1 año de Nochixtlán: Crónica de un homenaje a la dignidad mexicana (+VIDEOS)

Ondula y baila la bandera mexicana sobre el malecón de Ensenada a las 12:30pm del domingo 18 de Junio. En el aire hay un clima cálido agradable como sólo puede haber en nuestro puerto.  Turistas y porteños caminan a paso templado por la plaza cívica, contemplando su alrededor con aire despreocupado mientras disfrutan el rato de ocio que la agotadora rutina laboral les permite gozar cada fin de semana.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

Este escenario es cotidiano en la “bella cenicienta del pacífico”: una atmósfera de pasividad y calma donde el tiempo no pasa. Por fortuna, este domingo un grupo de ciudadanos ha decidido gritar a los 4 vientos que las injusticias nacionales también duelen en este extremo del país, con el objetivo de recordarle al pueblo de Ensenada que ignorar las catástrofes del hermano sureño sólo nos lleva a sufrirlas, eventualmente, con más fuerza.

Hoy la indiferencia se rompe de forma violenta con recuerdos de la sangre derramada a causa de una reforma laboral disfrazada de educativa. Nochixtlán vive, Oaxaca vive, la CNTE vive y la resistencia persiste, levanta el puño encabronado y le dice a las fuerzas armadas que no, que ellos no entiende el diálogo del garrote.

Esta tarde reposan nuestros muertos sobre el pasto de la plaza cívica. Demostrando que nuestra ciudad todavía conserva un mínimo de dignidad, un pequeño gran grupo de ciudadanos, maestros jubilados y miembros del Colectivo Magisterial Ensenadense-CNTE han preparado un homenaje a la masacre ocurrida el año pasado en la comunidad de Asunción Nochixtlán, Oaxaca, en la que murieron ocho personas y 108 resultaron heridas .

Sobre las tumbas de cartón reposan cruces hechas con flores que aseguran paz eterna, mientras letras ensangrentadas nombran el crimen de Estado ordenado por el gobierno federal el 19 de Junio del 2016. Silvano Rosa Chávez, Omar González Santiago, Yalid Jiménez Santiago, Jesús Cadena Sánchez, Anselmo Cruz Aquino, Antonio Pérez García, Oscar Luna Aguilar y Oscar Nicolás Santiago, 8 nombres extraviados en el dolor que significa perder a un hermano, como sucede cada vez que el tiempo se expande al pasar la lista de los 43 normalistas de Ayotzinapa que nos hacen falta.

“Estamos conmemorando la tragedia de Nochixtlán y protestando contra la Ley de Seguridad Interior, que de aprobarse le permitiría al ejército reprimir manifestaciones pacíficas utilizando la fuerza letal, es una ley que representaría un grave retroceso en materia de respeto a los derechos humanos”, informa una señora de la tercera edad a uno de los ciudadanos que pasan frente al funeral simbólico.

Sobre las lápidas se encuentran distribuidos fragmentos del texto “Nochixtlán: cronología de un crimen de Estado”, narración elaborada a partir de una recopilación de los hechos registrados en Nochixtlán por la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Oaxaca, y enriquecida con testimonios de maestros que vivieron la masacre del 19 de Junio del 2016.

Al lado del cementerio una imagen violenta golpea la coraza del ciudadano acostumbrado a la no preocupación, al recordarle que la posibilidad de un golpe militar en México no está muy alejada de la realidad. Sobre el pasto reposa una manta que exhibe un país cubierto de sangre, pisoteado por un par de botas militares que son acompañadas por un mensaje contundente: “No a la Ley de Seguridad Interior”.

Desde que en 2006 Felipe Calderón sacó al Ejército Mexicano a las calles el país carga con más de 150 mil asesinados y 30 mil desaparecidos por las fuerzas federales, producto de una estrategia absurda para erradicar al narcotráfico.

Detrás del México ensangrentado hay dos personas sentadas y amordazadas con una bolsa negra en la cabeza, representando una escena siniestra que hemos visto reproducirse a lo largo y ancho del país: la tortura y las ejecuciones sumarias realizadas con total impunidad por el ejército mexicano. “Yo no sé nada”, grita desesperado uno de los amordazados. “Esta persona podrías ser tú”, reza un cartel a sus pies.

Hoy el porteño tiene de frente una muestra de la catástrofe que podría instalarse en Baja California, que vemos acercarse lentamente con el incremento de la delincuencia y la supuesta disputa de narcotraficantes por la plaza de Ensenada, ambos fenómenos anclados con las intenciones del gobernador por militarizar la seguridad pública en el estado. Es por eso que el esfuerzo de este domingo tiene tanto peso: es un llamado a despertar, es una ventana al posible futuro desastroso que aún estamos a tiempo de evitar.

Hoy Ensenada ha decidido estirar sus brazos y estrechar el dolor de sus hermanos oaxaqueños como propio. Así lo demuestra la realización de este homenaje, así lo prueba el corazón de los presentes que hacen lo posible por informar a la población sobre las libertades que podrían perderse de aprobarse la maldita Ley de Seguridad Interior.

Llegadas las 2 de la tarde una niña hace una tremenda lectura de poesía de tal grandeza que no me atrevo a minimizarla con mis palabras. Sólo diré que rompe el viento, espanta la apatía y enciende los corazones con gritos de resistencia; es la juventud desafiante.

A continuación uno de los maestros organizadores toma el micrófono y dispara un discurso contundente: “El gobierno nos está quitando todos los derechos: a la salud, a la educación, a la seguridad y la vida digna. Esta mafia neoliberal está vendiendo el país, nos está despojando de la tierra y el petróleo, aquí nos quieren arrebatar también el agua. El salario mínimo ya no alcanza, ¿cómo puede vivir con tantos los privilegios la clase política mientras millones no tienen que comer?

“El país nos pertenece a todos, tenemos que defenderlo, protegerlo, recuperarlo para nuestros hijos, nuestros nietos. Los pueblos dignos de México nos estamos organizando a lo largo del país, y seguiremos manifestándonos en contra de la represión, la violencia estructural y los intentos de la partidocracia de militarizar el país”.

La apropiación del espacio público no se ha limitado a la denuncia, pues los organizadores también instan a los paseantes a reflexionar en qué mundo les gustaría vivir. “Los invitamos a participar coloreando una paloma y dejando en ella sus mensajes de paz, mismos que nosotros haremos llegar en una carta colectiva a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos”, dice con una sonrisa quien expresa gran vitalidad a pesar de la edad.

Así, frente al homenaje fúnebre se escriben mensajes de paz en palomas que son coloreadas por los universos psicodélicos de los infantes. En ellas se pueden leer deseos como “Amor y Paz para Ensenada. Justicia y perdón para los pueblos”, “No más violencia de Estado”, “43 Justicia”, “Que la paz y el amor nos acompañen en todo momento y luchemos juntos como pueblo para alcanzar una mejor sociedad”.

“El tendedero por la paz se utilizó en el siglo pasado durante las dictaduras militares de Latinoamérica, fue una manera de expresar que los ciudadanos estaban hartos de la represión, el miedo y la violencia, a través de la cual pudieron expresar sus sueños de paz y armonía”, comentará Adriana, una de las jóvenes organizadoras.

Dadas las 3:00pm los compromisos pendientes me llevan a retirarme del lugar, no sin antes voltear atrás, mirar el pasado, y pensar cómo hace un año ese pueblito de Oaxaca llamado Nochixtlán, tan lleno de vida, de trabajo y de resistencia, se vio envuelto en una guerra convocada por los tiranos en el poder, al mero estilo del terrorismo de Estado practicado por grupos militares en las dictaduras latinoamericanas en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.

(Anexo: Esta mañana despertaríamos con la noticia del espionaje gubernamental a periodistas, defensores de derechos humanos y activistas, con lo que se comprueba que Peña Nieto está preparando una dictadura real en México, dejando atrás la era de la simulación).

¿Qué nos deparará el destino dentro de 1 año más? ¿Alcanzaremos la justicia y la paz, o la cantidad de tumbas en este tipo de homenajes se volverán a multiplicar? La respuesta la tiene la gente y su capacidad de conciliar sus diferencias para enfocar su voluntad hacia un mismo fin: la libertad.

 

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