A DOS DE TRES CAÍDAS: El asesinado no vendía paletas y la asesinada andaba en pasos inciertos

Mi país ya no está sembrado de vida y sueños, sino de cadáveres en fosas clandestinas.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico/ A los 4 Vientos

En México los indigentes y menesteroso son invisibles. Y los campesinos e indígenas marginados son pintorescos.

Más de 300 asesinatos violentos en la ciudad de Tijuana, más de 50 en Mexicali, 24 en Rosarito y 40 en Ensenada para acumular más de 400 personas asesinadas en el estado si incluimos los datos hemerográficos aislados de ese «pueblo mágico» llamado Tecate.

Escena que se repite por todo el territorio nacional, de jóvenes asesinados presutamente a manos del crimen organizado. Esta imagen corresponde a Chilpancgo, Guerrero, tomda el 28 de enero de 2016. Foto: Cuartoscuro

En el país no está mejor la situación. Son más de 5 mil 700 asesinatos en lo que va del año, eso es triste, macabro y siniestro. Y la sociedad va, de aquí para allá, de tema en tema, de moda en moda, cual mariposa despreocupada y absorta que vuela de flor en flor.

Deberíamos quizá abstraernos todos de estas cifras y admitir que si alguien es asesinado es porque se lo merecía… por andar en malos pasos, por vestir de forma provocativa, por andar de parranda, por deambular por las tardes o noches… en fin que el responsable de la propia muerte, es uno mismo por estar vivo, morir por vivir, así de simple.

Y ante esto, el estado tiene toda la razón al argumentar que esos muertos se lo buscaron y por ese solo hecho la autoridad debe ser justificada y entendida su incapacidad e incompetencia para ofrecer seguridad y para procurar e impartir justicia deteniendo y sentenciando a los homicidas… para qué, si los muertos son en gran parte responsables.

Manifestación de familiares de desaparecidos en el estado de Nuevo León en junio de 2016. Julio César Aguilar Fuentes/AFP/Getty Images

Sí, quizá sea verdad que los muertos tienen la culpa y los vivos han de entender que su destino final es la muerte, aunque esta no sea por causas naturales, sino por haberse atravesado frente a su verdugo. Al fin y al cabo la muerte es consecuencia lógica de haber nacido y hasta puede entenderse como un fenómeno para regular la sobrepoblación, es quizá hasta un honor y tema de plática de los deudos el sumarse a la estadística macabra de homicidios en México y en Baja California.

«Era una joven de 30 años que estaba embarazada», el 8 de marzo de 2017, justo el Día Interanacional de la Mujer, encuentran el cuerpo de la víctima número 16 de feminicidio en Puebla, en lo que va del año. Los feminicidios crecen en todo el país. Foto: Heraldo de Puebla.

Pero si esto es así, ¿entonces para que mantener y pagar autoridades? ¿Para qué mantener a policías, investigadores y jueces? No tiene sentido, mejor carguemos nuestras propias armas y salgamos a las calles dispuestos a matar o morir.

Porque al fin y al cabo somos nosotros los responsables de que las cosas estén así. Y lo somos por nuestra indiferencia. Por nuestro silencio cómplice de permitir gobiernos ineptos que solo sirven para imponernos impuestos y reglas de lo que no podemos hacer, mientras ellos no pueden siquiera ofrecernos seguridad en nuestras vidas y patrimonio.

De qué me sirve un gobernador risueño que solo atisba a gobernar en todo lo que le represente un lucro personal, para qué una subprocuradora incapaz de llevar ante la justicia a los responsables de los 16 abuelitos muertos en un asilo… para qué quiero yo ministeriales y subprocuradores que se quejan de no poder trabajar por falta de personal, vehículos y gasolina.

De qué me sirven policías que solo saben multar y pedir mordidas a los ciudadanos pacíficos mientras se hacen de la vista gorda ante la delincuencia.

Crece el robo a casa habitación en todos los municipios de Baja California y del país. Foto: e-consulta

Porque algo está mal, cuando si denuncio ante la autoridad a vecinos delincuentes y que me han amenazado, la respuesta de la autoridad es que no solo esos vecinos sino muchos más, andan en malos pasos y la recomendación es que sea yo quien cambie de domicilio.

Sí, quizá nosotros tengamos la culpa de tantos muertos, de tanta sangre en las calles, de tanta pobreza, de violaciones sin sanciones y de maltratos del fuerte sobre el débil… culpables por dejar hacer y dejar pasar.

Por eso, hoy voy a deambular y para estar a tono, divagaré sin permitirme cavilación alguna.

Voy a andar sobre los pasos de otros, de esos que son felices y que viven tranquilos siguiendo los pasos de aquellos que ya cayeron víctimas de sus propios lobos, de esos lobos a los que hemos dejado andar a sus anchas o para ser víctima de los pastores que han de sacrificarme como parte de una estadística más, porque al fin y al cabo solo vivo para morir.

Y al pasar la indignación por nuestra pasividad colectiva, quizá podamos soñar que los muertos sembrados en nuestra tierra y la sangre que la riega, un día florezca con un tiempo nuevo, en donde todo sea mejor, con un país más justo y más seguro… ¿O no?

Fotografía de portada: Internet (People Magazine)

* Jorge Arturo Ruiz Contreras. Biólogo. Ex subprocurador de Derechos Humanos y Protección Ciudadana en Ensenada. Asesor político de grupos parlamentarios en el Poder Legislativo de Baja California