LOS PERROS GUARDIANES / El pequeño Sartre que no hay en Slim

       Dado el clima de asco bilateral, la conferencia del empresario mexicano desató el interés mediático. Fueron miles los internautas que se aprestaron a escuchar lo que imaginaron sería la sustitución de las responsabilidades presidenciales en la ostentación de un plutócrata.

Pero todo resultó muy primitivo: un discurso mal masticado, al mejor estilo Coparmex.   

Rael Salvador/ A los 4 vientos

                Al referir Carlos Slim el perfil negociador del presidente de los Estados Unidos, el visceral Donald Trump, irrumpe en mí la declaración de Jean-Paul Sartre: “Jamás fuimos tan libres como en la ocupación alemana”, suscrita en Lettres Fancaises, el año de 1944, bajo el título la República del silencio.

       A primera vista, la vinculación puede parecernos asimétrica, pero si se asoma un poco la nariz al abismo histórico, se observa que guarda similitudes importantes, sobre todo cuando se echan sobre la mesa las cartas de la Libertad y la Dignidad.

       “Habíamos perdido la totalidad de nuestros derechos y, ante todo, el de hablar; diariamente nos insultaban en la cara y debíamos callar; nos deportaban en masa, como trabajadores, como judíos, como prisioneros políticos; por todas partes, en las paredes, en los diarios, en la pantalla, veíamos el inmundo y mustio rostro que nuestros opresores querían darnos a nosotros mismos: a causa de todo ello éramos libres”, escribe en la parrafada inicial de su artículo el autor de El muro.

      

De tal manera, que la exclusión perversa que abandera Trump, especie de violación espiritual al gabinete de Peña Nieto, viene enganchada en la consigna de Marx: “La historia se repite: la primera como tragedia y la segunda como farsa”.

       Por eso, cuando el mandatario de las empresas discurre sobre la desavenencia amenazante, no le queda otra que migajear bondades del entuerto, donde la Libertad es ajustada a la dolarocracia y la subordinación se coloca por encima de la dignidad.

       En su momento, acuciado por el régimen de Vichy, el filósofo francés exclamó:

Como el veneno nazi se deslizaba hasta nuestros pensamientos, cada pensamiento justo era una conquista; como una policía todopoderosa procuraba constreñirnos al silencio, cada palabra se volvía preciosa como una declaración de principios; como nos perseguían, cada uno de nuestros ademanes tenía el peso de un compromiso”.

       Detengámonos ahora un poco en las nociones de exilio y cautiverio. La primera, condición de nuestros connacionales en el extranjero; la segunda, situación de los que, al ser depositarios de la pobreza extrema, no logran abandonar el país.

Al no vivir en la sociedad del bienestar, el obligado migrante es mano de obra dura –sangre, rabia, sudor, dolor, la batalla diaria, la lucha, el sacrificio, el señalamiento, el menosprecio– en el país vecino; al permanecer en México, ni siquiera es mano de obra barata que beneficie a las pequeñas o grandes empresas –como sugiere Slim–, ya que no cuenta con la fortuna de tener un empleo, quedando a merced del sufrimiento, el hambre, la enfermedad, el miedo y la muerte (en contraposición de la casta privilegiada y depredadora que, desde sus curules, canibalizan la nación).

       Estos son dos temas que tocó Slim, de pasadita, ignorando el territorio laboral de la gente sencilla, pobre, sin trabajo ni consuelo, pero encumbrado una cartografía ceñida a los designios de la gobernabilidad, las oportunidades y el avecinado tiempo de los emprendedores.

       “Trump no es un traspié del orden moral dominante –expresó el doctor en educación Pablo Gentili–, sino la expresión más perversa del éxito de un sistema que valoriza al individuo y desprecia a la comunidad, que exalta el supuesto mérito de seres humanos que son capaces de acumular riquezas, mientras humilla y desprecia a los más pobres, a los abandonados y excluidos”.

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir,

       Cierro mi comentario montado en los hombros de la Historia: “Así se construyó, entre las sombras y en medio de la sangre, la más fuerte de las repúblicas”, arguyó al final de la Segunda Guerra Mundial el existencialista, para que podamos advertir, no sin ironía, al pequeño Sartre que no hay en Carlos Slim Helú, el cuarto hombre más rico del mundo.

RAEL-Contraportada*Existencialista tardío, Rael Salvador es poeta, escritor y periodista. raelart@hotmail.com