De Pablo Hiriart y el periodismo servil

El terrible asesinato de Javier Valdez se presenta como uno de esos momentos de colmo que mueven con mayor intensidad el grito público, no por tratarse de una excepción sino del recuerdo de una normalidad que ahora nos vuelve a apuñalar en el centro anímico de nuestra ciudadanía y también en el corazón de nuestra sensibilidad humana.

Alfredo García Galindo / A los 4 Vientos

Sin embargo, la sinrazón lacerante en la que nuestro país se ha convertido no se limita a tantas vidas tiradas en la fosa de esta tragedia; también la encontramos en la indiferencia de los más de nosotros y en la franca pérdida de toda empatía incluso de algunos de los periodistas que por la vía de la frialdad o del silencio ponen en claro su servilismo frente al régimen.

Pablo Hiriart. Foto: internet

Es el caso de Pablo Hiriart; conocido testaferro del poder cuyo papel ha sido el de no tener misericordia ni decoro frente a todo aquello que signifique oposición popular. Pero su pluma, siempre dispuesta a defender al sistema que nos tiene de rodillas, en esta ocasión se superó a sí misma a través de los mensajes de 140 caracteres.

Uno de sus tuits resalta por la exposición de una total ausencia de sensibilidad y prudencia. El cliché característico de quien nada tiene que decir a un deudo sería perdonable en su mensaje, pero no. Tuvo que terminarlo con nueve palabras que lo evidencian como un tipo que se entiende muy bien con los seres oscuros que dicen gobernarnos:

@PabloHiriart: “Toda la solidaridad con @lajornadaonline por este nuevo asesinato a otro de sus corresponsales. Y, ojo, no es ‘el Estado’; son los narcos”

Sobra decir que su cuenta da razón de que la crítica le tiene sin cuidado porque no se presta a responder a la copiosa indignación que sus frases provocan. Su papel lastimero como prócer de la desvergüenza es un fiel reflejo de la descomposición nacional de la cual el exceso de balas que matan inocentes es una de sus manifestaciones.

Ese es Pablo Hiriart; pero no sólo él. Lo acompañan otros de su categoría como Ricardo Alemán o Rubén Cortés. Se trata de toda una generación fallida no por la suerte de sus carteras sino por la infamia de su encomienda: defender a un sistema por la vía de la desinformación; por la estrategia de echar la culpa de los males nacionales a quienes los evidencian; por el propósito deliberado de prostituir su profesión.

En suma, Pablo Hiriart seguirá llevando su vida de “crítico” más que cómodo para los dueños de todos los tipos de poder en nuestro país, porque su trabajo no consiste en la promoción de una ciudadanía exigente y evolucionada, sino en cerrar filas codo a codo con aquellos en los que recae la mayor responsabilidad de nuestra presente desdicha.

Miroslava Breach Velducea, en el gremio de Chihuahua , la mejor periodista de investigación que documentó las tragedias sufridas por la gente a causa de gobernantes corruptos coludidos con el crimen organizado. Miroslava fue asesinada el pasado 23 de marzo, su crimen sigue impune a pesar de que el gobernador Javier Corral declaró que los autores materiales e  intelectuales estaban ya plenamente ubicados por la Fiscalía General del Estado y «muy pronto» serían capturados todos.

Se dice por ahí que la pluralidad es síntoma de una democracia saludable; pues bien, ¿qué es lo que evidencia que la misma se encuentre cimentada en la perversión de lo que no puede ser negado?

En fin que mientras nuestro país continúa su calvario, Pablo Hiriart y sus semejantes presentan a las tragedias cotidianas como si fueran montajes de los resentidos y malintencionados.

El hampa ha cooptado todos los espacios de lo público avanzando a su vez cada vez más en la dimensión de lo privado y estos líderes de opinión siguen mirando hacia las desgracias que sufre el pueblo venezolano por la maldad de su gobierno o hacia el peligro terrible que significaría el arribo de un líder populista a la presidencia de nuestro país.

Así las cosas, no podemos dejar de pensar en una versión más dura de la máxima de Rodolfo Walsh “El periodismo es libre o es una farsa”. Nuestra sentencia podría decir: el periodismo que defiende a un régimen oprobioso, se hace corresponsable moral de las tragedias que el pueblo sufra.

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2 Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.