Piedras y cemento.

¡Haaay taaamaaleees! Gritan los vendedores en las esquinas de alguna ciudad santuario de Estados Unidos. Durante el día venden sus antojitos mexicanos que transportan en carritos jalados por ellos mismos o en camionetas habilitadas como cocinas ambulantes y ahí se pueden encontrar tacos de chicharrón, burritos norteños, lo mismo que elotes o esquites.

Myrna Pastrana/ A los 4 Vientos

 Así,  los inmigrantes ilegales y legales han penetrado con la gastronomía mexicana a la industria alimenticia que dice una consultora que mueve alrededor de unos 1300 millones de dólares anuales. 

Sonia Ruiz prepara un elote en su carrito ambulante en la esquina de 26th St. y St. Louis Ave. Foto: MARINA KLAUKE/VIVEHOY

Pero no solo es el cálculo de la ganancia, es ante todo la cultura mexicana la que llegó para quedarse.

Las delicias mexicanas… Foto: El Universal/ De10.mx

 Porque así como nadie se resiste ante un vaso de champurrado, tampoco a los “buenos días” esa forma matutina de desear no solo uno sino muchos días buenos o al deseo de que todo se logre “con el favor de dios”.

Y no se diga de las fiestas patrias mexicanas que allá se celebran a la par que las religiosas.

Mexicanos y estadounidenses celebran juntos y con singular alegría la Batalla de Puebla, gesta heroica del 5 de Mayo 1862, cuando el ejército mexicano, liderado por el General Ignacio Zaragoza, venció al poderoso ejército francés.

México se metió al corazón de los Estados Unidos, de contrabando si se quiere, pero ahí está. Ponerlo atrás de la raya, expulsar a los indeseables, puede ser. Lo más difícil será aniquilar lo intangible: tratar de  borrar su cultura a base de piedras y cemento.

Día de Muertos, en la versión de Spectro, la película de James Bond, el Agente 007. Sincretismo cultural de ambas naciones.

 

*Myrna Pastrana, antropóloga, escritora, periodista y consejera electoral chihuahuense.