Día Internacional de la Tierra: investigando el cielo, el mar y los suelos

Nuestro mundo es un sistema dinámico donde interactúan la tierra sólida, los océanos y la atmosfera. Esta interacción es lo que permite que sea habitable. Por eso, desde 2009 la Organización Naciones Unidas (ONU) proclamó el 22 de abril como el Día Internacional de la Tierra. La finalidad de la conmemoración es crear conciencia y lograr la armonía entre el ser humano, la naturaleza y la Tierra.

Todos@Cicese / A los 4 Vientos / Fotos: Cicese.

Ensenada, Baja California, México, 21 de abril de 2017.- Para entender el planeta que habitamos en todo su conjunto, es necesario estudiar por separado sus principales componentes: litósfera, hidrósfera y atmósfera. El Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) contribuye a la generación de este conocimiento desde hace más de 40 años.

La litósfera es una capa de la Tierra que abarca de cero a 100 kilómetros de profundidad y se renueva cada 200 millones de años. Es la parte más externa de nuestro planeta, la más rígida y fría. Estudiarla tiene diversos impactos humanos y ambientales.

“En la parte más superficial de la litósfera se concentran los recursos naturales, si lo investigamos podemos conocer la distribución de los minerales. También tiene conductividad térmica, es decir, no deja que el calor del interior de la Tierra se disipe tan fácilmente. Eso es útil porque nos permite monitorear regiones donde hay fuentes de calor y en términos de aplicación para el ser humano está el uso de la geotermia como energía alterna”, expresó el doctor Raúl Castro Escamilla, investigador del Departamento de Sismología del CICESE.

Desde el punto de vista de la prevención, indica el especialista, también es importante estudiar la litósfera. Al ser la parte más rígida y fuerte del planeta, tiene la capacidad de provocar grandes sismos.

Falla geológica en Laguna Salada, valle de Mexicali.

La hidrósfera son todos los cuerpos de agua sobre la superficie de la Tierra. Principalmente océanos y mares; en menor medida se encuentran lagunas, lagos y ríos que desembocan en el mar.

Estudiarla nos permite conocer las mareas, información fundamental para la navegación. Conocer las corrientes marinas profundas y con ello saber cómo funcionan los remolinos, movimientos que transportan calor y material bilógico a lo largo de miles de kilómetros, por citar un ejemplo.

“La capacidad del océano para almacenar energía calorífica (energía del sol) es enorme y su relación con la atmósfera es primordial para influir en fenómenos meteorológicos y climatológicos”, argumentó a su vez el doctor Luis Zavala Sansón, investigador del Departamento de Oceanografía Física.

Existe un exceso de calor que llega en los trópicos y un déficit de calor en los polos. Tanto el océano como la atmósfera se encargan de redistribuir este calor con consecuencias muy importantes para la habitabilidad de nuestro planeta, explicó.

Y recordó que la atmósfera está compuesta de capas. Así, las moléculas de aire más alejadas de la superficie terrestre se encuentran a 300 kilómetros de altura (a esa elevación, la distancia entre moléculas se mide en metros).

El estudio de la Tierra, fundamental para el bienestar de los humanos en el mundo.

Expresó que el 90% de la masa de la atmósfera se concentra a 50 kilómetros de altura, y casi la totalidad del vapor de agua que está presente en nuestra atmósfera, un gas fundamental para la vida, se encuentra en la tropósfera ubicada en los primeros 10 kilómetro en donde las condiciones ambientales, de temperatura y humedad sólo son propicias para la vida en los cinco iniciales.

“Estudiar la atmósfera nos permite comprender las razones por las cuales es habitable nuestro planeta, y también el calentamiento global”, agrega a su vez el doctor Cuauhtémoc Turrent Thompson, investigador del Departamento de Oceanografía Física.

Entender la física de la atmósfera, consideró, es fundamental para poder mejorar el entendimiento de los fenómenos hidrometereológicos extremos, y así disminuir su impacto con la humanidad.

“Esto nos lleva a entender lo maravilloso que es nuestro planeta, y a la vez su fragilidad. A tener conciencia de que efectivamente el tamaño de los impactos antropogénicos (creados por el hombre) ya alcanzan la escala planetaria, ya afecta los procesos en una escala global y no hay opción más que hacer un cambio radical en la manera en que está organizada la economía y las fuentes de energía que utilizamos para funcionar porque si no el futuro está comprometido,” concluyó el investigador.