VANGUARDIA: De 10 a 13 pesos, ¿qué harás, Ensenada?

De 10 a 13 pesos se elevará la tarifa del transporte público. A favor del incremento votaron los regidores Orlando Toscano (PT), Ricardo Medina Fiero (PRI), María Rosa Guzmán (PRI), Jorge Camargo (PAN), Norma Angélica Silva (PRI), Rodolfo Mellado (Independiente), Jorge Emilio Martínez (PVEM) y el presidente municipal Marco Antonio Novelo (PRI).

Iván Gutiérrez

Esta tarde estos regidores del XXII Ayuntamiento votaron contra Ensenada. Presionados por un presidente municipal que, al igual que el gobernador del Estado, es más empresario que servidor público, esta fracción del Cabildo decidió darle la espalda a la ya de por sí jodida ciudadanía de Ensenada.

PRI, PAN, PVEM, PT e inclusive un regidor independiente demostraron, al alzar su mano en favor del incremento del pasaje al transporte público, que son del mismo calibre que el resto de la clase política del país; es decir, representan bien la corrupción de los partidos que los parieron. Ni siquiera quisieron esperar al resto de regidores para tomar la decisión.

Sin embargo, hay que ver quiénes son los responsables directos de este incremento, pues los actores que en esta jugada participaron son varios. Una de las primeras responsables que podemos señalar es una familia cetemista, conformada por la regidora priista María Rosa Guzmán, secretaria de Acción Femenil cetemista,  integrante de la Comisión de Seguridad Pública y Transporte del Cabildo, así como esposa de Santana Romero Maya, actual dirigente del CTM y madre de José Felipe Romero Guzmán, titular por segundo trienio consecutivo de la Dirección Municipal del Transporte y Tránsito (UMT).

Santana Javier, también hijo del matrimonio antes nombrado, es secretario cetemista del Transporte, y el presidente de la Unión de Transportistas Independientes del Municipio de Ensenada (Utime), junto con Armando Gutiérrez Guerra, quien es secretario de Finanzas del gremio que controla Romero Maya. Así pues, tenemos claro que detrás de esta jugada participó toda una familia cetemista y sus allegados.

Otra responsabilidad a destacar es la complicidad del juez Roberto Vidrio Gutiérrez, del Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Baja California. Su colusión con el sector transportista se dejó ver cuando dictó la primera sentencia para obligar al Cabildo a fundar y motivar la negativa al aumento del pasaje urbano; luego vino la segunda.

Según Vidrio Rodríguez, los votos en contra que en su momento emitieron los Regidores “sólo reflejaron sus juicios personales en relación al dictamen sometido a su consideración, pues […] esos razonamientos carecen de argumentos objetivos y plenamente justificados”. Es decir, para este juez, todas las opiniones de inconformidad con el servicio que tienen los ciudadanos son infunda mentadas, inventadas, absurdas. Así, con multas a los Regidores, inició la presión legal (aquí la nota de El Vigía).

La presión política la ejerció, por supuesto, el presidente municipal  Marco Antonio Novelo, quien asumió esa responsabilidad desde hace exactamente un año. 365 días atrás las elecciones estaban en curso, la gente pensaba que ganaría el candidato independiente Omar García, y todos los microbuses jodidos llevaban estampada la cara del ahora presidente municipal en sus ventanas. Allí quedó pactado el compromiso político (aquí nota de Plex al respecto).

Armando Gutiérrez, líder de la Utime, dio en su momento su total respaldo a la candidatura de Marco Antonio Novelo . Foto: Nelly Alfaro, Uniradioinforma.com

La estocada final —la presión social— inició con el paro de transportistas de esta semana a las afueras del Palacio Municipal. Decenas de choferes montaron carpas, casas de acampar y lonas como no habían hecho ni para defender el agua, y siguiendo las órdenes directas de su explotador laboral, comenzaron a demandar el incremento de la tarifa al transporte público, tratando de envolver la causa bajo “las necesidades de las familias transportistas”.

Así es como llegamos al escenario de abuso que presenciamos hoy. La complicidad del alcalde, regidores y demás autoridades es innegable, y por ello la indignación, el rechazo y la acción contra esta decisión política debe ser rotunda. De ninguna manera se puede justificar un incremento que va a pegar directo y fuerte a la economía de muchos sectores de Ensenada, menos siendo que el único razonamiento al que obedece esta decisión es la avaricia de los concesionarios transportistas.

Según se dice, el aumento se aplicará una vez que los concesionarios cubran los siguientes pendientes: renovación de su padrón vehicular, programas de capacitación y entrega de uniformes  a sus trabajadores, tarjetón de identidad del chofer, la unidad y el concesionario, así como respeto a las tarifas especiales para estudiantes, personas de la tercera edad y discapacitados. 

Pues bueno, eso no suena tan mal, ¿verdad? Va, pero qué pensarían si les dijera que esos compromisos los asumieron los transportistas desde la administración de Pablo Alejo, y luego otra vez en 2011 para justificar el aumento de 8 a 10 pesos. Y adivinen qué, ¡no cumplieron con ninguno de ellos! Por el contrario, si recuerdan en 2015 clausuraron el servicio de transporte en toda la ciudad y cerraron la avenida Reforma por sus caprichos. ¿Hubo sanción alguna ante semejante acto delictivo? Ni una sola.

Así pues, a los agravios sufridos por los ciudadanos de Ensenada —alumbrado público pésimo, vialidades mediocres, falta de acceso al agua, deficiencias en la recolección de basura, incremento de la violencia—, se suma una nueva estocada. 

Ante la coyuntura del día de hoy las preguntas sobre la reacción de la ciudadanía se disparan como balas de alto calibre: ¿Podrán organizarse las clases afectadas contra el agravio de los transportistas? ¿Se levantará ahora sí la ciudadanía de Ensenada para consolidarse en un movimiento de lucha permanente contra este tipo de injusticias políticas? ¿Cederá finalmente la actitud victimista y apática para dar paso a la indignación y la acción política? ¿Podrán los ensenadenses canalizar la furia en lucha? ¿Taparán los ciudadanos el bache, o lo dejarán agrandarse hasta lo insoportable? ¿Qué harás, pues, Ensenada?