REDES DE PODER: Los idus que vienen (+VIDEO)

Se cumplen 23 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Es marzo. Es 1994.  En enero estalla la violencia en Chiapas. Miércoles 23 de marzo de 1994, 16.05 horas, Colosio llega al aeropuerto internacional de Tijuana Abelardo  L. Rodríguez. A las 5.20 horas aproximadamente Luis Donaldo Colosio recibe un impacto de bala en la cabeza, y posteriormente un disparo en sedal.

Alfonso Torres Chávez / A los 4 vientos

El cuerpo del candidato gira 360 grados y cae sobre su lado derecho. La fotografía del candidato que yacía en el suelo impacta a todo el país. La hipótesis de la fiscalía que se sostiene durante meses es algo que nadie cree. El hijo de Luis Donaldo Colosio, Luis Donaldo Colosio Riojas ha afirmado que no es su padre, se inscribió en un concurso de canto (America Idol) y hoy trabaja como abogado en un despacho.

Al cumplirse 20 años Enrique Krauze propuso que se reimprimiera ese discurso del 6 de marzo. No parece mala idea: imprimir el discurso podría servirnos como exorcismo. 23 años  después, valdría la pena retomar la idea de imprimir ese discurso.

El discurso va más allá de un mero contenido político. Esto es Shakespeare puro le dijo Octavio Paz a Enrique Krauze en una llamada telefónica a Madrid. La muerte de Colosio nos regaló por accidente cinco meses totalmente shakesperianos . Porque en la hueca corona  que ciñe las cienes mortales de un rey, la muerte tiene  su corte (William  Shakespare, El rey Ricardo II). Los cinco meses shakesparianos a que nos referimos parten de la nominación de Colosio en noviembre de 1993 y su muerte en marzo de 94, contando además de la crisis política del país desde mediados del sexenio.

«Yo veo un México con hambre y con sed de justicia», fueron las palabras del histórico discurso de Luis Donaldo Colosio, a unas semanas  de su asesinato.

En una mesa con fruta, jugo de naranja y otros platos, Camacho Solís y Colosio limaron sus aparentes asperezas.  El poder  tiene en sí mismo la dicotomía de su propio drama: Colosio quería y no el poder. Con una pinta de charro mexicano, aficionado a la música de Bach y un excelente orador. Noble, dándose a querer, un clásico charro, cuyos ojos reflejaban una profunda tristeza Colosio entró en una franca carrera que lo relega. Marcos y la nominación de Camacho como comisionado ad honorem para la paz en Chiapas que lo incorpora de forma automática a la carrera presidencial sin buscarlo, una esposa Diana Laura, que enferma de cáncer de páncreas cuyo viacrucis  para Colosio era constante.

Los toques  de dramatismo de la muerte de Colosio  son los de su vida misma. Con su esposa enferma aceptar o no una candidatura cuando su vida estuvo dedicada al servicio público,  lo convertían en un personaje perfecto del drama shakesperiano.

Tal como como se ve, a través de la historia con Colosio morimos todos un poco. La traición flota en el aire.

23 años después seguimos en el vaivén de un sistema que no termina de madurar.

Con esa pinta de charro, con un discurso amplio y abierto, aficionado a Bach, Colosio era un político cuyo mito lo elevó más allá por su forma de morir.

Los mártires se recuerdan más que por sus obras por su forma de dejar este mundo terreno. La muerte de Colosio nos recuerda no solo la fragilidad de la vida, sino la dualidad de alguien que no sabe si realmente desea tener o no tener, alcanzar o no el poder.

Hoy México es otro México pero seguimos atrapados en nuestro propio terror y en el drama psicológico con el que todos morimos al menos un poco. Con Colosio morimos todos un poco y murió también un poco el país.

alfonso-torres-chavez* Alfonso Torres Chávez. Licenciado en Derecho por la UABC. Maestro en Derecho, Facultad de Derecho UIA- Tijuana. Especialista en Derecho Constitucional y Amparo. Académico-Investigador del Centro Universitario de Tijuana campus Ensenada. alfonsotorr@gmail.com