LOS PERROS GUARDIANES: Eclipse de bala. Seis años sin Facundo Cabral

“Por el poder de una palabra vuelvo a recomenzar mi

vida, yo nací para nombrarte, para conocerte Libertad”.

Paul Éluard.

Rael Salvador* / A los 4 vientos

Ensenada, B.C.

I

Sueño recurrente

Facundo

           Lento, como la miseria, el tiro me seguía en sueños.

            Andaba como ido, caminando de aquí para allá, que la sala de redacción me parecía una pecera.

            Lo venía venir y, pestañeando, el ojo que mira los sueños estallaba en un Sol que se oscurecía.

            Eclipse de bala: incrustada, todo concluía.

            De marzo a julio de 2011, el terror onírico fue recurrente.

            Lo comentaba con mis allegados y, a horas inapropiadas de la noche, al final de la edición, terminábamos en un bar hablando de Freud y de Jung, para arremeter con Lacan.

            El 9 de marzo dediqué el primer número de Palabra a Facundo Cabral, el 9 de julio, tristeza de por medio, elaboraba un suplemento luctuoso a nuestra amistad y su memoria.

            Después de tantos años de encuentros y entrevistas, nos habíamos despedido un año atrás: vital y estremecedoramente lúcido, ya sin voz y lastimado por el recurrente cáncer en la vejiga (quimioterapia y cirugía, “regalo de la dictadura argentina”), la fiesta no había terminado.

            Un tiro en la cabeza, que no merecía, pudo.

II

El crimen fue en la madrugada

            En la noche nadie duerme.

            En vela televisiva, Facundo permanece despierto.

            Los otros, en lo suyo: los criminales, perros rondando el hotel; Henry Fariñas, en la turbiedad nocturna de sus negocios ilícitos; Percy Llanos, el representante de la gira, consultando en la computadora el itinerario del viaje de regreso: salir de Guatemala rumbo a Panamá, de ahí “El Chacho y Facundo se van por la puerta 16 rumbo a Buenos Aires, yo por la 24 rumbo a Caracas”.

            Es gratuito el viaje del hotel Grand Tikal Futura al aeropuerto. A diez minutos en taxi de servicio incluido, la irresponsable necedad de Fariñas se impone.

            Abordan la Ranger Rover blanca y en la oscura avenida Liberación la metralla irrumpe en sorpresa de emboscada.

            Julio 9 de 2011, día de la Independencia en Guatemala. Son las 5:23 de la mañana y, siempre
en diálogo, Facundo no termina la frase: “Me comprometí con Niko Baker para ir a San Jo…” Una lluvia de cristales penetra en un arco iris de caos y luminosidad trágica; son tres los proyectiles que impactan a Cabral: frente, brazo y tórax. Nadie grita, nadie alerta, se impone el sordo estruendo de la tragedia.
El tiro, relámpago de sangre y sesos, es fulminante.
Escindido el cráneo, rostro apacible, la cabeza por inercia encuentra el hombro izquierdo. Las palabras recientes, “Me comprometí…”, dan paso al suspiro último.

            Lo demás, por los medios de comunicación, lo sabemos y ya no viene al caso.

III

Contra la impunidad

            Sombras de la época, el blanco del atentado era el empresario del espectáculo Henry Fariñas, ordenado por el costarricense Alejandro José Jiménez González, alias “El Palidejo”, quien se encontraba deseoso de “ajustar cuentas” por discrepancias en sus ilícitas relaciones de negocios (Fariñas se negó a venderle un centro nocturno que tenía en San José, Costa Rica).

            El amable de Fariñas, herido en el tiroteo, se encuentra bajo arresto –18 años, por lavado de dinero– en un presidio de Nicaragua.

            Los asesinos materiales, Byron Cortez Lima y René Lima Muralles, purgarán 84 años de cárcel, y Gustavo Camey Amaya, enfrenta la condena de 83 años. Los otros, Elgin Enrique Vargas Hernández y Wilfred Allaan Stokes Arnold, deberán pagar 53 años por asesinato en grado de tentativa y por encubrimiento propio. Juan Hernández Sánchez y Audelino García Lima, pasarán medio siglo tras las rejas también por asesinato en grado de tentativa.

            Tras el absurdo de los hechos sangrientos, acaecidos hace 6 años, el autor intelectual, Alejandro Jiménez González, alias “El Palidejo”, atrapado en Colombia en 2012, trasladado a Guatemala –5 años para sentenciarle– recibe la condena a “30 años de prisión por asesinato del cantautor argentino Facundo Cabral” y “20 años más por asesinato en grado de tentativa, contra su ex socio Henry Fariñas”: 5 décadas de mala sombra.

Alejandro Jiménez, EL “Palidejo”, detenido el 13 de marzo de 2012 Foto: AFP / Luis Acosta.

            Se asegura  que “El Palidejo” era el contacto entre la delincuencia de Colombia y el Cartel de Sinaloa, liderado en México por Joaquín “El Chapo” Guzmán, actualmente extraditado y preso en los Estados Unidos.

            Tan chico es el mundo, y aun así hay a quienes les queda grande.

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com