A DOS DE TRES CAÍDAS: “Los pequeños grandes instantes”

Cuando una hoja se desprende del árbol, antes de llegar al suelo para reintegrase a la tierra ya pasó por innumerables pequeños grandes instantes, desde que fue una yema o primordio foliar, hasta convertirse en una hoja capaz de capturar la energía solar para producir oxígeno y azúcares.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico /A los 4 Vientos

Pero ya al final de su ciclo vital, cuando desciende por el aire, se detiene por instantes y quizá ahí, se recapitule todo el sentido de su existencia… en un instante mágico, bajo el cielo, detenido y aislado del acelerado proceso de la vida que rodea a la hoja.

Un instante único, como los son todos los instantes, y que unidos forman nuestra historia de vida.  

Y así como esa hoja tiene sus instantes únicos, nosotros también los tenemos y pareciera que a menudo los olvidamos o no los apreciamos, debido a la monótona rutina que nos hace creer que todo es siempre lo mismo… y de esa forma, perdemos gran parte de lo que la vida nos ofrece por única vez: ¡La magia de estar vivos!

Nunca dos veces te mojará la misma agua, aunque te metas al río en el mismo lugar mil veces; nunca las nubes serán iguales, aunque las veas a la misma hora y desde el mismo lugar mil veces.

Si, efectivamente la cita no es mía, ya que fue el filósofo griego Heráclito quien dijo: «Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.»

Río y manantiales. Foto: internet

Y tuvo razón Heráclito, nunca nada se repite o es igual, incluso las personas que conoces quieres o amas nunca son iguales, siempre hay cambios casi imperceptibles, pero que están sucediendo y no los ves, porque no quieres verlos.

Incluso hay quienes no ven ni los propios cambios que le suceden a ellos mismos, sino hasta que estos cambios los asaltan por acumulación y les abren los ojos que han mantenido cerrados hasta para ellos mismos.

Y no sé, pero en ocasiones cuando veo nuestros ritmos de vida, nuestros ciclos consumistas y valores materiales, creo que la mayoría de las personas viven en un contra sentido del pensamiento de Heráclito, porque por terquedad y falta de interés real en vivir, se empeñan en ver la vida siempre igual.

Pareciera que como comunidad, no solamente no queremos cambiar, sino que muchos añoramos lo mismo, lo conocido, lo seguro, lo de siempre… aunque aún así nos engañamos, porque sin darnos cuenta, nosotros mismos cambiamos. Envejecemos, nos deterioramos, nos agotamos en un círculo, cuando igual nos agotaríamos si avanzáramos siempre en línea recta.

Y así como hay quienes se resisten a los cambios y a percibir su realidad, hay otros que se quejan permanentemente de su realidad y no disfrutan su presente, porque para ellos, el presente es el vehículo para cambiar su futuro… y sí, está bien, pero igual también estamos dejando pasar y disfrutar esos momentos, esos instantes mágicos.

Con la venda en los ojos. Imagen de internet (blog El Fantasma)

Los cambios y los avances nos implican retos, de igual forma la capacidad de abstraernos y arrobarnos cándidamente en nuestro entorno inmediato y en los pequeños detalles de nuestra vida, nos permiten disfrutar y reflexionar sobre ese momento en específico.

Por ello cuando veo -sin enfoques sociológicos y sin aplicar biologismos- el comportamiento social humano, me da tristeza ver a tanta gente que se niega a abrir sus ojos, a romper sus cercos y las ataduras que los hacen concebir que la corrupción es normal.

¡Que es mejor corrupto conocido que populista por conocer!, algunos piensan eso.

Son aquellos que se regodean en la victoria pírrica de quienes forman para de un sistema que corrompe, roba, asesina, desparece personas, aniquila libertades y mediatiza a su pueblo. Un sistema construido por y para los sátrapas que compran los votos de los que menos tienen y que embargan su futuro por dinero, despensas o rosadas tarjetas. Y ellos me dan pena… quizá su ignorancia los salve del juicio de la historia y de su propios hijos.

Pero qué hay de aquellos que a conciencia y conocimiento saben que el sistema se impone mediante control de los órganos electorales y tribunales electorales, que saben que están haciendo ganar a quienes saquean a este país y que explotan al pueblo y que depredan con los recursos naturales… ésos, ¿sabrán lo que están haciendo o tienen otro tipo de venda sobre sus ojos?

La Ley y la Justicia, fresco del muralista José Clemente Orozco, creado en el antiguo Colegio de San Idelfonso (1923-1924). Orozco denuncia en esta obra la corrupción y la falsedad de la justicia con dos grotescas figuras que bailan en  estado de ebriedad. El hombre que personifica la ley porta en su mano derecha una pequeña daga y hace un guiño a la dama que encarna la justicia, con una venda mal colocada en sus ojos que le permite ver solo con uno y que con dos dedos sostiene la balanza, símbolos de la justicia ciega y desequilibrada.

¿O acaso saben bien lo que hacen porque ellos también quieren ingresar al club de sátrapas y tramposos que abusan del pueblo y que se sirven del gobierno para satisfacer sus propias ambiciones?

Sí, es posible que así sea… por eso, para ellos mi desprecio y mi compasión. Desprecio por el daño que le hacen a los demás con sus mentiras y complicidad. Y compasión porque ellos y sus familias, más temprano que tarde, caerán victimas de sus propias ambiciones o de las de sus compinches.

Pero, en fin… ¡hoy vi caer una hoja y vi que se detuvo por un instante mágico!

Y yo anhelo que pronto, el pueblo de México tenga su instante mágico y que lo use para darse cuenta que puede vivir mejor, sin los verdugos que hoy lo sacrifican… ¿O no?

Foto de portada: internet (ambrosianeum)

* Jorge Arturo Ruiz Contreras. Biólogo. Ex subprocurador de Derechos Humanos y Protección Ciudadana en Ensenada. Asesor político de grupos parlamentarios en el Poder Legislativo de Baja California