Crónicas de una Noche Científica: el Museo Caracol, Arte y Ciencia unidas por el aprendizaje

Sábado 01 de abril. Un día templado en la Bella Cenicienta le da la bienvenida a la primera Noche de las Ciencias, ambicioso evento de divulgación científica en el que participan CICESE, UABC y UNAM.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

¿El objetivo del evento? Abrirle las puertas a la comunidad porteña para compartir parte de las investigaciones que realizan los científicos de Ensenada, permitiendo el acceso a sus laboratorios, sus equipos de investigación, sus mentes y conocimientos. La pregunta principal que va a responder este magno-evento es “¿Qué hacen tantos científicos en Ensenada?”.

¿Por qué es un evento ambicioso? Porque la Noche de las Ciencias consta de más de 80 actividades simultáneas: conferencias, visitas a laboratorios, talleres, obras de teatro, actividades lúdico-científicas, observaciones y exposiciones, todas al mismo tiempo en un horario de 16:00 a 20:00 horas. Entre las áreas temáticas de las actividades están Cielo, Mar y Tierra, además de disciplinas de mayor especialización como Tecnología, Interdisciplina, Biomedicina y el Mundo Nano; ya quisiera uno poder recorrerlos todos en tan sólo 4 horas.

Con pase de prensa, itinerario de actividades y libreta de apuntes en mano,
me dispongo a recorrer las 4 sedes del evento en 4 horas. Mi recorrido inicia a las 4:05 pm, sintiendo de frente el calor de los rayos solares. En el segundo piso del Museo Caracol abundan los rostros de niños curiosos que contemplan emocionados los colores del arcoíris en un recipiente de cristal.

Los líquidos que podemos ver aquí se quedan separados por la diferencia de densidad”, explica el joven del taller “Arte y Ciencia: formación de arcoíris”, que tiene el objetivo de demostrar las propiedades de ciertos materiales a través de experimentos sencillos.

Unos metros más adelante hay un estanque con agua de colores azul y naranja, en el que 2 jóvenes demuestran como es que la temperatura y la densidad del agua provocan la creación de diferentes estratos. “Así podemos ver cómo según la temperatura el agua descenderá o ascenderá en el contenedor”, explica un joven a una multitud de niños y adultos. A donde sea que uno voltee verá numerosos grupos de gente, hecho que se replicará en el resto de las sedes del evento.

Avanzo un poco más hacia el fondo del pasillo y me encuentro con un letrero que dice “Sensorama”, una actividad que implica colocarse unas gafas oscuras antes de entrar a una habitación y utilizar los sentidos del oído, el olfato y el tacto para explorar los diferentes ecosistemas y la rica biodiversidad de la región bajacaliforniana.

En hilera van avanzando los ciegos temporales tomados de la mano —en su mayoría niños acompañados de sus padres—, quienes son orientados por los miembros del Staff hacia un espacio con mesas abarrotadas por diferentes objetos.

Hace más de 200 millones de años aparecieron sobre la tierra los animales más temibles…”, inicia el espectáculo con una grabación que incluye música ambiental de la época en que los dinosaurios reinaban sobre la superficie terrestre.

Con las manos suspendidas frente a sí, los niños y adultos van tocando superficies que imitan la textura de la piel de los dinosaurios. Hay un salto en el tiempo y ahora los participantes escuchan un ritual con sonajas y el choque de rocas, mientras la grabación narra el surgimiento de las primeras etnias de la región. El olor del incienso y el roce de hojas y hierbas transporta a los presentes de un mundo a otro: es una experiencia multidimensional de aprendizaje que armoniza el empirismo con la imaginación.

De forma coordinada los miembros del staff materializan un escenario tras otro. Cobra vida el Océano Pacífico a través de la “piel” de las mantarrayas y la ballena gris, mientras los presentes sienten la “brisa marina” que sale de los atomizadores y los vientos marinos de los ventiladores . Detrás de los ojos cerrados, el teatro se desarrolla con total realidad mientras la música de fondo sigue poniendo de su parte en el traslado a una atmósfera alternativa.

“La Sierra de San Pedro Mártir es el hábitat de miles de pinos. Sobre ellos vuela el Cóndor californiano, cuyas alas alcanzan una extensión de hasta 3 metros”. Los participantes tocan entonces tanto piñones como texturas semejantes al pelaje del ave mencionada.

“Entre sus montañas también se pasea el legendario borrego cimarrón, animal representativo de nuestro Estado. Es en esta zona donde los astrónomos pueden observar las estrellas y estudiar el cielo en el Observatorio Astronómico Nacional”, concluye la grabación. Termina el viaje espacio-temporal, humilde réplica moderna de la alegoría de la caverna de Platón,  y los presentes son escoltados a la salida; claro, todavía como invidentes para evitar se evapore la magia de la dinámica al descubrir el verdadero origen de sus experiencias.

A la salida los rostros de los infantes se cubrirán de emoción y sonrisas, y expresarán con entusiasmo las sensaciones de la reciente experiencia: “¡Yo sentí miedo cuando toqué a la mantarraya!”, “Estaba bien raro porque no sabías que ibas a tocar”, dirán unos de los niños a sus madres. El despertar de los sentidos  y su relación con el conocimiento es lo que se llevarán a casa los participantes, tanto grandes como pequeños.

Al salir del museo me encontraré con otros humanos diminutos jugando con grandes pompas de jabón, impulsando la creatividad a partir de reconocer que, al igual que los adultos, ellos también pueden crear, modificar y transformar la realidad; para ser la primera parada, la Noche de las Ciencias ya me ha dejado bastante inspirado. 

 

Para más información sobre la Noche de las Ciencias: 

Crónicas de una Noche Científica: Instituto de Astronomía, ventana al infinito

Crónicas de una Noche Científica: UABC, hogar sustentable de la Totoaba mexicana

Crónicas de una Noche Científica: CICESE, cambio climático, energía y el mundo en transición (+VIDEOS)

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