VANGUARDIA: Violencia, delincuencia e inseguridad, punto de quiebre para Ensenada

El puerto de Ensenada vive una de sus peores épocas. Los problemas sociales se han acumulado hasta un nivel insostenible,  y la sombra de una tormenta de violencia va cubriendo lentamente a la ciudad.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

El conjunto de situaciones que como ciudadanos estamos atravesando desde hace meses es de una gravedad crítica. Las calles, agujeradas por la corrupción y la impunidad de administraciones pasadas, obligan a los conductores a manejar con extremo cuidado por las avenidas de la ciudad. No es poco el dinero gastado en gasolina por cada freno inesperado y otros cientos de pesos en reparaciones automotrices. Ni hablar de las habilidades especiales desarrolladas para esquivar hoyos del tamaño de fosas.

Las playas están llenas de mierda, contaminadas con índices al menos 75 veces superiores de materia fecal a lo que permite la Norma Oficial Mexicana para aguas de mar en las costas del país. ¡Somos la playa más asquerosa del país! Podemos agradecerle por ello a la CESPE y su director, Carlos Loyola Peterson. ¿Qué ha hecho al respecto el presidente municipal? Pues lo que le han enseñado en su partido político: simular, quitar y poner banderines según le convienejugando con la salud de los bañistas.

Y qué decir del acceso a las playas (¿quién dijo Stereo Beach?). Bien sabemos que en los últimos años grandes franjas playeras han sido privatizadas por particulares que han obtenido concesiones en la zona costera. Es un problema que toca una discusión pendiente en Ensenada: los privilegios de unos cuantos sobre los derechos pisoteados de muchos.

Al igual que el acceso a las playas, el agua también nos pertenece a todos y también nos las quieren arrebatar. No podemos ignorar en esta discusión los intentos del gobernador y el Congreso Estatal por privatizar el agua de Baja California a través de las Asociaciones Público-Privadas (APP’s), menos en un contexto donde el cambio climático augura la exacerbación de la escasez. Cabe recordar que Estados Unidos le debe a Ensenada 9 millones de litros cúbicos anuales del Río Colorado. Hay que exigir el pago de esa deuda y defender el recurso de los intereses económicos-corporativos.

La problemática del alza al transporte es la de mayor impacto reciente. Claros son los intereses privados detrás de la decisión tomada por Novelo y sus regidores. Es indignante que personas que ni siquiera viajan en este tipo de transportes decidan afectar de esta manera a decenas de miles de ensenadenses. Simplemente, es una acción que demuestra la insensibilidad de nuestros “representantes”, dispuestos a jodernos la vida a cambio de unos billetes sucios.

En el marco estatal Ensenada también tiene sus padecimientos. Podemos mencionar la situación del sector salud, cuyo Hospital General carece de infraestructura, equipo médico y personal para atender dignamente a la ciudadanía. De igual manera se puede citar la problemática magisterial, con más de 3,000 maestros jubilados que no han recibido la pensión que por derecho le corresponde. Y así podemos seguir con una lista interminable de afrentas contra la dignidad, ya ni hablar de los lastres federales como el gasolinazo, la inflación, las reformas estructurales…

Así pues, en Ensenada sabemos lo que es vivir cargando la mediocridad política y la avaricia de élites empresariales que han acaparado el poder público para hacer negocios particulares. Sí, sabemos lo que es caer en los baches, no poder meternos a la playa por exceso de mierda (claro, cuando se encuentra un acceso público a ellas), no contar con un servicio médico y de transporte dignos, no tener agua ni para bañarse.

Sin embargo, es bien sabido que el mexicano, y sobre todo, el Ensenadense, es bueno para aguantar, ¡todo un profesional en dejarse chingar! Sobre la apatía ciudadana contra las injusticias sociales ya se ha dicho y se dirá mucho; este no es el caso.

No, lo que yo pretendo es señalar una siniestra realidad que atravesamos como sociedad. Estamos en un punto de quiebre, es decir, en un punto de alerta, de no retorno, en el que tenemos que actuar ya o pagar un costo muy alto que se elevará conforme pasen los días, los meses y los años.

Si bien los problemas ya mencionados son de suma importancia, la gota que debe derramar el vaso de la indiferencia ciudadana es el incremento de la violencia, la delincuencia y la inseguridad en la entidad.

Gran parte de la pasividad Ensenadense se debe a que una mayoría considerable de la sociedad vive con mucha comodidad —cercanía con Estados Unidos de por medio—.  Es decir, gran parte de la ciudadanía está dispuesta a tolerar mil y un afrentas político-sociales mientras lo dejen seguir viviendo con relativa comodidad en su burbuja individual.

Bueno, hay malas noticias para este sector (y para todos), que se pueden resumir en una palabra: inseguridad. Al día de hoy suman 68 muertos intencionales en lo que va del 2017, incluyendo 3 decapitados (2 de ellos una pareja de ancianos), más de 5 casos de emboscadas con armas de fuego, decenas de asesinatos impunes, el incremento de robos a casas, negocios y ciudadanos, y el reciente asalto a una tienda Oxxo que implicó rociar a un empleado con gasolina y amenazar con prenderle fuego.

La violencia, pues, se ha desbordado en el municipio, y la presencia del crimen organizado en la entidad es cada vez más evidente. Apenas el martes pasado un helicóptero del ejército mexicano fue atacado en la delegación de San Vicente, con lo que suman ya dos agresiones (en dos meses) de presuntos narcotraficantes contra elementos de las fuerzas armadas mexicanas en el municipio, sin olvidar la defunción del comandante de la Policía en la delegación de El Mármol, Sergio Enrique Echevarría Solís, a finales del marzo pasado.

El incremento del narcomenudeo en Ensenada ha crecido a niveles que hoy están sin control, generando en la marcha niveles históricos de asesinatos dolosos y casos de violencia extrema en todo el municipio.

Estamos, pues, en un punto en el que tenemos que tomar una decisión crucial: organizarnos como sociedad para participar en el desarrollo ciudadano, o esperar a que los índices de descomposición social, violencia e inseguridad que se viven en el resto del país inunden las calles de Ensenada.

Ahora bien, ¿qué se puede hacer para contrarrestar esta situación? Primero que nada, participar. Una ciudadanía que participa es una ciudadanía que controla el desarrollo de su sociedad, y los frentes para hacerlo son muchísimos.

Entablar conversación con el vecino y compartir las preocupaciones sobre el incremento de la violencia o las carencias ciudadanas (agua, alumbrado público, etcétera), es un primer paso para identificar los problemas afines con personas de nuestra comunidad. Participar en el debate público sobre las problemáticas de la ciudad en las redes sociales también es una opción, aunque un tanto más distante.

Ya identificadas y sumadas las voces que exigen y desean lo mismo, es momento de definir un plan de acción, hacer una lluvia de ideas de donde surjan propuestas creativas para atender los problemas. Puede ser una intervención en el gobierno municipal para hacer presión social, puede ser la recolección de firmas para exigir que se destituya a un funcionario o se revoque una decisión injusta, o también se pueden hacer propuestas para estrechar más los lazos solidaros entre ciudadanos —por ejemplo, la iniciativa de ofrecer raites ante el incremento de la tarifa del transporte.

Los espacios de participación ciudadana existentes también deben aprovecharse (foros, mítines, mesas de trabajo, conferencias), y si pensamos que hacen falta, hay que crearlos. Una asamblea en un parque, una reunión de vecinos en la calle, la organización y diálogo con especialistas en el tema y con gente interesada en intervenir en las diferentes problemáticas; el contacto con colectivos ciudadanos que ya estén actuando también es una opción.

En este proceso de reconstrucción del tejido social es importante que cada sector defina su rol, quién se es, qué fortaleces y aptitudes se tienen y en qué se puede apoyar, con el objetivo de que las acciones vayan dirigidas por un camino que se domine. Las tareas que surgen en toda organización ciudadana son tales que no hay voluntad que esté de sobra.

Una forma de participación muy atractiva para muchos son las intervenciones culturales: música, danza, literatura, teatro, fotografía. Multiplicar las ofertas y espacios donde se proyecte el arte es vital para la construcción e integración de la ciudadanía.

Participar no es tan difícil, esa idea hay que desterrarla y cambiarla para iniciar un diálogo local que se transforme en un diálogo ciudadano, en el que se concentren todas las voces de todos los sectores y zonas de Ensenada.

Es necesario hacer presión a las autoridades, recordarles quién manda y para quién trabajan. Ello sólo se puede lograr si los miles que salieron a marchar a principios de año vuelven a salir pero para intervenir en su colonia, zona y ciudad. Es momento de sumar esfuerzos, no de esperar a que las cosas empeoren. La clase política no sirve, al menos no le sirve a la ciudadanía. Sin embargo, fuimos nosotros quienes los pusieron ahí. Corregir nuestro error implica hacer el trabajo que ellos no harán.