Pensar en el norte

Pensar en el norte, voltear la mirada hacia el norte,  en esta ciudad donde  todo mundo vive pendiente de lo que suceda más allá del río Bravo, el norte de los dólares, el de las estampillas de comida y los seguros de discapacidad que otorga el gobierno; el norte por el que se llega a través de los cruces internacionales, el de los sueños de futuros promisorios con cartas de ciudadanía, el de los misters.

Myrna Pastrana/ A los 4 Vientos

Por la cercanía geográfica llegan tantas historias como días ha tenido el tiempo desde que se inventó ese punto cardinal, de indios legendarios defendiendo lo que fue su territorio, de cazadores de cabezas, de águilas reales y  en el pasado más reciente, de soldados  provenientes de las guerras que cuentan la desventura de matar aunque sea en el nombre de su patria, de jubilados pobres que al cruzar  la línea divisoria internacional ven crecer la capacidad adquisitiva de su dinero.

Junto a ese norte convive otro que no es su par sino su dispar, el norte de los pobres donde se asienta Juárez, la ciudad mexicana cargada de simbolismos extendiendo una copa de bourbon durante la Segunda Guerra Mundial y la visita de los grandes de Hollywood y ahora, le han plantado una gran X casi en el borde de la patria para  recordarle  el origen de los tiempos;  ciudad herida que sigue viva pese a las sangrías que le han hecho, con sus lilas floreciendo  cada  primavera, las catalpas en pie, y un río simbólico que aún conserva el nombre que le dieron quienes  lo cruzaron cuando todavía era eso, un río por demás bravo y  con abundantes aguas traicioneras.

No es todo,  a veces la vida se suspende cuando por las noches florecen al amparo de los rayos de  luna, los sueños despiertos de los desvelados, de los ilusos que hacen posible pensar en que exista un día siguiente y mejor, de no ser por eso, habría muerto.

*Myrna Pastrana, antropóloga, escritora, periodista y consejera electoral chihuahuense.