Todo queda en familia: ‘Yo no sé qué trae mi muchacho (a)’

«Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria.”

«Un país donde esculcar mochilas no sea la panacea de propuestas remediales. Un país que sepa que nosotros lo hacemos y no visceversa».

Juan Pablo Duarte

A diario ingresan a las escuelas públicas y privadas en educación básica, cientos de estudiantes cargados de un sin fin de chucherías en sus mochilas, entre éstas, libros y cuadernos mal forrados y maltratados, llenos de chismógrafos, corazones y una variedad ininteligible de pictogramas y códigos de comunicación secretos que sólo ellos y los amigos pueden descifrar. No es nuevo ni extraño que los adolescentes establezcan marcadas diferencias respecto del mundo adulto.

José Luis Treviño Flores* / A los 4 Vientos

A los 14 años el individuo define su identidad, es decir, sus gustos, afinidades, inclinaciones y por supuesto sus amistades, por lo que se vuelve más gregario y establece límites de intromisión a su nuevo estatus de independencia emocional y social. Esto no debiera ser un problema de interacción, no obstante, ante la imposibilidad de manejar la explosión hormonal y psicosocial por falta de información, el adulto promedio al interior de la familia, prefiere ignorar o en su defecto, reprimir al nuevo ser que reconocía como el dócil chico que esperaba y pedía permiso hasta para ir al patio.

Amén de la multi abordada problemática de los tiempos de convivencia por las extenuantes jornadas laborales que hacen poco posible la atención de calidad para con el adolescente rebelde que argumenta no necesitar vigilancia alguna, ya que sus intereses distan mucho del otrora padre, madre, tutor, maestro, tío, tía o cualquier otra figura que simbolice autoridad y que de protectores y proveedores pasan a ser un obstáculo para su libertad de asociación amistosa y de diversiones.

Agreguemos el libre acceso a las redes sociales, la televisión por cable y los Smartphones, que los convierte en pornonautas, ‘violenautas, bullingnautas’. Las redes externas de ‘ninis’ y pandillas que seducen a los otrora hijos de familias, que con el cuento de un libertinaje sin consecuencias, sin restricciones y con la oportunidad de ganar dinero fácil, además de dar rienda suelta a las hormonas alborotadas, comienzan a desconocer casi cualquier figura adulta.

Ahora bien, para muchos padres las escuelas son contenedores de hijos en tanto ellos trabajan, guarderías, opción de: –Quédate ahí mientras me dedico a lo mío.

Pero una cultura de significación educativa, capital cultural, formativa y de trascendencia para el futuro profesionista, un muy bajo porcentaje de familias observa las escuelas con ese propósito.

Foto: Diario de Córdoba

Sumemos el desprestigio mediático del ejercicio docente, la pérdida de autovaloración profesional y la individualización del quehacer pedagógico. El adolescente se observa hoy más que nunca como un ente extraño al centro de un triángulo poco atractivo en lo social, oferta educativa y desintegración familiar.

Realizar operaciones mochila en las escuelas es una medida desesperada ante un abandono de años por parte de los encargados de llevar a buen puerto la preciosa carga de niños, niñas y jóvenes que un país posee y que la delincuencia organizada y la internet encuentran presas fáciles para moldear a su antojo y conveniencia.

 

 

 

Los derechos elementales de los ahora púber y adolescentes fueron violentados mucho antes de siquiera hablar mojigatamente de que invadir sus pertenencias es un atentado. Es absurdo tratar de remediar la nula formación de valores, integración y atención, con la ‘estrategia’ militar y rodeados de perros entrenados o formar a los muchachos y muchachas cual delincuentes en penitenciarías, pasarles báscula y pretender que si encuentran un arma blanca o de fuego, se cumple el cometido social de catalizar la violencia.

El problema de jóvenes armados no se podrá remediar a menos exista una profunda reeducación humanista y el estado mexicano deje de perseguir docentes y sindicatos mientras que los niños y adolescentes no observan en el mediano plazo, una respuesta a sus necesidades formativas.

Los padres de familia poco pueden hacer porque están profundamente desvinculados respecto de los centros escolares y con la obtusa información mediática de que los maestros y maestras son una especie de parásitos sociales que cobran sin hacer nada.

Foto: Nayarit al Día

Si bien los docentes siempre han enfrentado las problemáticas sociales y familiares, hoy por hoy ante su satanización profesional, que los convierte de líderes comunitarios a estorbos laborales, ya no tienen el ánimo de coadyuvar a la mejora del tejido social. Pese a los esfuerzos por reivindicar su estatus, tienen en contra, principalmente a las familias que por confort y desapego ante el compromiso que exige estar pendientes de la formación integral, es mejor dejar la tarea completa a las escuelas y criticarlas después por los deprimentes resultados.

A diario las comunidades escolares observan riñas violentas entre los estudiantes, hombres y mujeres, no importa el género, suben después a las redes cual éxito de top ten las más agresivas. Dentro de las aulas, los docentes luchan por atrapar la atención de sus alumnos con espacios obsoletos, infraestructura deficiente y prácticamente cada aspecto cotidiano en contra. La oferta educativa aún no logra que sus usuarios amen acudir a formarse, no en una fila, sino a formar su futuro.

No podemos culpar a los docentes de cada fracaso, tampoco a los padres de familia que a su vez son víctimas de un pobre desarrollo social que los obliga a fijar la mirada en su día a día por no claudicar y perder el empleo.

El enfoque neoliberal del alma sola, del espíritu individualista contra el mundo, está matando a las nuevas generaciones, literalmente.

Si ponemos atención, revisar mochilas no es ni la solución, ni puede ser tampoco la única medida de control de la violencia y la terrible opción que están eligiendo nuestros niños, niñas y adolescentes ante la escalada egoísta de un sistema excluyente que su prioridad no son ellos, sino su propia permanencia en un poder criminal que permite a gobernantes absurdos declarar que la militarización de la educación es la perfecta respuesta y así terminar de asesinar los espíritus de quienes debieran significar la fortaleza de nuestra patria.

Operación «Mochila segura» realizada cotidianamente en las escuelas de México por elementos policiacos y perros amaestrados. Foto: Sol de Acapulco

Nos dicen a diario que pensemos en: “no te preguntes que puede hacer tu gobierno por ti, mejor pregúntate que puedes hacer tu por tu país”, pues bien, tienen razón, es hora de cambiar un gobierno por otro que responda a sus hombres, a sus mujeres, a sus niñas y niños a sus adolescentes y jóvenes. Es lo mejor que podemos hacer y enfocarnos en nosotros como colectivos ciudadanos y que como individuos formamos parte de un todo humano que puede transformar a este hermoso país, que no es de unos cuantos políticos de pequeña envergadura y gran arrogancia.

*José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias técnicas. Escritor, dramaturgo.