VANGUARDIA: 2018, la necesaria alianza entre AMLO y la candidata indígena

La historia no se detiene, avanza, progresa, se concreta en aquello que llamamos presente. Hoy son evidentes las consecuencias de la maniobra que el poder neoliberal —incluidos empresarios, intelectuales, artistas y filósofos— emprendió a finales del siglo XX, al declarar (con o sin intención) que la historia había terminado con la caída del Muro de Berlín, afrimando con ello que no había ningún otro proyecto humano posible y declarando así al capitalismo como el vencedor de la historia universal.

Iván Gutiérrez

Pues lo siento señores, la historia sigue su curso, las ideas siguen nutriéndose de los errores, y las crisis del capital se siguen acumulando.

Al igual que en otras épocas históricas, hoy nos encontramos en lo que podemos llamar una coyuntura política de gran envergadura. México, país de nadie, país de todos y todas, es el punto central de una confrontación que bien podríamos declarar milenaria: la de todos contra los pocos, la de los que oprimen contra los oprimidos, la del pueblo contra su gobierno.

Tras las fraudulentas elecciones en el Estado de México, Nayarit, Veracruz y Coahuila, quedó más que demostrado que el cártel más siniestro a nivel nacional no cederá fácilmente ante la voluntad popular de cambiar el régimen político en nuestro país.

No pudo ser más claro el fraude electoral, sin embargo, con toda la complicidad de un instituto creado para validar la corrupción, el INE demostró no estar a la altura del pensamiento de cambio que alcanza  a todos los rincones del país. Por el contrario, vimos la cobardía de la ceguera, vimos que la negligencia e impunidad estructura del PRI alcanza hasta a las más altas autoridades electorales.

También pudimos ser testigos de que Morena no será capaz de ganar los comicios en 2018, al menos, no por sí solo. Y no es de culpar a sus militantes de ello, pues quién no tendría miedo de salir a defender el voto si al despertar apareciera una cabeza de cerdo en la puerta de su casa.

Lo que vimos en este ensayo electoral con miras al 2018 es que la maquinaria priísta está dispuesta a amenazar, secuestrar, vandalizar, golpear, violar y asesinar con tal de conservar el poder; como todo buen tirano, matará a todo el pueblo de hambre antes que ceder Los Pinos.

Sin embargo, también es preciso señalar que AMLO no ha sido el más inteligente en algunos aspectos. Si bien fue acertada su postura de no ceder ante el PRD, quizás debió reflexionar un poco antes de dar el aviso de que Morena va solo (junto con el PT) para el 2018.

No sé si peco de ingenuo, pero al menos en mi humilde análisis político, un horizonte de victoria popular se asoma en las próximas elecciones. Sin embargo, para alcanzarlo es preciso que López Obrador dé un paso definitivo, con el que demostraría absolutamente que su intención es lo mejor para México y que, contrario a lo que vomitan sus detractores por todos los medios, está enfermo de poder.

A pesar del fraude electoral, Deflina Gómez y López Obrador demostraron en los comicios del Estado de México que Morena es la fuerza política más grande entre los partidos mexicanos.

La jugada es extremadamente simple, y consiste en ceder el puesto principal en la carrera a la presidencial para utilizar la plataforma política de Morena en favor de los muchos. Es decir, si AMLO quiere pasar a la historia de México como un estadista, como un verdadero hombre de visión y ejecución política en favor de las clases populares, debe unir fuerzas con la candidata indígena propuesta por el CNI.

¿Por qué? Número uno, porque entre grandes sectores de la población persiste la imagen que Televisa construyó sobre López Obrador, es decir, la de un loco obsesionado con el poder que convertirá a México en otra Venezuela (como si nosotros no estuviéramos peor que Venezuela…).

Por todos lados asoma ese prejuicio, esa incapacidad de asimilar a Obrador como presidente de la nación; así pues, la guerra mediática contra el presidente de Morena ha calado hondo en gran parte del electorado, y las reacciones del dirigente en recientes entrevistas no han sido muy favorables para erradicar esa imagen.

Por otro lado, “Marychuy”, la candidata electa por el Consejo Nacional Indígena, ha incorporado en su discurso una lucha que AMLO se ha negado a tomar: la crítica contra el capitalismo, denunciando cómo en su faceta neoliberal este sistema despoja a los pueblos de recursos y tierras en favor de las trasnacionales.

Así, a pesar de la propaganda de colores izquierdistas y el dedo que condena a la “mafia del poder”, el discurso de Obrador no ha trascendido hasta la crítica económica, sino que ha colocado todo el mal del país en la corrupción política de los dirigentes nacionales.

¿Qué pasaría entonces si hubiera una sinergia entre estos dos frentes? ¿Qué proyecto podría nacer si Morena, una fuerza político-electoral fuerte y organizada a nivel nacional, se aliara con el proyecto anti-capitalista indígena, que más que votos, busca la organización del pueblo desde las bases?

¿Y qué pasaría si en este frente si integrara el Dr. Mireles —luchador social que cuenta con gran respalda ciudadano a nivel nacional— y la propuesta intelectual independiente de #Ahora —Emilio Álvarez Icaza, Denisse Dresser, Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer—, en conjunto con los cientos de millones de ciudadanos hartos de vivir en la violencia, pobreza y miseria del México contemporáneo? Yo les diré que sucedería: una revolución imparable.

Si bien éstas son meras suposiciones y en los planes de los actores políticos antes mencionados seguramente transcurre otro guion, es válido comenzar a plantear posibles escenarios para el año tremendo que significará el 2018 en México y el mundo entero. Estados Unidos no está perdiendo el tiempo, y ya ha comenzado la ofensiva en coordinación con la partidocracia mexicana.

El plan es evidente: militarizar México para imponer un clima de terror que impida llevar a cabo elecciones democráticas y limpias el próximo año. Desde el gobierno federal Peña y su gabinete están promoviendo la Ley de Seguridad Interior, mientras que en “el otro lado” actores políticos han comenzado a realizar declaraciones como “El ejército de Estados Unidos debe intervenir en México” o “Los cárteles mexicanos está aliados con ISIS”.

Así pues, la derecha norteamericana ya contempla que el cambio se avecina, y como lo hiciera en el siglo pasado con el Plan Cóndor y las dictaduras militares latinoamericanas, buscará utilizar la fuerza bruta y despiadada para frenar los intentos de la izquierda por alcanzar el poder en México.

No debemos permitir que el ejército tome las calles, pues las reiteradas violaciones a los derechos humanos y los más 200,000 asesinados nos han demostrado que esta estrategia sólo genera muerte. Ayotzinapa y Nochixtlan han sido la advertencia, ahora nos corresponde a nosotros evitar que se repitan estos escenarios a nivel nacional; es momento de defender la libertad.

Concluyo mi análisis de esta semana recordando que ya ha pasado 1 mes de impunidad tras el asesinato cobarde de Javier Valdez, periodista intrépido, valiente y honrado, a quien le quitaran la vida cobardemente en una calle del centro de Culiacán. En nuestra memoria perdura su recuerdo y su coraje, y esta semana el periodista de Proceso, Álvaro Delgado, puso en alto la dignidad del gremio al desplegar en un acto presidencial una manta con el mensaje que todos exigimos: “Basta de sangre. Rectifique presidente”. Porque la verdad no se mata, matando periodistas.