VANGUARDIA: Crítica de la indiferencia pura, la protesta social y la juventud ensenadense

Ya en otras ocasiones he escrito sobre la indiferencia del pueblo ensenadense y la pobre cultura política de sus jóvenes, tan cómodos en su hogar mirando las infinitas series de Netflix, jugando videojuegos con sus amistades, navegando en el eterno mar del Internet, los memes y las redes sociales.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos / Foto: Rafael Blancas C. / Plex

Al joven ensenadense no le preocupan mucho los problemas del país porque la distancia lo hace pensarse más gabacho que mexicano, y como todavía no es un adulto independiente que tenga que pagar impuestos ni trabajar como esclavo para disfrutar una semana de vacaciones al año,  ¿para qué esforzarse en marchar o protestar? La expresión de la inconformidad puede esperar, y si es demasiado el enojo, una publicación en Facebook bastará.  

La indiferencia juvenil es una actitud preponderante en el abanico de conductas características del joven ensenadense. Lo hemos visto decenas de veces en el pasado, y ahora lo vemos nuevamente ante la protesta social contra el gasolinazo y la Ley Estatal del Agua. Basta ver los números de uno de los eventos de este fin de semana (Si ves que te afecta, ¿por qué no te mueves?), organizado por el grupo universitario Colectivo Estudiantil Cimarrón: 1084 invitados, 78 asistentes, 58 interesados.

En los actos públicos de los últimos días hemos visto a adultos manifestarse, hombres y mujeres mayores dispuestas a marchar, gritar por justicia y recabar firmas para revocar una ley que pretende privatizar el agua en el estado de Baja California. En contraparte, el eco de los jóvenes ha brillado por su ausencia. Tenemos, pues, un serio problema de cultura política y participación ciudadana juvenil entre las nuevas generaciones de Ensenada.

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Recolección de firmas en el Parque Revolución para derrogar la Ley Estatal del Agua, organizada por el grupo «Ciudadanos en Defensa del Agua»

No podemos hablar con seriedad sobre la indiferencia de los jóvenes ensenadenses sin introducir en la discusión un concepto clave: la identidad, que si bien para los académicos puede representar un concepto agotado en el Siglo XXI, pienso que es viable retomarlo. Siendo Ensenada una ciudad fronteriza, y ocupando uno de los puntos geográficos más alejados del centro de la república, es fácil comprender la mezcla identitaria que permea nuestra cultura ciudadana.

En otras palabras, tenemos rasgos identitarios gabachos de sobra, lo que puede traducirse en valores donde predomina el egolatrismo, el narcisismo, la valoración del aspecto físico y los bienes materiales sobre todas las cosas, una ceguera moral profunda —expresada en actitudes cínicas y una abundancia de un humor negro que suele deshumanizar hasta las más grandes atrocidades y tragedias—, el consumismo voraz y la ideología interiorizada del tardocapitalismo que se traduce en un pensamiento/praxis donde el estatus y el éxito profesional-económico son los elementos más importantes al momento de valorar a una persona —aspecto complementario de una visión donde el dinero ha reemplazado a Dios—.

Para profundizar más en esta discusión, los invito a leer un artículo previo que escribí en diciembre pasado que podrán encontrar aquí:

Pues bien, dejando claro que el joven ensenadense posee muchos rasgos gringos en su cosmovisión del mundo, ahora debemos enfocarnos en cómo esto se traduce en un “clasismo cultural” de gran impacto en nuestra comunidad juvenil. Si bien el “chavo” ensenadense posee una variedad abundante de tribus urbanas de donde escoger al momento de buscar pertenecer a un grupo, sorprende que muchas actitudes de la “subcultura fresa” se integren en todas ellas dando como resultado formas diversas de “lo fresa”.

Independiente de la heterogeneidad cultural, en particular suelen prevalecer aquellas actitudes que se integran en una conducta de oposición a todo acto público de protesta y una visión “delicada”, «ostentosa» y “quisquillosa” de las preferencias y gustos.

El millennial ensenadense tiene que seguir el libreto norteamericano de «lo hipster»: comer en los mejores lugares, comprar la ropa de moda en las tiendas más caras, hacerse el corte de cabello que le dicen los medios masivos, beberse el mejor vino, ir a las fiestas elitistas, tomarse la selfie nocturna en el Papas & Beer y otra más con el café mañanero de Starbucks—o con cualquier otro artículo que provea estatus social—, ir al “otro lado” una vez al mes (una práctica que seguramente disminuirá en los próximos meses por la crisis económica y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca).

Además (y aquí es donde está el núcleo del asunto) tiene que marcar distancia de su herencia mexicana —en particular de “lo chilango” y «lo naco»— en una especie de racismo malinchista, y por lo tanto de las crisis, problemas y acciones políticas que se desarrollan en todo el país. Para ello el joven ensenadense tiene a su disposición una gran cantidad de herramientas. Está la acostumbrada distracción omnipresente, consistente en ignorar por completo lo que ocurre con la ayuda de las múltiples pantallas, tiendas, restaurants y en sí todas las opciones que el estilo de vida consumista norteamericano le provee a los ciudadanos para olvidarse de los problemas a su alrededor.

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Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, Baja California y el resto de estados mexicanos fronterizos se verán envueltos en una discusión identitaria de grandes proporciones

Las herramientas para establecer límites entre lo “chilango” y lo ensenadense van más allá de no ver lo que afecta a todos, llegando a los planos discursivos. Un ejemplo claro de ello es el término “chairo”, un novedoso mecanismo de defensa que la juventud utiliza para justificar su no-involucramiento con el activismo político. Nadie quiere ser «chairo», porque fuera de la confusión que permea el uso de este vocablo —cuyo significado general refiere a jóvenes «de izquierda» que protestan contra el gobierno sin tener bases cayendo en múltiples contradicciones—, la visión común es que ser nombrado de esta manera es lo peor, la mayor condena juvenil, lo mismo que en la adolescencia representará el ser llamado “joto” o “puto”.

Al igual que en aquellos tiempos, la reacción ante dicho señalamiento es la misma: establecer distancia y reafirmar que no se es chairo a través de manifestar hasta el extremo una conducta opuesta a cualquier identificación de protesta contra el gobierno, en otras palabras mostrar indiferencia, asegurar que se pertenece a la masa que no le importa, demostrar que se está conforme con una actitud de silencio y pasividad frente a las injusticias sociales del país.

Claro, las prácticas de distanciamiento también se hacen presentes en las redes sociales no sólo con neologismos. Ante la abundancia de noticias sobre las protestas, lo más probable es que el joven ensenadense promedio incurrirá en compartir un meme, un video o un gif “auténtico e inegnioso” sobre los saqueos o el discurso presidencial mostrando con ello su cinismo, «ironía» y supuesta «astucia» —una consecuencia de la revolución digital es que hemos volcado toda nuestra creatividad hacia compartir publicaciones de Facebook en busca de recaudar la mayor cantidad de likes posibles—, o en su defecto, una opinión escueta criticando y justificando que «tenemos el gobierno que nos merecemos».

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Los memes, fuentes de humor y risas en redes sociales, pero también potenciadores de la banalización de la protesta social y la noramlización de la indiferencia

Para entonces el millennial ensenadense ya habrá ignorado o desconocerá la infinidad de publicaciones periodísticas que señalan la clara presencia de Grupos de Choque y acciones coordinadas para vandalizar los negocios en colonias populares y hacer reventar la protesta social; mucho menos sabrá o hablará de las notas sobre ciudadanos deteniendo a vándalos en las manifestaciones: hay que enfocarse en lo malo de la protesta, acumular razones para no moverse.

Tampoco pensará que la falta de educación —32 millones de mexicanos con rezago educativo— y la extendida pobreza nacional —55 millones— son una combinación perfecta para que las clases populares se dejen llevar por el saqueo de tiendas departamentales y oxxo’s en la primera oportunidad. Y bueno, mucho menos decidirá emprender acciones para resolver la problemática educativa o del hambre; por el contrario, tras los hechos en Nochixtlán de junio pasado habrá llamado “revoltosos” a los maestros de la CNTE, si es que se enteró de algo sobre ello.

No importarán los saqueos millonarios de gobernadores prófugos, ni la privatización de todos los recursos y sectores nacionales, ni los 30,000 desaparecidos ni los 200,000 muertos ni los 120 periodistas asesinados ni los sueldos y bonos millonarios de la clase política. No, el ensenadense se enfocará en el meme y el desprestigio de la lucha social, porque así lo educó la frontera: criticar y banalizar sin proponer ni construir es la primera norma, tener información a medias la segunda. Es más, probablemente no leerá esto, porque ha crecido en (y con) la red y sólo consume productos audiovisuales que no le tomen mucho de su valioso tiempo.

En fin, decíamos que lo que importa es marcar una distancia del centro del país y de la responsabilidad política de unirnos para actuar frente a las medidas abusivas del gobierno, y hay que hacerlo de la manera más “única y especial”: encontrar la mejor excusa, compartir la imagen más divertida, decir el comentario más gracioso, ironizar mejor que nadie, mostrar la mayor indiferencia y establecer una justificación absoluta que nos permita seguir viviendo cómodamente sin asumir un compromiso político con nada ni nadie, ni siquiera con nosotros mismos ni con nuestra falta de agua, nuestro incremento de los impuestos, nuestro pésimo alumbrado y bacheo público, y un largo, largo etcétera. 

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Medios periodísticos independientes reportaron la presencia de Grupos de Choque y acciones coordinadas para vandalizar los negocios en colonias populares durante los actos de protesta de esta semana. La violencia siempre engendra más violencia.

Lo decía hace unas horas en la publicación de un colega: la falta de cultura política entre los jóvenes de Ensenada provoca que cualquier excusa para no participar en la acción pública sea aceptada sin carraspear. Para ello los memes y contenidos de redes son de lo más útil para desprestigiar y desmoralizar lo que sea. Aclaro que no estoy en contra de los memes ni del humor en redes, pero sí de algunas funciones y usos que no aportan nada en la construcción de una cultura política juvenil, sobre todo cuando la expresión de la inconformidad termina enuna publicación y no sale a las calles.

No sería justo describir todo lo anterior sin mencionar que también existen jóvenes con una conciencia política activa, que si bien incurren en una o varias de las prácticas culturales gabachas antes descritas (la posmodernidad nos ha dotado a todos de una cultura inmensamente paradójica), también buscan maneras de expresar su descontento.

Ya sea manteniéndose informados y compartiendo noticias de medios independientes y contenidos críticos por las redes (romper el cerco informativo es crucial para avanzar como sociedad), haciendo llamados a la acción, participando en los actos de desobediencia civil, organizando a su comunidad, porponiendo nuevas maneras de hacer política, o dando la lucha desde la que sea su trinchera, hay un grupo considerable de ensenadenses jóvenes actuando para construir un cambio político desde ya. Más de estas juventudes son las que necesitamos: ciudadanos honestos, éticos, responsables, valientes e inteligentes.

UABC: la identidad cimarrona, la Sociedad de Alumnos y la falta de líderes universitarios

En UABC Valle Dorado hay una matrícula de 5,000 estudiantes, en UABC Sauzal unos 3,500 (datos estimados), entonces aquí las incógnitas: ¿dónde están todos esos miles de jóvenes —descontando a los que trabajan, a los foráneos que han regresado temporalmente a sus tierras por las vacaciones y a las lamentables pérdidas morales afiliadas a los partidos políticos?—. ¿Por qué no se mira su presencia en las marchas? ¿Por qué son tan pocos los jóvenes que participan en la defensa del agua con la que se bañan?

Díganme, ¿qué hace falta para que se muevan? Hay que retomar la reflexión política, que inicie el diálogo, pongamos los argumentos sobre la mesa, opinen sobre lo que los llevaría a participar, qué causas los motivaría ¿necesitan liderazgos? ¿Nuevas formas de acción que involucren las herramientas digitales? ¿Nuevos proyectos democráticos para reformar (de verdad) al país? ¿Qué hace falta para sacarlos del conformismo? Sabemos que las instituciones públicas nos han fallado, lo mismo que la democracia, así que nos urge formular nuevas maneras de intervenir en nuestra realidad política, ¡y para eso necesitamos de su creatividad, disposición y energía!

Una discusión que cobrará mucha fuerza en la frontera a partir de la llegada de Donald Trump al poder el 20 de enero del 2017 es particularmente la de la identidad. Como ya mencioné, en Ensenada padecemos de una agringación sustancial. ¿Qué pasará con eso ahora que el gobierno de los Estados Unidos nos está dando la espalda, el dólar está más caro que nunca y el gobierno municipal no para de darle las nalgas al turismo gabacho? Quizás ha llegado la hora de reformar nuestra forma de ser y hacer.

Al norteño se le ha relegado como a ningún otro mexicano, y también por eso la juventud siente que el país no le pertenece. Retomando la opinión de una antropóloga, hay que darnos cuenta de que nuestra nación es un México de muchos Méxicos, pues sólo aceptando nuestras diferencias y respetando las ajenas podremos iniciar un proceso de integración verdadero.  

En mi humilde opinión, también es momento de voltear al sur, hacia la abundancia natural y cultural que posee México y Latinoamérica. ¿Para qué? Para darnos cuenta de todo lo que tenemos como nación y defender nuestro país sintiendo que tanta abundancia nos pertenece, retomar un pensamiento que nos haga ver lo injusto de querernos arrebatar lo nuestro utilizando el poder público para negociar la venta de riquezas nacionales que no le pertecen a los políticos, sino a nosotros.

Quienes hayan viajado y conocido el sur del país ya sabrán a qué me refiero con riquezas naturales —manglares, cascadas, cenotes, playas, bosques, reservas—, y claro, el norte también tiene mucho que dar de sí. Es nuestra responsabilidad defender como mexicanos todo esto, porque nos pertenece, es nuestro, aún a pesar de que como norteños la historia del país nos haya dejado olvidados.

Hoy más que nunca necesitamos que los jóvenes ensenadenses reactiven su conciencia política y social y se organicen. Necesitamos que volteen a su alrededor y se empiecen a cuestionar por qué las cosas son como son, y que las razones que encuentren las comparen con las de otras personas que no piensen como ustedes y así iniciar la discusión crítica y racional que lleve a la organización y posteriormente a la acción. El punto en común ya lo tenemos: la injusticia y el secuestro político de nuestro futuro. Todos somos hijos de la globalización y de las políticas neoliberales mexicanas, y en estos momentos estamos sufriendo juntos sus consecuencias.

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Es irónico que sean nuestros padres quienes estén saliendo a marchar y manifestarse en contra de la privatización del agua y el petróleo, siendo que los más afectados por estas medidas seremos nosotros los jóvenes. Los adultos ya nos han puesto el ejemplo, nos toca a nosotros seguirlo.

El 2017 ha dado el banderazo para un estallido social de carácter nacional que ya se veía venir. Esta coyuntura nos llevará a uno de dos destinos, según logremos organizarnos y actuar al respecto:

1. La reconstrucción total de nuestro país a partir de un movimiento social que genere un proyecto nacional incluyente de los jóvenes y las clases populares.

2. La imposición de una dictadura militar (aquí la información: «Golpe de Estado Silencioso y Ley de Seguridad Interior») que acabará con muchas de nuestras garantías individuales y significará un Terrorismo de Estado sin precedentes en México.  

Este fin de semana Ensenada vivirá diferentes actos de protesta y desobediencia civil, así que el evento ya está ahí, sólo tienes que asistir, participar (o invitar a tus amigos en caso de no poder hacerlo) y comenzar a presionar al gobierno para que dé marcha atrás a tantas políticas públicas que sólo buscan el beneficio de unos cuantos a costa del pueblo mexicano. Cabe recordar que las marchas siempre son puntos de encuentro donde los participantes tienen la oportunidad de conocerse entre sí e iniciar el diálogo y la organización. La decisión está sobre la mesa, de ti depende nuestro provenir. No te pongas excusas, mejor «ponte verga». Ve y demuéstrame que estoy equivocado.