La corrupción del Sistema Nacional Anticorrupción

El tamaño de las dificultades que ha enfrentado la instauración del llamado Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), es la prueba más elocuente de la resistencia que la clase política nacional tiene a transparentar el ejercicio de sus obligaciones. Así, el tira y afloja que en el senado se está dando para decidir los nombramientos faltantes (el titular de la fiscalía y los magistrados anticorrupción) habla de que ninguno de los partidos y demás involucrados tiene la disposición de proceder sin antes dejar a buen resguardo sus intereses.

Alfredo García Galindo / A los 4 Vientos

Por otra parte, y como lo hemos dicho en este espacio, la dilación del SNA no debería obstar para que los sistemas anticorrupción en los estados avanzara; pero si asumimos que igualmente en cada entidad federativa las pugnas (incluso intrapartidistas), son cosa de todos los días, pues más podemos entender porqué en la mayoría de ellos está ocurriendo algo parecido al espectáculo vergonzoso que los encargados de fundar al SNA nos están dando.

Así, mientras todo mundo en el senado sigue haciendo gala de retórica vacía, es decir, de la urgencia de que el sistema sea en verdad “operante y autónomo”, la realidad es que se siguen estorbando entre sí las componendas propias de la política clientelar y mafiosa que domina a este país en todos los niveles y, curiosamente, se acusan entre ellos de estar entorpeciendo la definición de los cargos por cuidarse de colocar a incondicionales de sus bancadas en los puestos en los que faltan los nombramientos referidos.

Mecánica legislatica, cartón de Carreño, publicado en El Universal.

Y si hablamos de las inconsistencias con las que arrancaría el sistema -aun si se procediera tersamente con los nombramientos pendientes-, es que está en riesgo de nacer como un órgano casi consultivo si se ve impedido por aspectos tan particulares como el de no poder investigar el proceder de la PGR ni nombrar a sus agentes del ministerio público. En semejante escenario, ¿cómo evitar que el presidente o el poder judicial sigan actuando en forma discrecional si su desempeño ético queda sólo a expensas de su buena voluntad?

Es justo ahí donde más resuena la ausencia de dicho sistema si asumimos que, en efecto, no ha sido la ética la hoja de ruta elegida por nuestros políticos de mayor jerarquía como lo muestra el mismo presidente de la república con el vergonzoso caso de su casa blanca. 

Si por otra parte, alguien dijera que dotar de autoridad e independencia suficiente a un sistema anticorrupción equivaldría a crear una especie de cuarto poder, habría que preguntarle si no acaso la crisis moral en la que se encuentran hundidas las instituciones mexicanas obliga a que otra instancia llene el vacío que ha dejado la única gran reforma que los gobiernos de los últimos sexenios han evadido: la reforma del estado.

Cartón publicado en el periódico digital Sociedad 3.0

Y la han evadido por su resistencia y la de sus partidos a dejar de creer que el poder político no tiene otro fin más que el enriquecimiento personal. Ello lo demuestra precisamente el nivel que ha alcanzado la corrupción de la que han dado muestra funcionarios, altos burócratas y partidos; en otras palabras, la corrupción se ha convertido para ellos en una forma de vida, en una suerte de idiosincrasia o cosmovisión.

Aún así, quizás sea justo dar el beneficio de la duda al SNA; y podemos hacerlo. El problema es que el diagnóstico de lo probable se enturbia tanto, que manda al largo plazo la esperanza de que los resultados sean tan categóricos como el nivel de la descomposición política lo exige.

Digamos que al final permanece la incertidumbre sobre la verdadera utilidad, alcances y legitimidad del SNA, al menos en las condiciones con las que está haciendo su aparición. Si la ciudadanización de un órgano semejante era lo recomendable dada la falta de autoridad moral de prácticamente toda la clase política nacional, los jaloneos por las cuotas partidistas nos indican que tenemos elementos suficientes para sentirnos ofendidos. Ofendidos por corroborar que ni siquiera a la hora de crear un órgano contra la corrupción esta misma clase política tiene intención de hacer a un lado sus perversiones.

Imagen de portada: Mural de José Clemente Orozco, quien lo pintó entre 1934 y 1935 para expresar su repudio por la crueldad y corrupción de la sociedad moderna. Este mural está como obra permanente en el Museo del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México. Foto publicada en playbuzz.com

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 Alfredo García Galindoes economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.