“¡Gobierno, tiembla, Ensenada está despierta!”: Crónica de una mega-marcha

“¡Si las reformas van contra todos, todos contra ellas!”, grita el hombre del altavoz junto al monumento a Lázaro Cárdenas. Son las 11:50 de la mañana del domingo 15 de enero 2017, y cientos de ensenadenses, que muy pronto sumarán miles, se han ido congregando a los pies del general revolucionario para marchar en contra del gasolinazo con el que los mexicanos iniciamos el año.

Iván Gutiérrez* / A los 4 Vientos

A la convocatoria lanzada a través de las redes sociales han respondido familias enteras, adultos de la tercera edad, jóvenes, niños, profesores, doctores, académicos, ciclistas, campesinos, obreros, estudiantes y una cantidad significativa de caninos.

“No caeremos en provocaciones, esta manifestación es totalmente pacífica y apartidista”, reiteran por el micrófono y hacen el llamado a la gente a tomar la calle.

Inicia la movilización y las consignas escritas en todo tipo de materiales —cartulinas, pancartas, carteles, camisetas, lonas—, decoran el paisaje de la multitud, dominan la vista y se escuchan a muchos metros a la distancia coreadas por miles de voces.

“La única lucha que se pierde es la que se abandona”, grita la gente en consignas escritas en una lona, mientras en otra se lee “Si nos dividimos estamos vencidos. Unidad en la lucha popular”. Otra más nos recuerda que “El agua es un derecho humano, no un negocio”.

El contingente se interna en la Avenida Reforma y tarda más de diez minutos en ocupar la calle. Es en este momento cuando la gente comienza a notar que son miles de pies los que marchan sobre el asfalto a un solo ritmo.

Los gritos de protesta comienzan a oírse como los truenos de una tormenta: “¡Fuera Peña! ¡Fuera Peña! ¡FUERA PEÑA!”. Con toda la suerte del lado de los marchantes, las nubes acompañan el reclamo popular del día de hoy.

El contingente es enorme. Varios dirigentes pasan entre la multitud para reorientar la dirección de los marchantes hacia el carril del lado izquierdo, pues los que van al frente están por girar hacia la avenida Juárez.

“¿Dónde están los jóvenes?”, pregunta un señor a su esposa. Más adelante llegará su respuesta.

Ondean banderas mexicanas, suenan los cláxones de los conductores como apoyo a los marchantes. “¡Se ve, se siente, Ensenada está presente!”, gritan en la parte central de la marcha, un grito que se replica hasta que todos los presentes se adueñan de él. Es la materialización del cambio social: una sola voz se convierte en el movimiento de mil conciencias unidas.

“¡No a la Ley del Agua!”, “¡Únete pueblo, únete!”. Es la fusión, la convergencia, la unión de mil individualidades en un reclamo colectivo. La calle Juárez se ha convertido en propiedad de los marchantes.

A pesar de que la gente ha salido a protestar, a ratos parece ausente un elemento clave: el liderazgo y la coordinación. Muchas áreas de la marcha transcurren por momentos en silencio por la falta de quien convierta la exigencia de todos en una expresión colectiva.

Algunos se percatan de ello y de inmediato se eleva una porra que se extienda por el aire: “¡El pueblo, unido, jamás será vencido!”, corean mil voces animadas.

Al transitar por la calle Juárez los ciudadanos se asoman por los costados de la marcha y se sorprenden del tamaño del contingente que integran. “¡Hay mucha gente!”, dice un niño. Y en efecto, nunca se había visto una movilización social de esta magnitud en Ensenada.

“Ni siquiera en la época de la ‘Rufomanía’ hubo tanta participación”, le comentará el fotógrafo Enrique Botello a los periodistas de 4 Vientos más adelante. Claro que el contenido de la marcha es altamente contrastante, pues si en aquella ocasión la gente salió a las calles para apoyar a un candidato, ahora lo hace repudiando a todos los partidos políticos.

Entre los asistentes asoma la pregunta: “¿Qué no podríamos hacer todos nosotros juntos si nos organizáramos siempre de esta manera?”. Cuando la parte central de la marcha llega a la altura de la catedral inicia el himno nacional: “¡Mexicanos al grito de guerra!”.

El apoyo de los espectadores es absoluto: viene de los choferes del transporte público, de los transeúntes, de los automovilistas. “¡Fuera Peña!”, grita el conductor de un microbús rojo.

Al cruzar el puente una mujer al lado del Banco Santander grita por un altavoz: “¡No paguemos impuestos!, ahí es donde más les duele, hay que recordarles que ellos son nuestros empleados ¡México está unido, ahora sí vamos a demostrarles quien manda! ¡Fuera Kiko!”.

Las calles que los marchantes suelen transitar en su rutina cotidiana ahora les pertenecen, son suyas, y el mismo sentimiento de reapropiación es el que moviliza a esta gente: es momento de recuperar el país.

Por todos lados aparecen muestras de apoyo y solidaridad: “¿Le ayudo con la cartulina?”, pregunta un joven, mientras que otro camina a lo largo de la marcha ofreciendo botellas de agua: “¿Tiene sed?”.

“¡El pueblo, unido, jamás será vencido!”. El clímax del evento llega al arribar a la avenida Ruiz. Las consigas retumban en las paredes de los negocios, mientras la gente apasionada entona el himno nacional como nunca antes en su vida. Por todo lo largo de la marcha hay un festival: el carnaval se ha adelantado en Ensenada.

La música irrumpe, los jóvenes tocan trompetas, guitarras, corean canciones de Molotov — ¡Gimme the power!—, gritan que “¡quien no brinque es Peña!”. El espíritu revolucionario se enciende en todos los presentes bajo un grito colectivo: “¡FUERA PEÑA!”. Piñatas con forma de Micky Mouse y rostro de Kiko Vega y Rocío Gorosave se balancean entre la multitud.  

El acto es una fusión de corrientes marinas encontradas: es la indignación y el coraje mezclados con la euforia y la felicidad de que finalmente los ciudadanos se abriguen bajo un mismo reclamo.

Claro que la marcha es demasiado grande para registrar cada detalle, pero por suerte abundan las armas del Siglo XXI: por todos lados hay Smartphones tomando fotos y transmitiendo en vivo, así como cámaras profesionales documentando el hecho sin precedentes.

El ensenadense ha descubierto el poder de su unión, está viviendo la fuerza de la acción colectiva: “¡Gobierno, tiembla, Ensenada está despierta!”.

Al llegar a la “R1” —Ruiz y calle primera— una niña que va sobre los hombros de su padre toma el altavoz y grita a todo pulmón “¡Viva México!”. De inmediato se dispara la euforia entre los marchantes que pasan a expresar con entusiasmo: “¡Despertó, despertó, Ensenada despertó!”.

La calle primera es ahora el centro del festival. En el contingente se ve que marchan algunos políticos —regidores, coordinadores de partidos, entre otros—, pero sin buscar protagonistas políticos, sólo como uno de mil ciudadanos inconformes más. Al final del contingente cabalgan 4 jinetes que recuerdan a aquellas fotografías viejas de la revolución mexicana.

Más adelante un carro con bocinas clama “¡Despierta, pueblo de México, tenemos que estar organizados, tenemos que unirnos porque en febrero se viene otro gasolinazo y tenemos que defendernos de Peña Nieto!”.

Por todas partes abundan los brazos que alzan al cielo sus exigencias, denuncias y consignas. En 4 Vientos contabilizamos que la marcha la integran un aproximado de 7000 ensenadenses, algunos activistas nos dirán que son más de 9000. Sea cual sea la cifra verdadera, la realidad es una: el día de hoy Ensenada ha decidido que participará en la revolución.

“¡Zapata vive, la lucha sigue!”, gritan cientos de manifestantes a todo pulmón; es la “digna rabia”, diría un articulista de 4vientos.

El contingente llega finalmente a su destino, y poco a poco la Ventana al Mar se inunda de gente con banderas y consignas de lucha social. Los miles llegan eufóricos mientras siguen clamando a gritos la renuncia de Peña Nieto.

“¡Y pensar que esto está ocurriendo en todas las partes del país!”, comenta una señora con una sonrisa triunfante. “¡Hoy hicimos historia!”, afirma un hombre al micrófono. Poco después un Doctor de San Quintín resume el mensaje del movimiento de hoy: “¡No a las reformas de Peña Nieto! ¡No al gasolinazo y no a la privatización del Agua!”.

Gran parte del contingente se dirige entonces a la concha acústica, donde miles presenciamos lo increíble: los jóvenes, aquellos eternos ausentes, hacen una fiesta musical sobre el escenario. Ahí están los músicos de Tazabrozo, Palomazo Cósmico, los Hipogrifos y otros más, bailando, gritando y cantando con toda la energía de la juventud mientras otros ondean banderas de México. Varios de ellos toman el altavoz y comienzan a rapear la expresión de su hartazgo y deseos de cambio.

Me han callado la boca, igual que a todo aquel que, previo a esta manifestación, afirmaba la absoluta apatía de la juventud ensenadense. Hoy los jóvenes demostraron que están despiertos y listos para afrontar con dignidad y valentía las condiciones que se vienen.

El fin del evento asoma. Es necesario apuntar en esta breve crónica que durante toda la marcha no apareció ni una sola sigla de partidismo; se respetó la esencia ciudadana. Hoy marchamos niños, jóvenes, adultos y personas mayores de la mano por un país mejor, hoy marchamos muchos que nunca antes habíamos marchado, hoy salimos a gritar que vamos a luchar juntos por nuestro futuro. Y esto apenas comienza.

 

* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por laDANIEL ARELLANO
Universidad Autónoma de Baja California. Reportero y columnista en 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, la poesía, el estudio de las redes sociales y el desarrollo político del país.

 


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