Sirenas: crónica de una denuncia sublime (Galería de fotos)

Libromar, meca literaria, refugio de lectores, artistas y pensadores. Esta noche los libreros le han abierto paso a un escenario de madera. Como lleva haciendo desde que abrió sus puertas, el Foro Cultural Libromar se prepara para inaugurar una nueva propuesta teatral: el Teatro Corto Sirenas, una puesta en escena cuyo centro son las criaturas marinas, la danza y el abuso contra la mujer.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

Entre el público hay murmullos, miradas perdidas que tratan de imaginar los matices de la obra que están por presenciar. Una cosa es segura: de esta experiencia saldrán con el alma sublimada.

Tras llenarse la sala dan la tercera llamada, no sin que antes el director Omar Domínguez comparta unas palabras con el público: “Esperamos que disfruten la obra, que les provoque una catarsis y les dé un aporte a la conciencia social, de manera que al salir lo hagan cambiados, porque para eso es el arte, para cambiar”.

Se apagan las luces y comienza la función con la “Obertura: el Canto de las Sirenas”, acto interpretado por la joven actriz, Alejandra Yáñez, quien hace poco participara en la increíble puesta en escena de “El Contenedor”.

Un rayo marino inunda la estancia junto con el coro hipnótico de criaturas mitológicas. Las olas arrullan el presente mientras en el escenario baila una musa. Un hombre trajeado se acerca y pregunta “¿Sabes dónde estamos?”. Inicia la pieza microteatral “Zona de Avistamiento”.

Movimiento y diálogos que expresan la esencia de sirena, mujer de mar que conquista la tierra de los hombres. Un baile simétrico en altamar sacude la vida. Luego se despide Marina, dejando al pobre marino confundido: “En altamar no hay tiempo ni espacio, sólo sirenas”, le dirá su compañero veterano.

En esta parte del viaje surreal el paseo recae sobre las preguntas que las finas doncellas generan en la conciencia de los marineros: “Ella soñaba con ser cantante…”. “¿La sirena no canta ya?”, “Qué va, eso es un mito”.

Inicia un número musical que conmueve el alma al bailar una voz sobre las notas de un bolero, mientras las sirenas se esconden a un costado del barco. Suben y danzan los seres que vuelan y caen como sueños, entes que se arrastran y aplastan el tiempo, desmembrando leyes en la convulsión de  sus cuerpos invadidos por la música.

Procede la lectura dramatizada de testimonios reales. “Todo el mundo dejó de girar. Todo se detuvo. La muerte se paró cerca…”. Confesiones de un coro que carga dolores, tristezas, aperturas de mujeres abusadas sin distinción de edad, en un país donde poder parir es motivo suficiente para ser violada, asesinada, amedrentada, sometida. Dato lamentable: en la actualidad mexicana solo 6 de cada 100 ataques sexuales llegan a ser denunciadas por las víctimas.

Una por una pasan las sirenas a compartir sus lamentos: “Han pasado 4 años, pero los recuerdos perduran. Me siento impotente, incapaz, estoy plagado de sentimientos, de miedo, culpa…”. Las luces acarician las sombras mientras las féminas tejen sus historias de abuso en el aire, experiencias que miles de mujeres sufren alrededor del país por la prepotencia de seres que son más bestias que hombres y la complicidad de autoridades depredadoras y mediocres.

Suena un piano y los seres petrificados sobre el escenario reactivan su ritual, expresando el dolor de los relatos entremezclados con las cuerdas de un violín. “Bien sabes que lo que querías…”, “Ella empezó, ella me lo pidió”, son las justificaciones que recuerda con rencor una mirada perdida.

El espacio limitado no es frontera para la expresión. Se oyen las olas. El mar es caricia que arropa la llaga, fuerza que mece el cuerpo transgredido. “Tenía 8 años cuando comenzó mi pesadilla. Fui abusada por mi primo. Él era 8 años mayor que yo. Primero comenzó tocándome…”.

En la mente se dibuja el discurso violento y los sentidos perversos detrás de las manos siniestras, inmorales, cobardes. El silencio de la estancia se vuelve pesado conforme procede y se agrava el relato del abuso: “Me violó cuando tenía 18, y me dijo que podía tenerme cuando él quisiera. Continuó violándome durante 8 años más… Desde entonces odio estar en la misma habitación donde hay un hombre…”. De su voz emana la frustración, el fantasma del grito de denuncia que nunca emitió y que pudo haber cambiado todo. “Se llevó mi dignidad, mis ganas de vivir…”.

Duelen las palabras, duelen porque vienen de la realidad. En la boca del estómago se coloca la pesadez de la injusticia que se expresa al suspirar. Una sirena se aferra al silencio. “¿No quieres contar tu historia? No estás sola, siempre hay esperanza, alguien que te ama, no dejes que maten tu alma. Nosotras te escucharemos”.

De la fuerza de compartir dolencias brota una luz que las manos estrechan. Los cuerpos se abren y liberan las penas. Baila el rencor, se retuerce la distorsión del cuerpo sobre la plataforma que lucha contra su propia represión: expulsa a la muerte por los poros. Se acaba poco a poco la música, reposa la sirena y se esfuma la luz. Truenan con potencia los aplausos, insuficientes, injustos. La función ha terminado. Hemos cambiado.

La propuesta de Teatro Corto Sirenas es una obra a cargo de Catalejo Teatro y Cuerpo Expresivo Danza Contemporánea, y se estará presentando en el Foro Cultural Libromar, todos los jueves del mes de Julio. 

Costo: $50 pesos
Informes: 1565138

Boulevard Costero 263, entre Miramar y Macheros.

Estacionamiento gratis para clientes en Plaza Marina

Próximas funciones:

Jueves 13 de Julio 2017

Jueves 20 de Julio 2017

Jueves 27 de Julio 2017