos a nosotros o externos. Así, las TI sobre la naturaleza humana también incluyen a la inteligencia, el carácter moral y en general la concepción del mundo. Esto resulta en la teoría implícita entitativista; es decir, centrada sobre el individuo y su identidad general, y la teoría implícita incrementalista, es decir, abierta a la interpretación en base a las circunstancias, con juicios no de causa-efecto, sino de proceso.

Sin embargo, vivimos en una sociedad bastante despersonalizada e individualista, y por la ley del menor esfuerzo (que no es un término que me esté inventando) es que tendemos a generalizar, para asimilar con mayor facilidad el entorno y a los demás. Creemos entender al otro y los otros por conocer cosas banales. Ya decía Lacan que tan solo el nombre de un individuo se vuelve sinónimo de éste, aunque no sea representativo del mismo; quiero decir, el decir que alguien se llama de tal manera no da ningún indicio sobre la identidad y la individualidad del sujeto, y aun así nos predisponemos a lo contrario. Un ejemplo:

Tuve un profesor en la universidad, de nombre José Guadalupe. Él es un hombre muy alto, muy blanco y barbón, y se viste con ropa semi-formal. Nos platicó en alguna ocasión los problemas que tenía a veces para que le llamaran tras dejar su currículum tras haberse graduado. Un día se presentó para una entrevista, después de esperar algún tiempo. Al entrar le preguntó la recepcionista

  • ¿Tú eres José Guadalupe?
  • Sí, ¿por qué? Respondió mi profesor.
  • No, nomás. Es que te imaginaba de otra forma.

Incluso sin haberle visto ya le imaginaban prieto, chaparro, idiota y zarrapastroso. Sólo porque se tiene la creencia popular de que los nombres en “exceso mexicanos” vienen de familias pobres. Con razón tenía problemas para que le contrataran tras apenas haberse graduado…

Pero, regresando a las TI. Es natural que un pendejo no pueda dejar de ser pendejo, cuando todos nos regimos por el mundo a base de heurísticos; es decir, soluciones y patrones de acción sobregeneralizados. Esto es normal, ya que nos ayuda a encontrar a veces soluciones más rápidas y sencillas, y nos evitamos tanto problema. Suelen funcionar en muchos casos, pero recordemos que las habilidades necesarias para reconocer la incompetencia son las mismas habilidades que se necesitan para desenvolverse eficientemente en donde la incompetencia debe reconocerse. Bien así, terminamos realizando acciones incorrectas, inconexas, ineficaces y estúpidas en base a la toma de decisiones igual de inútil gracias a que vivimos ignorando la ignorancia que tenemos, así como el Señor McArthur Wheeler fue tan pendejo como para hacer lo que hizo.

Y si bien las acciones del Señor Wheeler parecen increíbles, la misma revista donde se presentó esa noticia también menciona el caso de un pendejo que se presentó en un restaurante de comida rápida para llenar una solicitud de empleo, en donde dio sus datos: nombre correcto, número del seguro social y domicilio. Unos minutos más tarde decidió regresar a robar el lugar, como lo menciona Morris. También están los múltiples casos de pendejos que se visten de mujer para ir a robar dinero, creyendo que el estúpido disfraz puede funcionar[8]. O el caso del imbécil que inició sesión de Facebook en la computadora de quien estaba robando y después fue arrestado[9] por ello. Aún mejor: la mujer que quería bajar rápido de peso y tuvo la increíble idea de ingerir una lombriz solitaria para bajar rápido de peso, ya que OBVIAMENTE, como las solitarias no te dejan engordar[10]… Hago el favor de recordar, que todos son casos documentados.

Simplemente nuestra propia incompetencia nos protege de reconocer nuestra propia incompetencia al realizar incompetentes desempeños, y así seguiremos pensando que nos hemos desenvuelto suficientemente bien, igual de bien que los demás, o incluso mejor que la media.

En otras palabras, podremos llegar, cagarla, hacer una sarta de pendejadas y retirarnos tan felices, así como llegamos, creyendo que nos ha ido bien. Sin embargo, ya habremos impreso socialmente nuestra imagen de pendejos ante los demás tras haber llegado para joder y ni cuenta habernos dado. Todo por esa tendencia que mencionan Estrada y su equipo de “conocer, controlar y predecir”.

Por lo mismo, un jefe puede ser un pendejo, aunque sea muy competente. Por mamón y clasista. En este caso, aunque no pueda acusársele de pendejo en su ámbito laboral (es decir, que comprenda todas las categorías y características que me he dedicado a explicar), de todas formas, sigue sin saber cómo interactuar. Pensará él que se ve muy imponente con su pedantería, pero en realidad es un idiota: ignora su incompetencia social. Además, sus teorías implícitas le llevan a pensar muy dicotómicamente, polarizadamente. Completamente un entitativista, que cree que lo sabe todo por conocer los rasgos más perceptibles de los otros. Pero no es el único entitativista, todos lo somos, ya que al cerebro no le gusta batallar con la información. Pero no quiere decir que podamos ser ambos, entitativistas e incrementalistas. Aunque a veces seamos más uno que otro.

En resumen: todos estamos pendejos a nuestra manera, sólo que algunos sabemos lidiar con ello para ser menos pendejos cada día, y algunos ni siquiera saben lo pendejos que están. Y, sin embargo, ¿qué haríamos sin ningún pendejo que nos hiciera reír con su incompetencia de vez en cuando? Aun así, es mejor reírse de los demás pendejos, que ser el pendejo de los demás. Como dijo Charles Darwin alguna vez (1871): “La ignorancia con más frecuencia engendra confidencia, que conocimiento”.[11]

Si la traducción que he hecho le suena un poco rara al lector, le pido lea la nota 11. En la tercera y última parte abordaremos una conclusión para todo esto que he venido exponiendo desde la parte anterior, así como una reflexión sobre la necesidad de la ignorancia y los beneficios que ésta genera, así como lo que no sabemos del no saber de la ignorancia.

   [1] Kruger, J., & Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: how difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of personality and social psychology, 77(6), 1121.

[2] Morris, E. (2010). The Anosognosic’s Dilemma: Something’s Wrong but You’ll Never Know What It Is (Part 1). [online] Opinionator. Available at: https://opinionator.blogs.nytimes.com/2010/06/20/the-anosognosics-dilemma-1/ [Accessed 15 Jul. 2017].

[3] Michael A. Fuoco, “Trial and Error: They had Larceny in their Hearts, but little in their Heads,” Pittsburgh Post-Gazette, March 21, 1996.

[4] Usaré este término a falta de una traducción del término en inglés insight, que a secas es así utilizado en todos los documentos de psicología en español, aunque estos no sean de origen inglés y su producción original sea hispana. Desde el inglés su definición es la siguiente: “La habilidad para discernir la verdadera naturaleza de una situación, especialmente por la intuición; una percepción producida por esta habilidad”, según el American herritage dictionary of the english language. https://ahdictionary.com/word/search.html?q=insight

[5] Morris, E. (2010). The Anosognosic’s Dilemma: Something’s Wrong but You’ll Never Know What It Is (Part 1). [online] Opinionator. Available at: https://opinionator.blogs.nytimes.com/2010/06/20/the-anosognosics-dilemma-1/ [Accessed 15 Jul. 2017].

[6] Estrada, C., Oyarzún, M., & Yzerbyt, V. (2007). Teorías implícitas y esencialismo psicológico: herramientas conceptuales para el estudio de las relaciones entre y dentro de los grupos. Psykhe (Santiago), 16(1), 111-121.

[7] Inostrosa, C. and Quijada, Y. (2001). TEORIAS IMPLICITAS: APRENDIZAJE E IMPLICACIONES|Apsique. [online] Apsique.cl. Available at: http://www.apsique.cl/wiki/ApreImpli [Accessed 27 Jul. 2017].

[8] https://patch.com/maryland/glenburnie/man-dresses-woman-rob-bank-police
http://kxan.com/2017/03/09/watch-men-dressed-as-women-jump-counter-rob-jewelry-store/

[9] http://abcnews.go.com/US/alleged-burglar-logs-facebook-victims-computer/story?id=24280108

[10] http://www.today.com/health/iowa-woman-tries-tapeworm-diet-prompts-doctor-warning-6C10935746

[11] Decidí traducir “confidence” como confidencia y no confianza, ya que confidencia se define en la RAE como “Confianza estrecha e íntima”, mientas que confianza como “seguridad que se tiene de sí mismo”. Sin embargo, al ser uno un pendejo, esa confianza es estrecha e “íntima” en el sentido de que nadie concuerda con la proyección que el pendejo quiere dar a conocer de sí mismo…

Imagen de portada: El hombre invisible (Foto: Internet/ Perú.com)

luis-cuauhtemoc-trevino*Luis Cuauhtémoc Treviño. Estudiante de las carreras de Artes Visuales y de Psicología en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), ensayista y escritor. Habla francés e inglés, está cursando actualmente alemán y portugués.