EL ALZA DE LA GASOLINA: ACTO DE PREPOTENCIA E INSENSIBILIDAD POLÍTICA.

La irritación de la sociedad por causa de la elevación del precio de la gasolina también elevó la temperatura y las tensiones políticas. No se justifican los saqueos que grupos no identificados cometieron contra tiendas de autoservicio en varios Estados de la República, pero se comprende que todo enojo social busca liberar presión y aflorar por alguna parte.

Alfonso Bulle Goyri* / A los 4 Vientos

Los economistas y tecnócratas de la Secretaría de Hacienda han impuesto sus criterios. Dejar en libertad las gasolinas para que adquiera su verdadero precio de mercado. Para el gobierno la medida se justifica para evitar subsidios que sólo benefician a las clases altas y, diríamos también, a líderes corruptos que sistemáticamente desde hace décadas han sangrado la economía de PEMEX y del país.

Pero los cálculos técnicos de quienes nos gobiernan no son del todo precisos y más bien son poco claros para el grueso de la población que se siente agraviada.

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El presidente Peña Nieto prometió, y así lo dundió en decenas de miles de spots, que de aprobarse la Reforma Energética bajarían precios y tarifas de gasolina, de gas y de energía eléctrica. La realidad ha sido otra.

La Administración de Peña Nieto se lanza a esta nueva aventura y todo parece, como en otros momentos desafortunados, que lo hace sin medir las consecuencias de la medida, como si la sociedad no importara. Justamente durante el periodo vacacional, a unas horas de que terminara el año 2016, se hace el anuncio, veladamente, como si se quisiera sorprender a una incauta ciudadanía que disfrutaba de unos merecidos días de asueto. El golpe es certero. El regreso de los vacacionistas implicaría un gasto adicional de hasta 20% para llenar el tanque de los vehículos. La medida da en el blanco y el disgusto se torna colérico.

¡No puede ser que el gobierno tome semejantes determinaciones sin un previo aviso y sin que la gente se prepare para el mayor costo del combustible!

Deben caer en la cuenta los tecnócratas que no es la decisión económicamente correcta nada más la única que cuenta en estos casos. Las formas también juegan un papel determinante. ¿Por qué no preparar a la sociedad con información suficiente que le permita procesar la profundidad de la decisión?

Pero no, se toma la medida y sin más, se aplicó. La gente con justificada razón se siente sorprendida, engañada, la sociedad se siente insultada, atrapada en las garras de un gobierno insensible.

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Fuerte indignación existe en todo el país por el gasolinazo que impuso el gobierno de Peña Nieto

Entonces el Presidente sale a destiempo con vagas e insuficientes explicaciones. Brinda el primer mensaje aprovechando el recambio de gabinete, como si fuera muy importante para la población que Claudia Ruiz Massieu haga pucheros porque la echaron del gabinete o que Videgaray regresara a la primera fila del gobierno. Los vacacionistas tenían urgencias y debieron buscar rápidamente recursos de donde fueran para poder regresar a sus lugares de origen. Después se produjo un segundo mensaje dirigido a la Nación con motivo del Año Nuevo donde hizo referencia a la necesidad impostergable de liberar los precios de las gasolinas. Las afirmaciones del titular del ejecutivo a nadie convencieron.

¡Ya era tarde!

Las expresiones de ira se manifiestan en todo el país. Por las redes sociales se convoca a marchas y plantones. Se vandalizan tiendas de autoservicios de varias ciudades importantes y a la vista del mundo son saqueados los anaqueles de los electrodomésticos. Algunos acusan a los gobiernos locales y al federal de promover estos atracos con el objeto de infamar las protestas y menoscabar las legítimas demandas ciudadanas. Los rumores hacen su labor dispersora.

Para la mayor parte de la sociedad las razones presidenciales se topan con realidades contundentes que sin tener una vinculación directa con la medida, sí contribuyen al malestar social. Me refiero a las declaraciones del propio presidente realizadas hace poco más de 3 años cuando promovía las Reformas en el sentido de que los precios de los combustibles bajarían si se aprobaban los proyectos de ley por el poder legislativo; me refiero a los brutales desfalcos que hemos visto en Veracruz, en Chihuahua, en Quintana Roo, en Sonora, en Oaxaca; me refiero a los cínicos aumentos en la dieta de los diputados y senadores que se auto-asignan bonos vacacionales que la población juzga como insultantes abusos; me refiero a los salarios de los miembros de la Suprema Corte de la Nación, de los Consejeros del INE, de los directores del ISSSTE, del Seguro Social, de PEMEX; me refiero a todo ese rosario de gastos que aunque no están ligados al llamado “gasolinazo” aportan su granito al malestar ciudadano.

El Presidente no pude suponer que porque ofrece dos insulsos mensajes a una ciudadanía encrespada, todo se resolverá; Enrique Peña Nieto no puede ser tan pusilánime como para suponer que la gente se conformará con que se le diga que es necesaria el alza del combustible. Peña no es bien visto por la sociedad debido a su reiterado desprecio por las preocupaciones del pueblo al que se supone gobierna. La percepción generalizada es que Peña gobierna solo para un grupo de abusivos que se están llevando las mieles y los panales del país. Para muchos mexicanos Enrique Peña Nieto es un traidor, un corrupto, un miedoso, un cobarde que se pliega a los interese de los Estados Unidos. El llamado “gasolinazo” es un nuevo agravio a la sociedad que se viene a sumar a toda la serie de ineptitudes que ha mostrado desde su salida abrupta de las aulas de la Universidad Iberoamericana.

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El 11 de mayo de 2012, en plena campaña electoral por la presidencia, Enrique Peña Nieto fue recibido por estudiantes de la Universidad Iberoamericana con airados reclamos y protestas por su gobierno represor e insensible en el Estado de México.

Pero lo cierto es que Enrique Peña Nieto también es sordo e inmune a cualquier crítica. Su conducta es la de un político encerrado en un capelo donde nada ni nadie lo toca. Es la expresión más acabada de un político impopular que lo mantiene una tradición que se antoja anacrónica. El “gasolinazo” no hará mella en su conducta, pero agrega una raya más al derrumbe de un régimen que abona a la pobreza de una nación que no tiene por qué ser pobre.

 

ALFONSO BULLE GOYRI*Alfonso Bullé Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales