A DOS DE TRES CAÍDAS: Entre la arrogancia y la prepotencia ¿diálogo o debate?

Me gusta la movilización y participación ciudadana, creo que es importante que las personas por fin se den cuenta que es el pueblo como ente mayoritario del estado y de la nación quien debe imponer la agenda de gobierno, y exigir que los gobernantes cumplan con la Constitución y con el objetivo de actuar para beneficiar al pueblo.

Arturo Ruiz El Súper Cívico/ A los 4 Vientos

Es más, me da gusto que las personas, que hoy participan en diversas manifestaciones, marchas y plantones, se den cuenta que ellos son parte del pueblo. Parece sencillo pero no lo es. Este modelo social y su reproductor educativo, se diseñó para que las personas se vieran solo como individuos, para que actúen solo en base a sus conveniencias particulares, para actuar únicamente en base a su interés que no es necesariamente el interés de las mayorías.

Una sociedad de individuos separados entre sí, resultó para la clase gobernante durante décadas, más fácil de controlar que una sociedad asumida por sus integrantes como una clase social bien determinada o que comunidad crítica y educada que es por tanto solidaria entre sí.

Y en México y en Baja California durante la etapa post revolucionaria a la fecha, nos fuimos construyendo como una sociedad de personas disímbolas que no se conectan ya como parte de una clase social.

Sin embargo, sí tienen inconformidades grupales que no necesariamente son compartidas por otros grupos o individuos. Una realidad compleja de personas, de seres, de individuos fragmentados en cuanto a sus necesidades y demandas, pero que tienen un factor en común: un gobierno ajeno y contrario a sus intereses.

Y cuando este sistema de gobierno entra en una crisis y se está colapsando, tal sucede en la actualidad, se debe a que los actuales paradigmas ya no son eficaces para controlar o para dar respuesta satisfactoria a las demandas de los grupos o personas. Y por tal razón surgen las manifestaciones como respuesta generalizada y sin la necesidad de que los convoque un líder o una fuerza política en particular.

Foto: La Jornada

Es un movimiento generalizado que tiene como factor aglutinador la insatisfacción y la molestia con la clase política y la clase gobernante. Es el hartazgo de una sociedad disímbola, pero cansada de abusos y de tener que sostener a gobernantes y políticos a los que asocian como incompetentes y corruptos… ¡Así de fácil!

Creo que el detonador generalizado en el caso de Baja california fue el Gasolinazo y la intención de privatizar el agua, pero posteriormente, ya cuando la gente se dio cuenta de su poder, al lograr la abrogación de la ley del agua y cuando logró sentar a los gobernantes a dialogar, fueron surgiendo y sumándose distintas inconformidades. Y esa gama de diversas demandas, deben encontrar primero una articulación entre sí y posteriormente un método para construir una voluntad colectiva que le dé viabilidad y permanencia al movimiento de esta sociedad demandante y poder encontrar alternativas de solución.

Se dice fácil pero no lo es, primero, porque en este movimiento muchos de quienes se están erigiendo como voceros o representantes no se conocen entre ellos; segundo, porque sus orígenes sociales e ideológicos no son homogéneos; y tercero, porque tiene que encontrar una forma de legitimarse como voceros del movimiento, evitando rebasar el interés colectivo, abogando de forma prioritaria por lo que ellos consideren más importante.

Un riesgo latente, es que los voceros o dirigentes emergentes, sean seducidos por el protagonismo excesivo, por las tentaciones de atender de forma fragmentada sus intereses por parte de la clase gobernante y sobre todo de evitar erigirse como la voz del pueblo. Señalo esto, porque debe entenderse que solo podrán encontrarse soluciones mediante el diálogo y mediante el planteamiento de una agenda de demandas lo más concreta y objetiva posible. Una agenda que incluya las demandas de los distintos grupos con motivaciones sectoriales, en los ámbitos laborales, ambientales, culturales, políticos y económicos.

Pero además, debe quedar claro que para esto, a la par de la movilización debe privilegiarse el diálogo, con ánimos de construir acuerdos y no solo de polemizar o postrar al adversario.

Foto: twitter

Porque en el pasado encuentro de los legisladores y de los voceros del movimiento “Mexicali Resiste”, fue evidente que en distintos actores de ambos bandos, hubo más la intención de debatir, no de dialogar y también fueron evidentes las actitudes de arrogancia y de prepotencia, ya no solo de la clase política sino también de los voceros del movimiento.

Hay tiempos de pelear y hay tiempos de dialogar sin claudicar.

Por tal razón, insisto en que lo más importante para acabar con las acciones de gobierno unilaterales y verticalistas, para acabar con la corrupción y para beneficiar a la sociedad, es poder construir una agenda y un método de consulta que le permita a la sociedad construir un proceso que tenga como premisa articular y darle forma a la voluntad colectiva colectiva y la participación ciudadana.

Para concluir, va desde esta columna una sonora trompetilla y la indignación de quien esto escribe, por la forma cobarde y torpe con que actuó el presidente municipal de Mexicali, Gustavo Sánchez, al provocar a los manifestantes; y por reprimir y detener de forma selectiva a algunos de los voceros y líderes de los campamentos de “Mexicali Resiste”, porque estos hechos no abonan al diálogo y sí a la crispación y a la desconfianza de ese sector de la sociedad, que ya se decidió a no permitir más abusos de la clase gobernante.

Exigimos castigo para estos malos funcionarios, porque una policía que agrede y somete vejando la dignidad de personas pacíficas, y particularmente a las mujeres, es una policía carente de principios éticos y de protocolos adecuados. Y ese alcalde, su secretario de seguridad y los agentes que abusaron de estas personas, deben ser sancionados, para no permitir la violación de los derechos humanos ni la impunidad… ¿O no?

ARTURO RUIZ CONTRERAS* Jorge Arturo Ruiz Contreras. Biólogo. Ex subprocurador de Derechos Humanos y Protección Ciudadana en Ensenada. Asesor político de grupos parlamentarios en el Poder Legislativo de Baja California