VANGUARDIA: Ensenada, una vergüenza

Ensenada es una vergüenza. Fuera de la bella fachada que nuestra ciudad presume al turismo, esa con sus cuadras repletas de negocios norteamericanos para que nuestros vecinos del norte (tan ansiosos por deportarnos, insultarnos y criminalizarnos) se sientan como en casa, la ciudad está hecha un desastre.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

No hay que ir muy lejos para darse cuenta de ello, basta con caminar una par de cuadras hasta llegar a la avenida Juárez y Miramar y detenerse un momento frente a la tienda Coopel, ahí donde cientos de ensenadenses suelen esperar el transporte público a diario, para observar la metáfora perfecta de la ineptitud, impunidad y corrupción política local: las calles agujeradas, el asfalto triturado, la superficie hecha añicos mientras autobuses que se caen a pedazos prestan un servicio insultante.

Los baches de la ciudad son el problema más evidente, pero no el único. Tenemos el incremento en el robo de negocios y vehículos, los asesinatos impunes al alza, un transporte público indigno, escases de agua e intentos trasnacionales de privatizarla, el incremento de las tarifas de electricidad, los gasolinazos y miles de maestros retirados sin jubilación tras décadas de servicio que hoy se mueren sin recibir un solo peso de su ahorro. En fin, las abundantes injusticias en Ensenada nos recuerdan que por más que deseemos aparentar ser norteamericanos, seguimos operando bajo la misma lógica política del resto de México: corrupción, impunidad, mediocridad y nepotismo nos condenan a la miseria .

 Imparable ola de asesinatos en Ensenada. Matan al abogado Jaime Palafox Toscano 

 

Sin embargo, en mi opinión el mayor problema de Ensenada no es ninguno de los arriba mencionados, sino uno que trasciende hasta nuestra cultura política: la indiferencia. Escribir sobre este tema resulta muy desgastante, pues uno como periodista, con un oficio que implica estar en contacto diario con los hechos nacionales de violencia, inseguridad y pobreza, va presenciando cómo el barco no para hundirse mientras la apatía permanece intacta:  van miles de vida menos, pero nadie mueve un dedo para reparar la fuga.

Por más injusticias que ocurren la burbuja de confort en la que viven miles de ciudadanos ensenadenses les brinda la inmunidad perfecta para no asumir un compromiso que los lleve a actuar y exigir justicia social.

Cartón de La Paz, Baja California Sur, que sirve para ilustrar la situación actual de las calles de Ensenada. Autor: Marín

Pero no seamos categóricos, no es justo condenar a todos por igual. A inicios de año miles de ciudadanos nos demostraron su inconformidad marchando por las calles de la ciudad, exigiendo múltiples demandas justas y dignas. No, estos señalamientos van para aquellos seres paradójicos que por más que el gobierno les roba, miente, engaña y asesina, siguen viviendo en su burbuja de conformidad, listos para criticar y descalificar, pero no dispuestos a generar un cambio ellos mismos ni asumir una responsabilidad ciudadana.

Las razones abundarán, unas siendo más válidas que otras —que trabajo, que no tengo tiempo, que tengo que cuidar a mi familia, que no tengo que comer, que no creo en la política, que esto y aquello—, pero a pesar de las abundantes justificaciones prevalece un sector de ciudadanos informados, críticos y despiertos que sí viven con las condiciones idóneas para actuar, pero les hace falta un elemento clave: voluntad. En particular puede señalarse a la clase media, integrada por gente por lo general educada y financieramente estable, pero cuyos intereses individuales suelen opacar el compromiso social por mejorar el bienestar común.  

Por otro lado, hay que considerar que vivimos en la era del desahogo virtual. No son pocos los ensenadenses que utilizan Facebook para ventilar las penas e injusticias que sufren día con día. El problema es que hasta ahí llega la acción, se quedan en la queja digital que se desvanece en cinco segundos. ¿Por qué no convocar a un mítin en el ayuntamiento para exigir que se resuelva ya el problema de los baches y se castigue al responsable de tantos carros descompuestos? ¿Por qué no organizar a los vecinos de la colonia y exigir mejores condiciones de vida? ¿Por qué no presionar al gobierno con acciones cívicas como lo están haciendo en Mexicali y otras partes de la república?

 No habrá ajuste a la tarifa del transporte público de Ensenada; Novelo vota a favor del aumento 

 

Los baches de la ciudad son indudablemente responsabilidad del gobierno, son la evidencia de la corrupción e impunidad que ha imperado en los ayuntamientos de Ensenada. Sin embargo, también es culpa nuestra que las calles sigan así. ¿Por qué no acudir con los funcionarios de Obra Pública y Vialidades y Transportes y obligarlos a señalar a los responsbles del estado actual de las calles? ¿Por qué no presionar a Novelo para que imparta justicia?

Los baches de la ciudad, la metáfora perfecta de la ineptitud, impunidad y corrupción política local. Foto: Muchosbaches.com

Tenemos que entender que la justicia sólo se impartirá si nosotros ponemos de nuestra parte. El movimiento estatal de Mexicali Resiste lo ha dejado claro en las últimas semanas. En tan sólo 2 meses han conseguido, con el apoyo de miles de ciudadanos de toda Baja California, la abrogación de la Ley Estatal del Agua, la cancelación del Reemplacamiento vehicular, la suspensión temporal de la construcción de la cervecera Constellation Brands para la investigación de sus permisos, y están a un paso de conseguir que se le retiere el fuero político al gobernador, así como a diputados y senadores locales. Contra el mal humor de los apáticos y negacioncitas del cambio, la lección es contundente: la presión social sí sirve para generar transformaciones políticas.

 Suspenden temporalmente la construcción de Constellation Brands 

 

El jueves 23 de Febrero los transportistas de la ciudad asistieron a la sesión de Cabildo donde se discutiría el aumento al transporte público para manifestarse a favor del incremento. De igual manera, algunos colectivos y ciudadanos de Ensenada asistieron para oponerse. Los que exigían el aumento al transporte eran más que los que se oponían.

Por suerte, 10 de los 14 regidores votaron en contra. Sin embargo, el ejemplo permanece: mientras sigamos quedándonos de brazos cruzados en la comodidad de nuestro hogar, nos seguirán robando, nos seguirán engañando, nos seguirán empobreciendo y los baches se terminarán multiplicando hasta que Ensenada sea de nuevo un puerto de terracería.

Quizás lo más frustrante es que el ensenadense sí se dé el tiempo para asistir a los bares cada fin de semana, pasearse por los viñedos mientras se bebe una copa de vino y asistir a los festivales elitistas de cerveza del puerto, pero cualquier asunto que involucre civismo es imposible por infinidad de motivos. Tenemos que recuperar el equilibrio entre nuestros intereses privados y públicos.

Soy de Ensenada, nací y crecí aquí, y amo profundamente a la gente de esta ciudad. Sin embargo, es precisamente por ese aprecio que no puedo evitar sentirme decepcionado, avergonzado de ver cómo, día con día, la realidad nacional se vuelve más miserable y siniestra, mientras aquí la gente actúa como si no pasara nada, como si viviera en otro planeta; me hacen pensar que vivo rodeado de cobardes incapaces de lidiar con la realidad.

Nuestro puerto tiene todo para ser un ejemplo nacional de impartición de justicia y ciudadanización de la política, tiene gente capaz, inteligente y honrada, sólo le falta dar el paso siguiente: actuar. Mexicali ya empezó, y nosotros, ¿qué estamos esperando?

Marcha del 26 de febrero en Mexicali. Foto: Uriel Canales, La Crónica.
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