Mujer

“Eva no quiere ser para Adán, la paridora pagada con pan…” Silvio Rodríguez

Desde una de las primeras manifestaciones feministas en la historia, la obra de Lisístrata, escrita por Aristófanes en el siglo IV A.C. hasta la actualidad, las mujeres han luchado por una igualdad siempre mal entendida por el hombre.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

No existe a mi parecer, ninguna explicación lógica que lleve a un ser humano al extremo de exigir lo que por derecho le corresponde en el mundo que habitamos. Ser mujer o ser hombre, es sólo cuestión de género, no de superioridad o inferioridad; ninguna persona tiene el derecho de estar por encima de otra.

Las mujeres no han conquistado la paralela instancia de coexistencia con los hombres, el hombre no lo ha permitido estableciendo leyes punitivas, sólo suavizadas con cláusulas que no funcionan en el ejercicio cotidiano legal.

Si hacemos retrospectiva, hace muy poco tiempo que a las mujeres se les reconocieron ciertos derechos como el voto, decidir cuando dejar de tener hijos, acceso a profesiones exclusivas del sexo masculino y otras actividades que por cierto pese a desempeñarlas, el salario es más bajo que los hombres.

La mujer aún soporta acoso de toda índole y el nada agradable doble rol familiar por el abandono de la pareja que no resiste vivir al lado de una mujer exitosa; también enfrenta la soledad obligada y la crianza unilateral.

La radicalización de los sexos es otro factor que impide la reconciliación de géneros. Lógicamente la mujer está a la defensiva y sataniza cada acto masculino, haciendo uso de lo que las leyes le permiten para castigar al eterno opresor que en la psique colectiva femenina, por siglos ha sido tratada poco menos que como un ente paridor de la estirpe.

La idiosincrasia, usos y costumbres a lo largo y ancho del globo, tienen historias similares donde las mujeres siguen siendo menos que nada. Aquí en nuestro país, una mujer con éxito forjado a punta de tremendos obstáculos, es tratada como ‘perra’, ‘zorra’ y peores calificativos por el hecho de tener que defender su estatus logrado. Es objeto, también de menciones y frases hirientes que tienen como objetivo desmotivarla, señalarla, socavarla. Pese al basto acceso informático la vida doméstica, privada, muy privada, donde el abuso difícil de tipificar y el silencio a fuerza del amor por los hijos, muchas mujeres soportan maltratos indecibles y hasta la muerte.

Miles de ellas desaparecidas, esclavizadas laboral y sexualmente, viven el terror de salir y saber que todo puede pasar.

Los hombres con valor de equidad e inclusión, tenemos la obligación moral de manifestar el irrestricto apoyo a nuestra contra parte de género y luchar por la anhelada igualdad humana, con roles bien estructurados y apegados a la dignidad innegociable.

Existimos parejas como Edith y un servidor que hemos logrado una dualidad armónica y respetuosa; es ella quien me hace ser un mejor hombre y me motiva a seguir construyendo juntos nuestras vidas.

“… Eva sale y remonta vuelo, Eva deja de ser costilla…”