VANGUARDIA: Los depredadores de Baja California, políticos y empresarios neoliberales

Es el 9 de marzo del 2017. Se desarrolla la sesión del Congreso Estatal en Mexicali. Entre los temas están el desafuero y la cancelación del decreto 57, vinculado éste último con la Ley de Asociaciones Público-Privadas y la privatización del agua en Baja California.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos / Foto: Cristian Torres, Semanario Zeta

Al llegar al dichoso decreto, la bancada panista lanza un argumento sobre las consecuencias que tendría el dar para atrás a esta ley: “Es muy fácil plantear la abrogación de las APP’s, pero tenemos necesidades de infraestructura y no tenemos presupuesto”. Es decir, su argumento es que ante la “falta de dinero en las arcas públicas”, no queda de otra más que hacer este tipo de acuerdos con la iniciativa privada.

Más tarde, en Sesión de Cabildo Municipal de Mexicali, una deuda de más de $151’122’753 millones de pesos del impuesto predial será perdonada a los principales deudores del municipio por Gustavo Sánchez y su Cabildo en medio de las protestas ciudadanas, contradiciendo con esto lo expresado por los diputados de la  bancada panista hace unas horas.

Es la incogruencia política, la demagogia de funcionarios públicos que usan las palabras a su conveniencia, acomodando argumentos según sus intereses y los de sus allegados. Quizás lo más frustrante es que todavía pidan respeto en las Sesiones del Congreso, ¿respeto a la mentira, al engaño, a la farsa?

 Polémica por presunta condonación multimillonaria de cartera vencida en predial de Mexicali (VIDEOS)  

 

“¡Ellos tienen dinero Gustavo, ellos tienen, nosotros no tenemos! ¡Yo soy madre de familia y mis hijos truncaron la escuela, no les pude dar más, y tú les perdonas millones a estos!”, gritará desesperada una mujer frente al alcalde, quien sin escrúpulos sólo agachará la cabeza, exhibiendo la cobardía de las almas que se han vendido al Dios dinero.

¿Qué tenemos aquí? La hipocresía política en su máxima expresión. Sin embargo, hay que ser más precisos, profundizar en los hechos. ¿Qué hay detrás de estos actos y argumentos? Una escuela política, una doctrina sobre cómo se tiene que gobernar y para quién. Lo que los bajacalifornianos vimos el día de ayer fue un ejemplo más del gran monstruo que mueve los hilos de la corrupción detrás del escenario: el neoliberalismo.

¿Qué tiene que ver el neoliberalismo aquí? Todo. Primero, porque hablamos de empresas trasnacionales como Banco Santander y Deustche Bank México, así como de grandes empresas constructoras  e inmobiliarias cuyos dueños seguramente son millonarios; ah, pero los pobres no tienen para pagar su perdial. Siguiendo la máxima de Noam Chosmky, podemos entender el origen de la decisión tomada el día de ayer en favor de las empresas:

La concentración de grandes riquezas provoca concentración de poder político. Y la concentración de poder político da paso a una legislación que incrementa y acelera este ciclo de acumulación de poder y riqueza, dando paso nuevas políticas fiscales, cambios impositivos y también normas de gobernanza corporativa y desregulación”.

Hablamos, pues, de este tipo de empresas cuyos dueños o representantes suelen haber atravesado un proceso de deshumanización, para quienes las palabras “compromiso social”, “respeto a la ley” o “justicia” no significan nada más que un estorbo.

La difusión de la ideología pro-empresarial vomitada en la frontera mexicana desde los Estados Unidos nos ha dejado con un pensamiento tergiversado sobre los empresarios. Nos hacen creer que todos ellos son grandes impulsores del desarrollo, que han amasado sus fortunas con inteligencia, hornadez y sagacidad, que son los grandes herederos del fordismo y que a más trasnacionales, más progreso.

Sin embargo, esta visión es totalmente simplista, pues al igual que en todos los grupos y sectores sociales, hay más de una cara de la moneda. Así, pensando en una dicotomía empresarial, podemos dividir a los empresarios en 2 rubros. Por un lado tenemos a ese modelo de empresario honrado, trabajador y optimista que busca hacer crecer su negocio compitiendo en el mercado siguiendo las reglas, respetando la ley y conservando valores como el compromiso social. Y por el otro lado tenemos al empresario neoliberal, aquel que sólo pensará en sus ganancias personales, aún a costa de generar pobreza en millones de personas.

Vayamos al centro del asunto del segundo tipo de empresarios, que por lo general se convierten en políticos. A ellos los mueve una sola cosa: el interés. A los empresarios y políticos neoliberales les interesa únicamente la taza de ganancia, que se traduce en poder. Ganar, ganar, ganar, acumular, acumular, acumular. Esta es la ambición principal, ya lo demás viene después.

Para conseguir su insaciable deseo de poseer toda la riqueza posible, los empresarios y políticos neoliberales se valdrán de todo a su disposición: crearán asociaciones civiles (como Josefina Vázquez Mota con Juntos Podemos), se valdrán de la demagogia para crear culpables (Trump con los mexicanos), financiarán reformas y políticas públicas para su beneficio individual (Peña Nieto y las reformas estructurales), pero sobre todo, buscarán la manera de apoderarse de los poderes públicos —es decir, de la política— para incrementar sus intereses. ¿El resultado? La actual acumulación de más del 50% de la riqueza total del mundo en 1% de la población mundial. 

Es dentro de este marco empresarial-neoliberal donde podemos insertar a varios de los actores políticos de nuestra realidad nacional, estatal y municipal. Desde el gobernador “Kiko” Vega y sus negocios con las Asociaciones Público-Privadas para privatizar obras públicas y convertir el agua de Baja California en mercancía, hasta Marco Antonio Novelo privatizando el carnaval a un consorcio empresarial creado por tres empresas amigas; desde el presidente municipal de Mexicali Gustavo Sánchez Vázquez, condonando una deuda millonaria a “distinguidos empresarios”, hasta Peña Nieto haciendo negocios desde la presidencia con Grupo Higa para la construcción del hangar del avión presidencial y la Casa Blanca; ya ni hablar de los negocios internacionales gracias a las reformas estructurales.

Y los ejemplos abundan: ahí tenemos a los militares resguardando la construcción ilegal de una mina canadiense y amenazando a comunidades en Coahuila, a Javier Duarte creando empresas fantasmas en Veracruz para desviar millones de pesos, a Humberto Moreira y Moreno Valle endeudando a sus estados para robar millones del erario público.

Así pues, las cosas van de lo más general a lo más particular. Aquí hablamos de México, pero lo más preocupante es que el neoliberalismo, desde hace poco más de 25 años, es una tendencia global. Quizás el ejemplo más familiar en la actualidad sea el de los pueblos originarios de Dakote del Norte en Estados Unidos,que libran una batalla contra empresas petroleras por conservar sus tierras y sus cuencas acuíferas desde que Trump asumió el poder. Y es que los máximos representantes de esta escuela económica, que tiene como máxima utilizar el poder público para hacer negocios, son los presidentes actuales de México y Estados Unidos: Donald Trump y Peña Nieto.

¿Qué tipo de prácticas políticas utilizan estos políticos-empresarios? La privatización de los servicios públicos (Reformas Estructurales, Ley Estatal del Agua, Asociaciones Público-Privadas, privatización del carnaval), la condonación de deudas millonarias a empresas amigas (Peña con Televisa y grandes deudores nacionales, Gustavo Sánchez con las empresas bancarias, constructoras y demás), la reducción de impuestos a macro-empresas acompañada de un incremento de los mismos a la sociedad civil (gasolinazo, tarifazo, predialazo). ¿El objetivo? Depredar al pueblo, incrementar la taza de ganancia de particulares a través de la explotación voraz del pueblo. ¿Las consecuencias? Incremento de la desigualdad, la miseria, la pobreza y por ende el engrosamiento de las filas del crimen organizado. Y claro, en tiempos de votación, la abundante necesidad de miles de mexicanos facilita mucho la compra de votos.

Pero volvamos al inicio de todo esto: Mexicali y Baja California. Es crucial iniciar en el estado una campaña que retome un discurso más contundente, pues tenemos que identificar al enemigo con claridad: los empresarios y políticos neoliberales. Ojo, no generalizar a todos los empresarios, pues ya dijimos que existen aquellos honrados que no se valen de prácticas corruptas para acumular poder y riqueza desde el poder público.

Los neoliberales están distribuidos por todo nuestro sistema político: diputados, alcaldes, gobernadores, senadores, jueces, regidores. Abundan sobre todo en partidos políticos de derecha y centro como PRI y PAN, sin embargo el PRD también está contaminado de la carroña, y se rumora que Morena-Baja California les sigue el paso de cerca.

A pesar de la desgracia de la deuda condonada el día de ayer, las batallas ciudadanas no se pueden despreciar. Durante la votación para la condonación de la deuda ciudadanos de Mexicali le hicieron frente al alcalde, le expresaron su repudio y lo señalaron de frente como lo que es: un traidor. Este tipo de presión social tiene un efecto, pues demuestra la fuerza de la unidad popular y consigue triunfos ciudadanos como el fuero.

Con el desafuero votado a favor, y sólo faltando que 3 de los 5 municipios del estado estén de acuerdo en su aprobación, los ciudadanos tendremos un arma para combatir a los usurpadores del poder público. Atención, la eliminación del fuero no significa que se acabe con la corrupción. De nosotros dependerá utilizarla con responsabilidad y cuidado. Y para ello, seguir organizándonos es primordial. La unión es la fuerza, la suma de conciencias despiertas y valientes libera. No es momento de retroceder ni separar, sino de incluir y avanzar. Las consignas deben ser directas: ¡Juicio político a Hirata, Kiko Vega y Gustavo Sánchez!