LOS PERROS GUARDIANES: El vecindario del emperador

“En todo uso que el periodista hace

del idioma está ejerciendo de maestro”.

M. Seco.

Artículos periodísticos que no son de primera calidad

Rael Salvador* / A los 4 vientos

El periodismo es un mercado donde se vende el mismo artículo, la nota similar, el reportaje indiferenciado.

En él, como en cualquier tienda de abarrotes –hoy llamados “Oxxo”–, la lógica debería ser la calidad.

Imagen: internet.

            No lo es.

Exhibido en la vitrina de enfrente, fondeado en la jaula del perico o hecho cucurucho para los garbanzos, la noticia, el artículo y el reportaje dicen lo mismo. No lo que son, sino lo que pretendemos que sean: lo que “leemos” en ellos.

Se etiqueta la realidad y hacemos caso a las etiquetas.

            Quien no tiene ideas o anda en busca de ellas, toma un periódico, decodifica  encabezados de cualquier sección y piensa que las palabras son la realidad.

            No lo son.

            La información tiene barreras: las palabras.

            Sumamos letras, visualizamos palabras y obtenemos apariencias.

Por eso en México, como en otros pobres países latinoamericanos, es relevante e importante el asunto de la lectura: entre menos se lea, preferible; entre más se ignore, mejor.

Ilustración; Internet.

Eso no quiere decir que esté prohibido hacer alharaca de la “promoción a la lectura”.

No, porque entre leer y decodificar existe un gran abismo.

En el Vecindario del Emperador, donde los medios de comunicación –entre ellos, el periodismo escrito o puesto en la pantalla– son los intermediarios entre el mundo y su posible lector, la realidad pasa desapercibida.

En los manuales clásicos se comenta que, para el reportero, la noticia es su objetivo, y su obligación consiste en transmitirla de manera “fidedigna”, logrando así la “verosimilitud”, coherencia periodística que emparenta la realidad con lo verdaderamente creíble.

Ilustración: internet.

Pero…

“Esa transmisión fidedigna se entiende en muchas ocasiones –a decir de María Victoria Romero Gualda– como transcripción literal de lo dicho por otros, configurando al informador como un mero transmisor aséptico”, con lo cual se asegura mayor objetividad en la información.

¿Y qué diablos es la información?

Sobre todo, la información diferida, la manoseada por la alienación de la incompetencia o trastocada por los expertos de la persuasión social.

«Si el emisor y el receptor de la escritura periodística han de llegar a comunicarse  –retomo de nuevo el discurso de la maestra Romero Gualda–, no creo que el periodista pueda forzar al lector a descodificaciones de textos abstrusos, debe ser él quien realice esa incómoda tarea, para ello tiene más y mejores armas que el lector común, pues como vengo afirmando tiene que llegar a ser un “hablante de calidad” con mejor formación lingüística, más amplia competencia y más rica actuación».

Totalmente de acuerdo: el peso de la lectura y el peso de la escritura equilibran los platillos de la balanza.

Esto, de manera sencilla, nos llevaría a corroborar lo siguiente: lo que, por falta de experiencia lectora, en el Vecindario del Emperador es deficiente, en la Sala del Palacio se transforma en riqueza…

Es decir, puede informar: dar forma, educar –elaborar o construir–, ya que Informatio significa en latín “acción de formar”.

El actor Van Kilmer interpreta a Mark Twain (Internet)

            Además la palabra “información” nos ofrece la acepción de dar la forma exterior de un objeto: de formar, deformar y reformar su masa.

            ¿Y la masa social? Por supuesto.

            La información que sale de la “X” prensa a cualquier hora, y que es intencionalmente dirigida al Vecindario del Emperador, está cargada de sentido. Un sentido que provoca confusión, ya que el contenido que proporciona está cargado de complacencias ideológicas y religiosas, donde la realidad, a través de la “verosimilitud”, pasa desapercibida.

Ya lo decía Mark Twain: “Si usted no lee el periódico está desinformado, y si lee el periódico está mal informado”.

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. raelart@hotmail.com