Entre el periodismo y la literatura: la complicidad de Daniel Salinas Basave

“Hay una gran paradoja entre reportear y escribir, porque el tiempo no alcanza para todo. Sin embargo, hoy sigo pensando que el periodismo es el mejor oficio del mundo, lo que yo he hecho es convertir todas esas historias que vi en cuentos”

Iván Gutiérrez

Rodeado de libros y mentes despiertas cuya adicción es la inyección de ideas e historias me encontré con un par de ejemplares con nombres que evocaban intrigas dignas de ser contadas: “Bajo la luz de una estrella muerta”, “El lobo en su hora”, “Tigre Blanco”, “Dispárame como a Blanco Ornelas” y “Días de whisky malo” reposaban sobre una mesa del Foro Cultural Libromar.

Daniel Salinas de Basave, fundador del periódico Frontera, ganador de premios del literatura estatales y nacionales y autor de más de 6 obras publicadas en menos de 1 año y medio.

Al acercarme a las obras una sonrisa cálida con una mirada que guardaba muchos viajes detrás me ofreció un ejemplar de “Pez Banana”, suplemento cultural que contiene creaciones literarias de gran vitalidad. Daniel Basave, leyenda entre periodistas jóvenes y añejos, estaba en la ciudad. 

El Foro cultural Libromar fue el punto de encuentro para que reporteros, escritores y devoradores de letras disfrutaran de la conferencia “El furtivo amasiato entre Periodismo y Literatura”, a cargo del escritor y periodista Daniel Salinas Basave, fundador del periódico Frontera, ganador de premios de literatura estatales y nacionales y autor de más de 6 obras publicadas en menos de 1 año y medio.

“Era Junio de 1993, y por primera vez en mi vida participaba en una tertulia literaria…”, inició a contar el escritor, recordando  sus primeros acercamientos con el mundo poético-literario en Monterrey; curioso que a la par que decía estas palabras, se desarrollaba el Encuentro de Escritores Mares de Tinta en la Galería de la Ciudad.

Con voz astuta, enérgica y performativa, Basave fue desdoblando las microhistorias que conforman su trayectoria literaria, incluidas sus primeras publicaciones en el suplemento cultural del periódico El Norte y otras experiencias: “Poco después pasé a formar parte del taller de Rafael Ramírez Erendia en la Casa de la Cultura de Nuevo León, ya con miras a escribir narrativa, tratando de aterrizar lo que pensaba sería mi primera novela (muy influenciada por José Agustín), un embrión de nombre “¿Dónde es el reventón?”.

Sin embargo, las aspiraciones literarias de Salinas se vieron frustradas por la irrupción de un vicio inesperado: “A finales de 1996 llegó a mi vida una droga durísima, adictiva como ninguna otra, que me atrapó y cambió profundamente la dirección de toda mi existencia: esa droga se llama periodismo”.

El reportero compartió entonces sus inicios como periodista en El Norte, diario de gran trascendencia en Monterrey que le exigía un desgaste tremendo:

“Pronto descubrí que en el periodismo hay hora de entrada, pero nunca de salida. Era devastador: al igual que una droga dura absorbía toda mi energía, me alejó de mi familia y amigos, a la vez que me llenó de una fuerza colosal, pues sentía que una nota mía podía tener un impacto tremendo en la opinión pública, que podía poner a temblar a los políticas con mis letras”.

Durante esa etapa el periodista experimentaría con lo que se denomina como “periodismo Gonzo”,  realizando reportajes sobre problemáticas como la mafia de taxistas en el estado fronterizo, trabajo en el que se disfrazó de “taxi pirata” para internarse en un mundo donde fluían muchos intereses económicos que habían corrompido a las autoridades.

Entre una expresión corporal pasional y revelaciones de adicción a la cafeína, Salinas develó como una llamada telefónica le anunció la invitación para fundar lo que sería el periódico Frontera: “Este periódico inició con reporteros limpios, sin vínculos políticos, y con una línea que privilegiaba la investigación periodística.

“En aquel entonces yo veía a Tijuana como el corazón de las tinieblas, mi alma me gritaba que estaba sediento de vivir algo duro, y la oportunidad de participar en la fundación de un periódico me llevó a dar ese salto al vacío y venirme a Baja California. A partir de eso la historia comenzó a pasar con mucha prisa, como un huracán”.

«La oportunidad de fundar un periódico me llevó a dar ese salto al vacío y venirme a Baja California. A partir de eso la historia comenzó a pasar con mucha prisa, como un huracán…».

Conforme fue progresando la narración de los acontecimientos que vivió y escribió, Salinas expuso al público eventos como su relación con el político Jorge Hank Rohn o la cobertura del ataque terrorista del 9 de septiembre del 2001: “Cuando me mandaron a cubrir lo de las torres gemelas fue tremendo, porque el consulado mentía diciendo que no había habido bajas mexicanas en el atentado. Me sentía en el centro de la historia mundial, fue lo más extremo que he vivido”, comentó el periodista cuyo pelo cuelga hasta los hombros.

“Seré reportero toda la vida, me decía, sin embargo, después de 15 años en el oficio la droga comenzó a perder su efecto. El trabajo comenzó a asemejárseme al Mito de Sísifo, subiendo una y otra vez la misma piedra por la colina”, expresó el escritor al describir su ruptura con el oficio periodístico, su salida de El Frontera y su eventual reencuentro con la literatura.

Tras atravesar una etapa en la que trabajó en la función pública y se publicaron algunos de sus artículos en un libro, el 4 de Junio de 2011 recibió la noticia de que habían detenido a Han Rhon: “Me había ganado mucho la fama de ‘Hankólogo’, porque había estado muy cerca de él durante su alcaldía y su campaña a la gubernatura. Entonces decidí escribir una crónica-narrativa sobre él, que se publicó en la revista Gatopardo; luego se abrió la oportunidad de publicarla en la editorial Océano”.

México D.F., 09 de Julio 2007.- Basave se convertiría en una especie de «Hankólogo», al seguir de cerca el rastro del candidato de la Coalici—ón «Para Que Vivas Mejor» en la contienda por la gubernatura del estado de Baja California Norte. FOTO: GUILLERMO PEREA/CUARTOSCURO.COM

Basave contó que siguió escribiendo hasta que llegó una posibilidad de oro: “Por una vez en mi vida tuve tiempo completo para escribir, gracias a la mejor beca que pude haber recibido: el apoyo de mi esposa. Y así, con ese precioso bien que es el tiempo, por fin pude transcribir los mil y un torrentes de letras que tenía acumulados en libretas viejas: liberé todo lo que traía adentro, y la suerte me sonrío, pues en un lapso de 1 año y medio conseguí 6 premios y 6 libros publicados”.

Sin sentare y paseándose por el foro con los pies entrenados para permanecer en movimiento jornadas enteras, Basave expuso cómo el periodismo fue su mejor escuela literaria, pues “pateando la calle” de Tijuana se nutrió de experiencias, historias, personalidades y situaciones que llegado el momento transmutaría en literatura: “Hay una gran paradoja entre reportear y escribir, porque el tiempo no alcanza para todo. Sin embargo, hoy sigo pensando que el periodismo es el mejor oficio del mundo, sólo que ahora lo que he hecho es convertir todas esas historias que vi en cuentos”.

Octavio Paz, guardia inmortal de las páginas a nuestro alrededor, permaneció expectante —como el resto de la audiencia— mientras Basave nos contaba a cuentagotas los relatos de su “Días de whisky malo”; no pocos nos quedamos con las ganas de saber la conclusión de esos mundos donde confluían situaciones, leyes y personajes asombrosos.

La ponencia del escritor terminó con otra confesión sincera: “Soy un lector que se ha ganado la vida como reportero. Sin embargo, pienso que lo más extraordinario que me ha pasado es convertirme en lector, esa es la verdadera aventura”.

Durante la sesión de preguntas y respuestas, el periodista expuso su opinión sobre la ola de asesinatos contra periodistas en México que han quedado impunes , revelando en el diálogo su amistad con el periodista Javier Valdez, asesinado en Culiacán el 15 de mayo de 2017.

“Lo que yo veo es que hoy se ha perdido el control del narcotráfico, los pactos ya no dan para más, y a partir de la guerra se ha desatado un flujo de violencia sin precedentes: la vida ha perdido su valor y nuestra débil capacidad de indignación y furia es lamentable.

“En los últimos 10 años han matado a 120 periodistas, y lo que el gobierno ha decidido hacer es implementar la táctica de desacreditar al reportero. Nosotros como sociedad civil somos cómplices, porque nos quedamos con esa versión y no alzamos la voz mientras la impunidad permite que se reproduzca el mismo modus operandi en todo el país. Eso es lo que está pasando, que la muerte está muy barata».

Salinas finalizó la conversación señalando la paradoja que a su percepción sufre la libertad de expresión en la actualidad: “nunca se había podido ridiculizar a un presidente como se hace ahora con los memes, pero a la vez nunca fue tan peligroso ser un periodista”.