El “Acuerdo” de Peña Nieto: palabras en el vacío (+video)

La reunión verificada este lunes en Los Pinos para firmar el “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar” tiene toda la forma de las reuniones de emergencia que buscan enmascarar la realidad antes que en verdad hacer frente a una situación caótica.

Fue un ejercicio cansino de epifanía secular pues en vez de tratarse de una convocatoria amplia y de alcance nacional resultó que todos los presentes son miembros del círculo cercano del presidente de la república: secretarios de estado, empresarios consentidos por el régimen, secretarios de las centrales obreras y campesinas que brillan por su anquilosado charrismo.

Alfredo García Galindo/ A los 4 Vientos/Foto: Cristina Rodríguez-La Jornada

Así es. Qué otra cosa imaginar de una reunión de alto nivel que fue preparada a trompicones en unos cuantos días, convocando a esos miembros de “los sectores productivos del país” privilegiados por este régimen de amigotes. El resultado tenía que ser obvio: una colección ridícula de lugares comunes y adulaciones cruzadas entre quienes tomaron la palabra.

El presidente inicia su mensaje echándole flores al neoliberalismo que ha permitido “la estabilidad de las últimas tres décadas”, una “consolidación” que según él ha creado empleos y crecimiento económico, cuando en realidad se trata de trabajos malos, precarios e insuficientes. Después reitera su idea de la necesidad del incremento en el precio de las gasolinas para después reconocer “la apertura, disposición y gran sensibilidad social de todos los presentes”.

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José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Hacienda.

Pasa el micrófono al Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, quien se enfoca en convertir el lugar en una suerte de plataforma de campaña del presidente. Metas, objetivos, anhelos de lo bueno que puede ocurrir en el futuro, como si no fuera claro que las promesas de hace cinco años de su jefe fueron prácticamente las mismas, es decir, esas que ha fracasado en cumplir: empleo, mejora en la infraestructura, inversión pública eficiente, responsabilidad en el gasto.

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Alfonso Navarrete Prida, secretario de Trabajo y Previsión Social. Foto: Milenio

A continuación, el Secretario del Trabajo y Previsión social, Alfonso Navarrete Prida, utiliza el micrófono para hacer un papel parecido al de un pastor de una secta cuando habla del mesías: retórica de halagos a Enrique Peña Nieto como todo un líder, como un verdadero estadista. Poco faltó para que Navarrete soltara lágrimas de emoción frente al gran prócer que ve en su jefe, para luego arremeter contra los inconformes que se han pronunciado contra él en las calles y en los editoriales; porque el México que él ve es de maravillas en los indicadores de creación de empleos formales y de evolución del poder adquisitivo. Patético, en suma.

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Carlos Aceves del Olmo, lider nacional de la CTM

Después, el secretario de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Carlos Aceves del Olmo, soltando uno que otro mal ensayado llamado de atención porque las cosas se pueden hacer mejor para después rematar con el detalle de que “México no se va a destruir por un aumento en la gasolina”. En pocas palabras, el espaldarazo que consiste en la última frase pronunciada.

El resto de participantes en una línea semejante desde el papel que se espera de ellos, como el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Pablo Castañón Castañón, quien reitera una serie de sofismas sobre el noble y desinteresado papel del gran empresariado el cual, no obstante, debe darse a la tarea de “escuchar a la sociedad y ser incluyente”. Nada nuevo.

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El presidente Enrique Peña Nieto y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, durante la firma del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar (Foto: Presidencia de la República)

Finalmente, el presidente retoma el micrófono para las palabras de despedida: los presentes deben “hacer saber a la sociedad lo que han firmado”. En otras palabras, confirma lo que hasta para el propio Peña Nieto es evidente: fue una reunión de pretensiones nacionales en la que lo último presente es el México real, la gente que sufre la cotidianidad que esos poderosos han convertido en un suplicio.

El presidente lee para que el despropósito de lo que dice no lo haga balbucear: “este acuerdo atiende la preocupación de las familias mexicanas… hay que mantener una economía fuerte, dinámica y competitiva”; y el remate lleva el sello de la demagogia que en este sexenio se ha elevado hasta el cenit de lo grotesco:Debemos preservar lo que hemos alcanzado como nación”.

En fin que el mensaje de Peña en realidad fue el video de una soporífera reunión de trabajo que, sin embargo, es perfectamente compatible con lo que se esperaba de un régimen incapacitado para la empatía con sus propios gobernados.

Jamás en la historia reciente de México un sexenio había llegado al punto de sostenerse sólo con la fuerza de la necedad.

Los límites que ha traspasado sólo coinciden con el espíritu de alguien carente por completo de la autoridad moral mínimamente necesaria para ocupar tan alta responsabilidad. Se reitera lo que es cada vez más obvio: el presidente Enrique Peña Nieto es hoy el principal factor de inestabilidad en nuestro país.

ALFREDO GARCIA GALINDO 2Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.