LOS PERROS GUARDIANES: Un asesinato en Turquía

“El Sol es un error brillante” — Paul Válery.

Rael Salvador** / A los 4 Vientos

Ensenada, B.C., 20 de Febrero 2017.- No nos engañemos, un político es un sacerdote disfrazado de civil, un demagogo que hace de su ideología una payasada religiosa.

         Y así –a quema ropa–, para el placer de la idea, la emoción se vuelve el carburante del odio: instruye un anhelo, se corresponde a un temperamento y aviva su tizón en el gas metafísico del rencor.

         Entra con la audiencia, despista con la elegancia –silba desinterés–, observa el escenario con adrenalina determinante; crítico de la realidad y adalid de su coherencia, juzga las fotografías y, pulverizando el costado del embajador ruso en Turquía (Andrei Karlov), deja escuchar la musicalidad hiriente de ocho detonaciones y una estela de verbos dorados a la memoria de Alá: “No se olviden de Alepo, no se olviden de Siria. A menos que nosotros estemos todos seguros, ustedes tampoco sentirán seguridad. (…) Sólo la muerte me llevará de aquí: ¡Alahu Akbar!” (Dios es grande, en árabe).

         El oportuno “clic” del fotógrafo, exquisita congelación digital, fija los hechos a la posteridad y, para un premio –World Press Photola inhumana postal de nuestro infierno habitable.

Burhan Ozbilici, ganador del World Press Photo

         El sospechoso será ultimado, pero antes –ofreciendo también un mensaje a los artistas– golpea la imágenes que le disgustan o le parecen deplorables, las que más le chocan o no son de su total agrado.

         El crimen no se dio ante las paredes emborronadas de graffiti, ni en patios repletos de basura que el viento y la gente llevado hasta ahí, sino en una exquisita galería de prestigio, donde los diplomáticos se dan cita con los artistas y los criminales con los diplomáticos…

         Si la práctica política (no sólo la internacional) ha convulsionado la vida social, es porque la realiza en el peligro de lo indebido: roba, engaña, tima, merma, miente, estafa, abusa, embauca, condena, asesina, despista, defrauda…

         Y lo indebido tiene el imán de lo indebido: la muerte por la muerte misma.

         El ejemplo más próximo –con mucha hemoglobina traficada como noticia– lo acabamos de ver en directo hace un par de meses en la versión amateur del supuesto terrorista quien, atendiendo con puntual pertinencia los manuales del oficio, hace público el temor a las audiencias y, a la vez, expande su mensaje temerario.

 Existirán otros, claro que habrá otros: como antes, en unas horas o mañana (ya se irán puntualizando).

         ¿Cómo drenar los pantanos de la historia para que el caldo de cultivo de los políticos ineficientes y los terroristas justicieros dejen de desilusionarnos y conmovernos?

         Desde la médula periodística, que no es otra cosa que una barata sucursal del adoctrinamiento social –similar al púlpito, la escuela o el acuartelamiento–, donde la exaltación emotiva esboza sus incentivos nerviosos que la llevan a reaccionar como nitroglicerina humana y, desmembramiento del cuerpo social, la explosión sanguinaria resulta irreversible.

         La emoción –pragmatismo sensual que dispara ventas y consolida ganancias– es utilizada por los medios de comunicación para generar lástima, lloriqueo, conmiseración, piedad, compasión, lamento, moco sentimental… y que al agotar sus reservas de hipocresía y falsa ternura, develan las más brutales pulsiones humanas: inquina, antipatía, fobia, desprecio, libidinosidad, señalamiento, intransigencia, rabia… 

 “No reír ni llorar, sino comprender, sugería Spinoza.

         No más lujos emocionales, que únicamente impulsan los santuarios del terrorismo (incluyo el de Estado). Si el pragmático negocia con lo existente, a decir de Michel Onfray, entonces hay que tomar en consideración que “el ideólogo sólo piensa a partir de ideas desconectadas de lo real”.

         No sin antes revisitar los obstinados métodos de conflagración de la especie, Jean-Paul Sartre arengaba el terror –error dentro del horror, considero– como arma histórica al alcance de los parías: “El terrorismo es la bomba atómica de los pobres”.

         Mas lo que Sartre advierte como defensa de los oprimidos, es moneda de uso corriente en el armamento bélico de occidente: drones inhumanos, aviones depredadores, bombas de radiactividad furtiva que se llevan por delante, como si fueran fardos de añadidura, a niños, mujeres y ancianos inocentes que, sin dar importancia a su condición de población civil, se suman por igual a los crímenes colaterales de activistas, médicos, monjas y periodistas.

         Siendo humanos, ser católico significa no ser protestante, ser cristiano significa no ser musulmán, ser musulmán significa no ser judío… sin advertir que ser de la Cruz Roja Internacional no me hace menos humano que Médicos Sin Fronteras.

         En esta loca mascarada subjetiva, teocrática de la política –trágico teatro primitivo–, existe una ética del desencanto: el desamparo de un disfraz divino en el mismo devenir del hombre…

         El de la imposibilidad que Dios exista, porque todo está permitido.

         raelart@hotmail.com

         * Galería 184 invita a la mesa de debate LA CÁMARA DISPARA: “ Un asesinato en Turquía”, con la participación de Alejandro Cossío, Rael Salvador, Alex Espinoza y Enrique Botello. Miércoles 22 de febrero, 16:00 horas, Galería 184. La entrada es libre.


**Existencialista tardío, Rael Salvador es poeta, escritor y periodista.